Pederastas y la Iglesia
En esa carta apostólica, en forma de “motu proprio”, intitulada “Como una madre amorosa”, el Papa señaló que la Iglesia “ama a todos sus hijos, pero cuida y protege con especial afecto a los más débiles y sin defensa”.No se trata de un decreto que modifique un “proceso penal,...
En esa carta apostólica, en forma de “motu proprio”, intitulada “Como una madre amorosa”, el Papa señaló que la Iglesia “ama a todos sus hijos, pero cuida y protege con especial afecto a los más débiles y sin defensa”.No se trata de un decreto que modifique un “proceso penal, porque no se trata de un ‘delito’ cometido”, indicó en un comunicado el portavoz del Vaticano, el padre Federico Lombardi, sino de la “actualización” de una disposición del derecho canónico que ya existe.En esta carta apostólica, el Papa explicó que para la remoción, en el caso de abuso de menores, “es suficiente que la falta de diligencia sea grave”, mientras que en otros casos se requiere una falta de diligencia “muy grave”, precisó Lombardi, citado por la agencia AFP.La mayoría de los pederastas son pedófilos, aunque un pedófilo no siempre es también un pederasta. El pedófilo se siente atraído erótica o sexualmente por los niños y niñas, e incluso puede mantener relaciones con ellos, pero cuando abusa es cuando se le llama pederasta.Ahora bien, los casos de abuso sexual en la Iglesia Católica involucran a sacerdotes y a otros miembros del clero en contra de menores de edad, principalmente niños de entre 11 y 14 años de edad.Muchos casos de pederastia salieron a la luz pública varios años después de ocurridos los hechos y las demandas han alcanzado a la jerarquía católica, cuyos miembros –en muchas ocasiones– obstaculizan las investigaciones al no reportar los delitos y, de hecho, encubrir a sacerdotes pederastas, moviéndolos de parroquia para evitar su detención y procesamiento.A partir de la segunda mitad del siglo 20 se ha incrementado el número de denuncias por abuso sexual infantil por parte de religiosos católicos, y en los últimos años han cobrado especial relevancia los casos de Irlanda, Estados Unidos, México y Alemania, donde las autoridades locales han encontrado culpables a ciento de sacerdotes acusados de pedofilia.En ese contexto, el documento aprobado por Francisco establece que los obispos o cardenales que por negligencia “hayan omitido actos que hayan provocado daños a otros” y no denuncien los casos de abusos sexuales de miembros del clero a menores y adultos vulnerables, “pueden ser legítimamente retirados de su cargo”.Hasta ahora, un obispo podía ser retirado sólo si hubiera fallado objetivamente de manera muy grave a sus responsabilidades, pero el motu proprio del Papa advierte que, en el caso de que se trate de abuso a menores, “es suficiente que el fallo sea grave”.Por lo tanto, los pastores, sobre todo los obispos, deben mostrar una diligencia especial en la protección de los más débiles, entre las personas que se le encomiendan. Ahora bien, los obispos acusados podrán defenderse de las inculpaciones de negligencia ante los dicasterios competentes, pero una vez tomada la decisión y si el obispo se niega a presentar su renuncia en un plazo de 15 días, el Sumo Pontífice podrá destituirlo.Uno de los países donde más se denunciaron casos de pederastia entre sacerdotes católicos es México. Y desde 1994, el ex sacerdote Alberto Athié Gallo no cesa en su lucha en contra de la pederastia en la Iglesia Católica, tras que una víctima del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, le contara su historia.En una entrevista con el medio mexicano Sin Embargo, el ex sacerdote sostiene que México tiene a los pederastas más crueles de la Iglesia y asegura que todos están impunes y libres “gracias a un mecanismo protector diseñado desde la Santa Sede, lo que les permite encontrar en el clero el lugar perfecto para violar niños”.En ese sentido, en varios países donde han estallado casos de curas pederastas en los últimos años, predomina el sentimiento de decepción entre las víctimas, que estiman que la Iglesia Católica aún tiene mucho por hacer para apartar y castigar a los culpables. Por eso es trascendente y plausible la decisión del papa Francisco de allanar un castigo firme y justo a los curas pederastas y a sus encubridores, sean estos obispos o cardenales. Sin duda, es un paso fundamental en la lucha contra la impunidad en la Iglesia Católica.


