La muerte de las papas
Un mes antes, cuenta mi recuerdo de niño, habíamos transportado, también en mulas y burros y durante una jornada, excremento de oveja hasta “Fitu”, donde está hasta hoy el terreno de siembra. El abono es el primer alimento de las semillas; sin él, corren el riesgo de morirse...
Un mes antes, cuenta mi recuerdo de niño, habíamos transportado, también en mulas y burros y durante una jornada, excremento de oveja hasta “Fitu”, donde está hasta hoy el terreno de siembra. El abono es el primer alimento de las semillas; sin él, corren el riesgo de morirse asfixiadas debajo de la tierra. Aquel primer martes de septiembre, Natalio, yatiri por designio del Tata Santiago, pidió permiso a la Pachamama para depositar semillas en su vientre. Apenas comenzó la breve ceremonia, llegaron los vecinos sin ser convocados, cada uno con sus liuqanas, picotas en forma de cimitarra, pero con la hoja plana sin filo y con una sola punta, y un mango corvo de tronco para facilitar su manipulación. Entre broma y broma, el ayni (trabajo comunitario) hacía llevadero y divertido la dura labor. Los hombres cavaban los surcos y las mujeres y los niños nos cargamos un aguayo en forma de morral para llevar el abono y echar sobre cada semilla media lata de sardina de excremento de oveja y luego, la tierra. Primero sembramos la papa Imilla, sí, esa que tiene muchos “ojitos”. Pero la Imilla no era una sola, recuerda a sus 85 años Albina, mi sabia tía. “Unas eran más distinguidas que otras”. La Yana Imilla no quería mezclarse con la Yuraj Imilla. La Alqja Imilla tampoco quería germinar en el mismo lecho de la Wuaycha Imilla. La papa Zulimana despertaba un cariño especial entre los agricultores porque era más pulposa; en cambio, la papa “Zapallo” no necesitaba ser pelada para ser cocida, era insuperable con cáscara como papahuayqu. Pero la más disputada por los niños, a la hora de las comidas, era la Runtu papa por su redondez diminuta y su pulpa color yema de huevo.En sabor no se quedaba atrás la papa Alkjamari, competía con el Añawuayo. Aunque para Albina, era más rica la papa “Toni”, que tenía forma ovalada; el compadre Saturnino defendía la honorabilidad de la papa “Chito”, que se distinguía con facilidad por su forma aplanada.La Achaqana era algo amargo al principio, dulce al final y había que reservar para ella una parte del terreno. La papa Aqjawuiri también tenía su lugar, si no producía un año, era extrañada por las sopas. En cambio, la papa Quchiaca despertaba poca simpatía por su forma de excremento de chancho. Sin embargo, si su pinta engañaba, su sabor embrujaba.La Luquji papa era la más pintona, especialmente el Yuraj Luquji despertaba miradas celosas de la Luquji morada, que para mi vecina doña Venancia era la más rica. En cambio, el Choqjo Luquji no necesitaba mucha propaganda, se abría paso solita en las fiestas. La “Runa” papa se distinguía por su porte, y era llamada “Sonso Runa” por su gran tamaño algo desproporcionado. Así como entre las imillas, entre los runas había disputas entre el oqje runa y el juchuy runa. Se peleaban por satisfacer los gustos. La Zaqjampaya era genial para las papas fritas en sopa de maní, tanto el juchuy como el jatun zaqjampaya. Pero si querías comida en tiempo récord, tenías que sembrar las papas Waca zapato o la “chayanteña”. Cocían en menos que cante el chiwuanqu en tiempo de lluvia. Terminada la siembra, corrieron la comida y la chicha, y los chistes contados en quechua subían de tono para que la papa germine sonriente, florezca y llegue una cosecha abundante. Ya en mi adolescencia comprendí por qué mi abuelo daba un beso a cada papa antes de depositarla en el vientre de la Madre Tierra. Siembras con amor y la naturaleza te responde con mucha producción. En otro martes reciente, me enteré de la “papa holandesa”, pero no tuve el honor de conocerla ni de sembrarla. Y ese mismo día, mi sabia tía me dijo que la Pachamama está hace rato de luto porque la variedad de papas va muriendo. *es periodista.


