¿Será posible convencer a los militares chilenos?

La línea dura chilena está conformada por varios sectores a cual más influyentes. A Bolivia le toca estudiar estos huesos duros para aprender a roerlos mejor. Entre los de mayor peso están: 1) las Fuerzas Armadas, que tienen que justificar su existencia; 2) los empresarios con grandes...

La línea dura chilena está conformada por varios sectores a cual más influyentes. A Bolivia le toca estudiar estos huesos duros para aprender a roerlos mejor. Entre los de mayor peso están: 1) las Fuerzas Armadas, que tienen que justificar su existencia; 2) los empresarios con grandes intereses en Perú que no quieren que se hagan olas; 3) los políticos temerosos de que se los acuse de entreguismo; 4) los diplomáticos, que responden a esta poderosísima correlación de fuerzas.  Al lado de estos sectores es poco lo que pesan algunos indígenas, ciertos parlamentarios de izquierda, uno que otro sindicalista y contados académicos que se animan a apoyar en público la idea de conversar con Bolivia sobre una salida soberana al mar. Hay que admirar y agradecer la actitud valiente de estas palomas de la paz, pero no hay que hacerse muchas ilusiones sobre lo que pueden hacer frente a los halcones que se oponen a una salida soberana al mar para Bolivia.  Ninguna negociación sobre este tema será efectiva sin el consentimiento de los sectores duros chilenos, empezando por las Fuerzas Armadas. A Bolivia le toca estudiar los orígenes y alcances de la oposición militar chilena para determinar las mejores maneras de conquistar su apoyo. Ese objetivo puede parecer quimérico. Un mínimo de realismo muestra que es una necesidad. En el artículo “El secreto de las maniobras militares chilenas” que publiqué el 12 de noviembre en Los Tiempos de Cochabamba doy cifras y fuentes que dan una idea del enorme peso de las Fuerzas Armadas en la política interna y exterior de Chile. La Ley Reservada del Cobre dispone que el 10 por ciento de las ventas de este mineral, hechas por la empresa estatal Corporación Nacional del Cobre (Codelco), se destinen cada año a las Fuerzas Armadas para la adquisición de armamento. Es un monto por encima del 2 por ciento que les destina anualmente el presupuesto ordinario de la nación. Desde 2009 la presidenta Michelle Bachelet ha hecho esfuerzos infructuosos por derogar esta ley de excepción. Entre 1973 y 1990 el gobierno del general Augusto Pinochet decretó cuatro enmiendas que reforzaron esta ley, originalmente aprobada el 29 de octubre de 1958 bajo el gobierno del general Carlos Ibáñez del Campo. Es comprensible que Pinochet no tuviera oposición militar visible cuando el 19 de diciembre de 1975 su canciller Patricio Carvajal oficializó, por escrito, la oferta de otorgar a Bolivia un corredor soberano que hubiera eliminado la frontera de Chile con  Perú.  Con visión de Estado, unida a la fuerza presupuestaria, Pinochet intentó resolver, para bien de Chile, un problema interno y externo que quedó pendiente desde la Guerra del Pacífico.  Las batallas con las que Chile conquistó territorios peruanos y bolivianos no le dieron una victoria final. Pinochet entendió muy bien lo que a Chile le conviene a largo plazo: eliminar los temas irritantes que le dejó la Guerra del Pacífico. No llegó a aceptar, como  Perú lo propuso, que Arica se convierta en un puerto trinacional. De haberlo aceptado, Chile se hubiera convertido en el líder del desarrollo económico de su lejano norte con los recursos mancomunados de Perú y de Bolivia.*es analista.


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