La escuela abre sus puertas y sale a la comunidad

Muchas unidades educativas abrieron sus puertas a la presencia, no sólo de los padres de familia, sino también de los diferentes actores que forman parte de la comunidad que rodea a la escuela, como la Junta de Vecinos, la Alcaldía, la Policía y otras instituciones para planificar el Proyecto...

Muchas unidades educativas abrieron sus puertas a la presencia, no sólo de los padres de familia, sino también de los diferentes actores que forman parte de la comunidad que rodea a la escuela, como la Junta de Vecinos, la Alcaldía, la Policía y otras instituciones para planificar el Proyecto Socioproductivo de la Unidad Educativa.

Este proyecto –según el Reglamento de Gestión Curricular del Subsistema de Educación Regular– es “una estrategia metodológica que vincula a la escuela con el contexto local, articulando la teoría con la práctica en la búsqueda a diferentes soluciones de problemas” que afectan o amenazan a la comunidad.

En este sentido, es necesario buscar soluciones colectivamente, cambiando la mentalidad individualista por una mentalidad colectiva fortalecida, corresponsable y solidaria, en base a roles definidos para cada actor educativo sensibilizado para preocuparse por la escuela y, desde la escuela, por su comunidad.

Por ejemplo, la experiencia desarrollada por la Unidad Educativa (UE) Pedro Poveda, ubicada en la zona de Villa Armonía de la ciudad de La Paz, según el equipo de sistematización conformado por dos docentes, identifican el principal problema del barrio cuando los estudiantes de secundaria, junto a sus maestros, recorren la zona dialogando con los vecinos, es decir, oyendo y escuchando. De esta manera, maestros, estudiantes y vecinos priorizan encarar el problema del deslizamiento de tierras que constantemente amenaza a esa comunidad.

A partir de aquello denominan el proyecto socioproductivo de esa unidad educativa como “Tierra segura, comunidad segura” y planifican sus actividades con talleres dirigidos por profesionales que recomiendan los cuidados que se deben asumir en casos de derrumbe y sobre la prevención de deslizamientos. Para la ejecución de estos talleres la escuela abre sus puertas a la comunidad como un centro de orientación y prevención.

Por ejemplo, los estudiantes del nivel secundario ampliaron sus conocimientos con el estudio de suelos y sobre el uso de los materiales más apropiados para la construcción de viviendas. Con la orientación del maestro de Artes Plásticas elaboraron maquetas de viviendas prefabricadas, útiles en casos de deslizamiento.

Esta actividad fue reforzada desde el área de matemáticas con el conocimiento de expresiones algebraicas para el estudio de suelos. Además, esta experiencia también fortaleció las potencialidades de los estudiantes para que en un futuro puedan optar por carreras universitarias como arquitectura o la ingeniería.

En otra experiencia realizada por la UE República de Guatemala, de la zona Norte de la sede de gobierno, la educación comunitaria se vio fortalecida con la puesta en práctica de las “aulas abiertas”. Los docentes, por turno, realizaban una clase modelo para sus colegas del establecimiento, cultivando la crítica constructiva y el intercambio de estrategias metodológicas que luego eran socializadas en los “círculos de reflexión”.

Estas aulas se abrieron mucho más cuando pasaron a ser “aulas públicas”, porque las clases modelo incorporaron a los padres de familia para lograr un mayor involucramiento con el aprendizaje de sus hijos, compartiendo luego diferentes criterios con los maestros para mejorar los procesos educativos.

Estas experiencias rompen con los moldes de una educación bancaria que, para Paulo Freire, representa una relación vertical: maestro-estudiante, donde el maestro es el dueño del conocimiento y no toma en cuenta las experiencias del estudiante. En este sentido, la educación bancaria menos aún toma en cuenta el contexto de la escuela y de otros participantes como los padres de familia y las instituciones que la rodean.

“Comprender esta relación significa apostar por una opción pedagógica y filosófica donde los niveles de poder disminuyen y nace un sentimiento de corresponsabilidad; basado en la libertad de pensamiento y acción dentro de una espacio de comunicación fundado en el diálogo y en el respeto, compartiendo objetivos comunes y criticando este mundo para crear otro con mayor libertad”; expresó Freire, no para hacer lo que cada quien quiere, sino para construir entre todos lo que necesitamos.

Estas experiencias fortalecen la educación comunitaria, donde la escuela abre sus puertas a la comunidad como un gran paso para ser parte de ella y alcanzar procesos educativos que trasciendan a la familia y a la misma comunidad, para aprender de ella y con ella a través del diálogo con sus actores.

(*) Licenciada en Ciencias de la Educación, directora de Unidad Educativa y maestrante del Profocom.


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