Diálogo en Venezuela
La agencia Notimex reportó que el texto fue adoptado tras un prolongado debate y una negociación entre 29 países que apoyaron un proyecto presentado por México y copatrocinado por Argentina, Estados Unidos, Barbados y Perú, el cual fue rechazado inicialmente por Venezuela, Nicaragua y...
La agencia Notimex reportó que el texto fue adoptado tras un prolongado debate y una negociación entre 29 países que apoyaron un proyecto presentado por México y copatrocinado por Argentina, Estados Unidos, Barbados y Perú, el cual fue rechazado inicialmente por Venezuela, Nicaragua y Bolivia.De hecho, la sesión extraordinaria del Consejo Permanente había sido convocada por Argentina para discutir iniciativas de diálogo interno para superar la crisis política y económica venezolana, pero sin responder a la solicitud de Almagro para que entre el 10 y 20 de junio tenga lugar una reunión extraordinaria apelando al artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana.Es por eso que Almagro no asistió a la sesión de este miércoles, lo que puso en evidencia una clara diferencia de enfoque respecto de la situación venezolana entre el secretario general y los países de la OEA.Ni siquiera Estados Unidos propuso discutir la iniciativa del uruguayo y muchos países caribeños criticaron a Almagro por su agresivo intercambio epistolar con el presidente venezolano Nicolás Maduro.Es más, consciente de que su posición de aplicar a Venezuela el artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana no era compartida por los países miembros de la OEA, Almagro no participó de la sesión sino que permaneció en su despacho, donde recibió al dirigente opositor venezolano Carlos Vecchio.Y en el marco de las buenas relaciones que mantiene con la oposición venezolana, Almagro recibió de Vecchio el acuerdo asumido el martes por la mayoría opositora que controla la Asamblea Nacional en favor de invocar la Carta Democrática. Sin embargo, el respaldo unánime de la OEA al diálogo entre el gobierno y la oposición, desnudó que la dura posición de Almagro respecto del gobierno de Maduro, más que recoger una preocupación para resguardar la democracia se nutrió de las falaces argumentaciones de la contrarrevolución venezolana.“Yo creo que el uso de la Carta Democrática está inflado. Creemos que el diálogo entre las partes es la mejor manera para cuadrar lo que los propios venezolanos le dieron a la dirigencia política: a Maduro la presidencia del país y a la oposición (con mayoría) el mando legislativo”, señaló la canciller argentina, Susana Malcorra.Previamente, el embajador venezolano Bernardo Álvarez expresó su sorpresa de que siendo su país el involucrado no se le hubiera tomado en cuenta inicialmente para que pueda argumentar sobre la resolución que iba a ser discutida.Álvarez denunció la existencia de “la más brutal campaña mediática que cualquiera pueda imaginar” y pidió que, si el propósito era apoyar a Venezuela, se hiciera una declaración de apoyo a sus autoridades, a su gobierno legítimo y constitucional. En ese contexto, el Consejo Permanente aprobó la resolución política que ofreció sus oficios para identificar algún curso de acción que coadyuve a la búsqueda de soluciones mediante un diálogo abierto e incluyente entre todos los actores políticos y sociales.Ahora bien, según Ángel Guerra, analista de La Jornada de México, la invocación a la Carta Democrática por parte de Almagro fue algo así como la continuación del hostigamiento al que Washington ha sometido a Caracas desde el frustrado golpe de Estado de abril de 2002.Esta estrategia incluye la dirección y organización de la oposición, la planificación de sus actividades por el Comando Sur y las inmisericordes campaña mediática y guerra económica. Súmesele el cínico decreto de Obama que declara a Venezuela como un grave peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos.Sin embargo, el Consejo Permanente de la OEA por unanimidad asumió que el diálogo es el único camino para que Venezuela supere su crisis, una señal que ratifica que nuestros países apuestan por la democracia, más allá de las diferencias o afinidades políticas entre sus gobernantes.Y el consenso alcanzado respecto de Venezuela, no sólo permitió allanar el diálogo entre oficialistas y opositores, sino que desveló la enorme prisa de Almagro por congraciarse con Washington y con la extrema derecha venezolana.


