La mitocracia o “llunku”cracia
El cuestionamiento a la continuidad de Evo Morales como Presidente en diversas circunstancias supo a la impotencia de sus adversarios para derrotarlo electoralmente. Por ello cayeron y caen en evidentes contradicciones. Hay quienes, por ejemplo, hablan de “madurez democrática” cuando se...
El cuestionamiento a la continuidad de Evo Morales como Presidente en diversas circunstancias supo a la impotencia de sus adversarios para derrotarlo electoralmente. Por ello cayeron y caen en evidentes contradicciones. Hay quienes, por ejemplo, hablan de “madurez democrática” cuando se refieren a la continuidad de Angela Merkel como Canciller de Alemania, y no formulan la menor crítica. Sin embargo, califican de dictadura cuando esa continuidad se la plantea para un presidente latinoamericano, sea Evo Morales, Rafael Correa o Daniel Ortega.En el otro lado se hallan quienes tuvieron la oportunidad de ver plasmada la continuidad tras habilitar el mecanismo constitucional del referéndum, y perdieron. Sin embargo, hoy insisten en que se llegue a salidas anómalas y han vuelto a lanzar campañas con argumentos disparatados. Y si hay un justificativo pro repostulación de Evo que resulta más contraproducente que un autogol, ése es el de endiosar al caudillo. El agravante radica en que recurren a la sobrevaloración de Evo Morales las más importantes autoridades del Estado. El más reciente ejemplo constituyen las declaraciones de la presidenta de la Cámara de Diputados, Gabriela Montaño. “Nosotros somos sustituibles, pero el Presidente no. El presidente Evo no es sustituible porque su liderazgo se construyó desde la lucha”, expresó Montaño al congreso de mujeres campesinas del trópico cochabambino. La parlamentaria vertió luego otra frase de esas que se inscriben en la antología de los grandes adulaciones a Evo: “Evo Morales no es fácilmente sustituible, nace cada 100, cada 150 años en un país, por eso desde nuestro congreso debemos gritarle al Presidente: ¡Te necesitamos muchos años más, necesitamos de tu visión política!”. En la aún hipotética antología esa frase compite con las varias vertidas por el vicepresidente Álvaro García Linera. En esa serie destacan aquella en la que pedía a los militantes pensar en Evo antes de dormir. También suma la advertencia de que el sol ya no saldría si Evo no fuese a ser reelegido. Las frases de Montaño también tendrán una dura disputa con el ejercicio adulatorio con el que destacó el ex asesor presidencial Eusebio Gironda Cabrera. Baste recordar que Gironda llegó a escribir varios libros laudatorios de Evo. Uno de ellos lleva el título en aymara Jiliri Irpiri, es decir, “El Gran Conductor”. En el texto se realizan comparaciones entre Evo y el astrofísico inglés Stephen Hawking. Como remate aúlico en el final se muestra al Presidente usando un traje de astronauta. Frente a semejantes excesos habrá que recordar por qué factores destacó el candidato Evo Morales en 2002 y en 2005. Evo Morales era “el Evo” de las multitudes, era el Evo de los muchos “evos” que reclamaban su hora histórica. Y Evo encarnó a esos millones de “evos”, era un hombre del pueblo. Cuando su gobierno asumió medidas históricas, el apoyo creció y se ratificó en reelecciones aplastantes. Era una combinación de orgullo de nación y sencillez de clase lo que daba popularidad “al Evo”.¿De qué mente despistada salió la ocurrencia de ponerle aureola y aires de inefabilidad? Quienes van cayendo en ese error en el afán de apostar a la re postulación se equivocan. La mitocracia ha sido una de las peores formas de torcer procesos históricos. Peor aún, probablemente la idiosincrasia boliviana y el temperamento de las nuevas generaciones sean reactivos a los mitócratas. Los mitócratas, en términos populares, los llunkucratas, no le hacen bien a Evo, probablemente ni en lo íntimo. No le hacen bien a la propia perspectiva del MAS como partido, no le hacen bien al mismísimo proceso de cambio por el que ha apostado el país.Si quieren reabrir el debate de la re re reelección, deberán buscar mejores argumentos y propuestas. La meta de la continuidad, debería respaldarse por efectivas políticas públicas de empleo, salud y producción en tiempos de crisis, antes que en alabanzas.


