Se fue el más grande
El triple campeón nació el 17 de enero de 1942 en Louisville, Kentucky (Estados Unidos) y fue bautizado como Cassius Clay, pero a su juicio ese nombre simbolizaba la esclavitud de sus ancestros. Retirado del boxeo desde 1981, luchó contra el Parkinson desde 1984, cuando le fue diagnosticada la...
El triple campeón nació el 17 de enero de 1942 en Louisville, Kentucky (Estados Unidos) y fue bautizado como Cassius Clay, pero a su juicio ese nombre simbolizaba la esclavitud de sus ancestros. Retirado del boxeo desde 1981, luchó contra el Parkinson desde 1984, cuando le fue diagnosticada la terrible enfermedad.Las crónicas sobre el mítico deportista señalan que en 1960, a los 18 años de edad, un negro altivo y rebelde, aunque patán y pendenciero, ganaba la medalla de oro de boxeo, categoría de semipesados, en los Juegos Olímpicos de Roma. Clay ya iba en camino a convertirse en el más discutido y discutible campeón de todos los tiempos y deportes.Muchos años después, otro campeón mundial, Larry Holmes, diría, según rememora el español Santiago Navajas: “Es duro ser negro. ¿Ha sido usted negro alguna vez? Recuerdo que yo lo fui, cuando era pobre”. Y Clay no dejó de ser negro ni un segundo de su vida. Un negro consciente de serlo en mitad de un país segregacionista y en plena eclosión del movimiento de los derechos civiles. En ese contexto, el 25 de febrero de 1964, derrotó en Miami a Sonny Liston, entonces campeón de los pesos pesados. El público no acudió en masa a presenciar el combate puesto que la victoria de Liston se daba por descontada, pero en el séptimo asalto el campeón no salió de su rincón y Clay era el nuevo campeón del mundo.En mitad de esa vorágine política, Clay escogió el camino de la nación musulmana, equivalente negro del Ku Klux Klan, y al día siguiente de su victoria sobre Liston pasó a llamarse Muhammad Ali. Desde entonces se convirtió en una gran bestia negra para los blancos y en un perro de presa temido por los boxeadores negros que no se plegaban a las doctrinas de supremacía negra y enfrentamiento civil que preconizaba la hermandad islámica. Ya como Muhammad Ali, aquel muchacho negro de Louisville sería admirado incluso en los lugares más recónditos del mundo, no sólo por su elegante y exquisito boxeo, sino como un símbolo de resistencia contra el segregacionismo, por sus mensajes de libertad, paz e igualdad.Y para dejar constancia de su compromiso con la libertad y su lucha contra el racismo, el triple campeón espetó en una oportunidad: “Cassius Clay es el nombre de un esclavo. No lo escogí, no lo quería. Yo soy Muhammad Ali, un hombre libre”.A finales de 1967 e involucrado en la Guerra de Vietnam, Estados Unidos exigió que Ali se integrara a las filas del Ejército para combatir a los comunistas vietnamitas, a lo que el campeón se negó. “Ningún vietcong me ha llamado nigger (término peyorativo para una persona negra)”, fue la famosa respuesta de Ali para justificar su negativa.“¿Por qué me piden ponerme un uniforme e ir a 10.000 millas de casa (a Vietnam) y arrojar bombas y tirar balas a gente de piel oscura, mientras los negros de Louisville son tratados como perros y se les niegan los derechos humanos más simples?”, increpó Ali.“No voy a ir a 10.000 millas de aquí y dar la cara para ayudar a asesinar y quemar a otra pobre nación, simplemente para continuar la dominación de los esclavistas blancos”, agregó el campeón. Como castigo, la comisión de boxeo profesional lo despojó del título de campeón del mundo y los tribunales la licencia para boxear. El campeón fue condenado al ostracismo. Aunque cuando regresó era otro, protagonizó sus combates míticos como su derrota ante Joe Frazier, en marzo de 1971, o su histórico triunfo en 1974 por nocaut sobre George Foreman, en Zaire (República Democrática del Congo), donde recobró el título mundial de los pesos pesados.Además, muchos años antes de que Estados Unidos generalizara a los musulmanes como potenciales terroristas, Ali reivindicó a la nación musulmana. “Soy musulmán, soy boxeador, un hombre que busca la verdad. No estaría representando al Islam si fuese un terrorista: Islam es paz”, clamó a los cuatro vientos.Así era Muhammad Ali, quien falleció a la edad de 74 años. Su legado fortaleció la lucha contra la segregación y en vida acuñó el epitafio para su tumba: “Aquí yace el más grande de todos los tiempos”, y no se equivocó.


