Un cuarto de siglo de historia y el nuevo reto de El País eN

El continente observaba resignado los desplantes e imposturas de gobernantes como Fernando Collor de Mello, Carlos Salinas de Gortari, Carlos Menem y Alberto Fujimori. Las fuerzas de izquierda debieron replegarse hacia la marginalidad política o mutar hacia la socialdemocracia.  ...

Un cuarto de siglo de historia y el nuevo reto de El País eN
Un cuarto de siglo de historia y el nuevo reto de El País eN

El continente observaba resignado los desplantes e imposturas de gobernantes como Fernando Collor de Mello, Carlos Salinas de Gortari, Carlos Menem y Alberto Fujimori. Las fuerzas de izquierda debieron replegarse hacia la marginalidad política o mutar hacia la socialdemocracia.    La vida cotidiana, si bien se acercaba al vértigo tecnológico de nuestros días, aún reposaba sobre los moldes de aquel siglo. No había la internet, ni los teléfonos celulares (salvo para contados privilegiados en los países desarrollados) ni la televisión satelital.   Bolivia ingresaba en el sexto año de la era del sistema de partidos neoliberales que monopolizó para sí el poder durante dos décadas. Al escenario copado por Gonzalo Sánchez de Lozada, Jaime Paz y Hugo Bánzer se habían sumado las figuras de Max Fernández y Carlos Palenque. Este último traía consigo el germen que maduraría hasta desatar la próxima eclosión social boliviana.       En el pueblo se hallaba fresco el trauma de la hiperinflación y se acrecentaba el de una recesión que duraría tres lustros. Se habían desatado los éxodos a Argentina y España y se mantenía uno, ya acostumbrado, hacia EEUU. Empezaba a multiplicarse el empleo informal y la diáspora de la relocalización gestaba colonizadores, gremialistas y los sindicatos cocaleros del Chapare.   Cuando El País nació, Bolivia se hallaba físicamente aún desvinculada de su entorno, y, salvo el eje central, rudimentariamente articulada en su interior. Era un tapón geográfico para el subcontinente y la idea de los corredores interoceánicos resultaba poco menos que un sueño.     El paraíso, el paisaje sempiterno de una Tarija centenaria sobrevivía casi intacto, en medio de una institucionalidad casi marginal. Tarija vivía virtualmente ajena a su potencial gasífero, acunando su voluntad autonomista, sus siempre creativas pulsiones artísticas y la reflexión sobre su identidad. Virtualmente todo viaje resultaba una odisea. Salir hacia las ciudades del eje central implicaba por lo menos 24 horas de travesía, visitar Bermejo o El Chaco, apenas algunas menos. Por ello la existencia de medios de información con identidad regional constituía entonces un aporte con efectos multiplicadores en lo social, en lo político y en lo económico. Cuando Jaime Borda, Fernando del Carpio, René Caso Borda y Gastón Vaca Guzmán asumieron ese reto hicieron historia, y de la buena. La memoria nos muestra cómo entonces como mundo, país y región nos encaminábamos paulatinamente a cambios en algunos casos absolutamente inimaginables. La lista de sorpresas que da la vida resulta sobrecogedora. Llegó el dolor de pesadillas como las invasiones a Irak, los atentados del 11 de septiembre o la consumación del cambio climático. Emergió nuestra indignación ante la asunción democrática de Hugo Banzer al poder o la consumación del saqueo “capitalizador” de las más caras riquezas nacionales. Llegó el nuevo siglo con el cada vez más acelerado vértigo que conmueve las estructuras del planeta y de nuestra tierra. Y El País fue mensajero, cronista e intermediario de la reflexión tarijeña. Quienes sostuvieron esa trascendencia de tiempos y espacios hicieron y, literalmente, escribieron la historia.       La posta la heredamos quienes en este lustro asumimos un caro reto: hacer de El País y su Expansión Nacional el medio tarijeño del siglo XXI. Es El País eN de los tiempos de la disputa entre la Bolivia de las reinvindicaciones y la neo reacción antinacional. Es El País eN de la Tarija embarcada hacia su incorporación a la modernidad y la preservación de su identidad. Es El País eN del gran desafío tecnológico y la revolución de los medios de comunicación. Y, tras 25 años de esfuerzos y hasta sacrificios acumulados, nuestra voluntad se mantiene incólume. Pasó un cuarto, y es sólo el principio. Haremos y escribiremos historia, ¡NI UN PASO ATRÁS!


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