“La culpa es del técnico”

La aritmética básica y la “solución” clásica son los componentes centrales para enfrentar esta crisis. Sin embargo, se trata de una crisis cuya explicación también es harto conocida, pero ignorada casi por consenso, especialmente en las esferas dirigenciales.La aritmética básica del...

La aritmética básica y la “solución” clásica son los componentes centrales para enfrentar esta crisis. Sin embargo, se trata de una crisis cuya explicación también es harto conocida, pero ignorada casi por consenso, especialmente en las esferas dirigenciales.La aritmética básica del análisis que utilizan varios dirigentes apunta a los resultados que logró la Verde bajo la dirección de Julio César Baldivieso. En el debe y el haber apenas destaca la victoria que “el equipo de todos” logró contra Venezuela en noviembre de 2015. El resto es un rosario de ocho derrotas, seis de ellas oficiales y tres por goleada. La solución clásica que uno y otro de los nuevos conjurados plantea es despedir a Baldivieso. A la sumatoria de derrotas le añaden definiciones y calificativos contra el técnico. “La Verde necesita un DT de más jerarquía”, dijo el anterior miércoles el secretario general de la Federación Boliviana de Fútbol, Walter Torrico. Varios de sus pares dispararon contra Baldivieso antes y, mucho más, después de la eliminación de la Copa América 100. Sin pretender justificar o elogiar lo hecho por el actual técnico, habrá que recordar que no prometió resultados. Es más, Julio César adelantó incluso la inminencia de derrotas y goleadas a medida de que quienes no cumplían con lo prometido eran precisamente los dirigentes. A ello habrá que sumar que el plan, cuando asumió Baldivieso, era preparar las bases de una selección competitiva para los campeonatos que se realizarán dentro de cuatro y hasta ocho años.              Sin embargo, sucesivamente aquellas proyecciones se fueron diluyendo, aparecieron dirigentes criticones. Y luego aparecieron también las “clásicas” posturas que saben a sabotaje interno y conversaciones con un técnico más afín con la nueva rosca dirigencial. Un drama tan conocido que resulta sencillo predecir las siguientes escenas.    Aunque podríamos citar décadas de ejemplos, baste recordar que lo mismo sucedió en años recientes con Xavier Azkargorta, Gustavo Quinteros y Mauricio Soria. Curiosamente, cada uno de esos técnicos logró resultados positivos con los siguientes equipos a los que dirigieron. Y claro, destaca nítidamente el caso de Quinteros. Tras recibir una tormenta de críticas y epítetos en el país por los resultados que alcanzó con la selección boliviana, se fue a Ecuador. Hizo buena letra con los clubes a los que dirigió y luego ha desarrollado una campaña victoriosa con la selección de aquel país. Bastará recordar que debutó derrotando en casa a la argentina de Messi y luego cosechó una seguidilla de cuatro victorias. Y la explicación del fenómeno no esconde mayores misterios. El fútbol ecuatoriano hace ya 25 años ingresó en un profundo proceso de transformación de estructuras. Reorganizó las bases cuya esencia son, como siempre se recuerda, las divisiones juveniles y la organización de sólidas empresas deportivas. Mientras Bolivia entonces celebraba su clasificación al Mundial USA 94, Ecuador consolidaba sus estructuras. Con el tiempo, aquella celebración, sin el respaldo de procesos sostenidos de organización se volvió en añoranza. En cambio en el lado ecuatoriano, aquel proceso se convirtió en clasificaciones a mundiales y exportación sostenida de jugadores a las grandes ligas mundiales. El “milagro” ecuatoriano ha tenido símiles en Venezuela, Costa Rica, Panamá, etc. Es parte de la modernización acelerada de este deporte y sobre todo negocio que atrapa al planeta. Desafortunadamente, las estructuras del fútbol boliviano, dirigencias empecinadas en la mirada estrecha y constantes pugnas interna, siguen apostando a otra clase de milagro futbolero. Y mientras no llegue, escucharemos una y quién sabe cuántas veces que “la culpa es del técnico”.


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