Una fiesta a la que no están invitados
La explosión de mensajes difundidos por las campañas electorales en esta etapa preelectoral ha contaminado el sentido de la votación del domingo próximo. Por una parte, la identificación mecánica del voto por el Sí con la reelección de Evo Morales parte del supuesto de que dentro de...
La explosión de mensajes difundidos por las campañas electorales en esta etapa preelectoral ha contaminado el sentido de la votación del domingo próximo. Por una parte, la identificación mecánica del voto por el Sí con la reelección de Evo Morales parte del supuesto de que dentro de cuatro años el Presidente seguirá gozando de la misma popularidad y que las condiciones económicas y políticas del país no variarán.Por otra, la asociación del No con el retorno automático de personajes ligados al pasado neoliberal carece de sentido, porque muchos de ellos –ojalá todos- deben dar un paso al costado para dejar espacio a nuevos liderazgos y nuevas iniciativas. De igual manera, quienes han estado insistiendo en el escenario electoral y no han logrado el mínimo apoyo para posicionarse como competencia política, no pueden pensar que el voto por el No supone una victoria para ellos y que ésta será su oportunidad de revertir la situación.Otro factor de distorsión del voto proviene de la vinculación deliberada de la campaña por el Sí con la proliferación de obras de infraestructura, una exitosa gestión de gobierno, bonanza económica y estabilidad macroeconómica en el país, deslizando el mensaje subrepticio de que si se vota por el NO esta dinámica se interrumpirá y ya no podrá acceder a los beneficios actuales de las políticas públicas, cuando lo cierto es que el actual Gobierno se encuentra apenas comenzando su tercera gestión, y el resultado del referendo no tendría por qué afectar en el decurso de las obras respecto a ningún sector, vote o no vote a favor.No están fuera de estas tergiversaciones los propulsores del No, ya que muchos de ellos asocian el voto por el Sí con la tiranía y el autoritarismo del Gobierno escondido detrás de su empeño por permanecer en el poder. Ni lo uno ni lo otro son argumentos ciertos.Muy pocos o casi nadie debate en el país sobre el verdadero tema de la consulta, sobre las ventajas o desventajas de modificar el artículo 168 de la Constitución, qué significa cambiar las reglas del juego para la competencia electoral y, menos aún, se consideran los efectos en la democracia boliviana, pues de modificarse la Constitución se estaría apostando a que cualquier individuo que logre consolidarse en el poder podría optar a tres gestiones gubernamentales seguidas, es decir, permanecer 15 años en la presidencia.Lo peor de todo es que los actores políticos se sienten los grandes protagonistas de este evento electoral. Por un lado el Presidente y Vicepresidente y, por otro, líderes opositores. Pero, en realidad, no vamos a ir elegir ni a votar por nadie, vamos a decidir sobre la segunda reelección consecutiva.Los argumentos contra la reelección rondan alrededor de la necesidad de pensar la democracia como un “lugar vacío”, un espacio que no es propiedad de nadie –contrario al estilo monárquico-, sino aquel que puede ser ocupado por distintos personajes y opciones políticas. Además de que la alternancia facilita la fiscalización, la rendición de cuentas y la transparencia pública. En cambio, los argumentos a favor de la reelección ampliada se basan en que la presencia de líderes únicos e insustituibles debe ser tomada en cuenta, ya que estos personajes son necesarios en el poder para completar procesos históricos.Sin embargo, hay que volver a recalcar que al baile electoral del domingo no están invitados los actores.*es socióloga


