Desarrollo alternativo y complementario
Hoy Bolivia es productor importante de ese alucinógeno que acompañó a los jóvenes rebeldes de tres o cuatro décadas atrás, así pues, nos damos cuenta que la socarronería de esos analistas estaba bien dirigida. Nuestro país entró a la estadística mundial, se convirtió prácticamente en...
Hoy Bolivia es productor importante de ese alucinógeno que acompañó a los jóvenes rebeldes de tres o cuatro décadas atrás, así pues, nos damos cuenta que la socarronería de esos analistas estaba bien dirigida. Nuestro país entró a la estadística mundial, se convirtió prácticamente en el tercer productor mundial de marihuana, sólo después de Afganistan y Marruecos. Hemos entrado, de la mano de la marihuana, a una lista nada confortable de países dedicados a la producción de ese producto ilícito. Estar en esa lista y en esa posición internacional no nos honra, al contrario, debería ser tema de preocupación nacional. ¿Es este el proceso de cambio? ¿De cambio de alucinógeno? Parece que de estos temas no se quiere hablar. Pero se equivocaban quienes decían que el desarrollo alternativo implicaba la sustitución de la coca por marihuana, pues esta última no sustituyó a la coca, sino que se produce junto a la “hoja sagrada”. La ley admite que se planten 12.000 hectáreas de coca, supuestamente para abastecer las necesidades del acullico, pero en 2015 los datos expresan que tenemos sembradas cerca de 28.000 hectáreas de ese producto. Los cocaleros exigen que el monto legal se amplíe a las 20.000 hectáreas. Y, como sabemos, toda la producción excedentaria, si no es una cantidad mayor, es insumo para la elaboración de pasta base y de clorhidrato de cocaína. Es más, en el pasado se entendía que esas 12.000 hectáreas implicaban cierta productividad y con esa producción se abastecía el mercado interno del acullico, pero en los últimos años la productividad por hectárea ha subido, de modo que los montos de hoja de coca destinados al narcotráfico son mucho más grandes que en el pasado. Es que el florecimiento de los negocios del Chapare, sus construcciones, camiones o tráilers no se explican por el palmito o el plátano, viene de otras fuentes no necesariamente santas. No es novedad que casi todos los municipios cercanos a los Yungas hayan erradicado la naranja, la mandarina y la toronja, ya ni siquiera el café es rentable en esa geografía, todo eso simplemente porque hubo desarrollo alternativo: coca en vez de cítricos. La Asunta también se ha sumado a la petición de ser zona tradicional y está llena de plantaciones de coca. Los cítricos que se venden en los Yungas vienen de otros lugares. Yapacaní reclama cada vez más su derecho a sembrar coca, pues eso les ofrecían en las campañas electorales. Esa población ahora es uno de los núcleos ya no sólo de la coca, sino también del circuito coca-cocaína. En el pasado había un silencio cínico en el país, pues se miraba de reojo a otro lado para no reconocer los peligros de la coca. Se decía que Bolivia era sólo un país de tránsito de la cocaína, pero ahora no sólo es lugar de tránsito sino de producción de clorhidrato. En estos últimos años son cada vez mayores los hallazgos de factorías que dejan muy chica la dimensión de lo hallado años atrás en Huanchaca, en el parque Noel Kempf. Hoy día las ejecuciones por ajuste de cuentas entre narcos es el pan de cada día. El tamaño de las factorías de cocaína encontradas en el oriente hablan de una producción industrial creciente de cocaína, de centenas de toneladas, con una presencia cada vez mayor de mafias colombianas. Pero, no sólo en el oriente se produce lo ilícito, también en El Alto es cada vez más cotidiano encontrar producción de cocaína, pero no en grandes factorías, sino en pequeños “emprendimientos”, pues el negocio se ha democratizado en ese lugar donde el Estado no existe. Hay no pocos pueblos originarios que se han sumado al circuito ilegal. Bolivia está jugando con fuego al no reconocer que la producción ilícita de cocaína y de marihuana es cada vez mayor. La respuesta no puede ser la permisividad estatal.*es economista y analista


