El balance imperfecto

permitiéndonos ser parte de lo mejor de la industria desde la comodidad de nuestro entorno y desde un país tan complicado y con tan poco acceso al mundo como el nuestro. Es - como dicen muchos -  “tener lo mejor de los dos mundos”. Y sí, me considero una persona con mucha suerte, ya que...

permitiéndonos ser parte de lo mejor de la industria desde la comodidad de nuestro entorno y desde un país tan complicado y con tan poco acceso al mundo como el nuestro. Es - como dicen muchos -  “tener lo mejor de los dos mundos”. Y sí, me considero una persona con mucha suerte, ya que no he tenido que sacrificar mi apreciada vida profesional al volverme madre y hoy puedo ver a mi hija crecer sin tener que dejarla ocho a 10 horas al día (como muchas madres que admiro mucho). Definitivamente afortunada.  En mi rubro, la comunicación corporativa y relaciones públicas a nivel internacional, el día a día es muy intenso. Las crisis de los clientes están a la orden del día. Los deadlines son cada hora y las llamadas y reuniones te consumen y el trabajo exige un nivel muy alto de concentración y entrega. Los viajes son cortos, cansadores, de mucha gente, de muchas palabras… Cuesta inclusive acordarse de toda la gente que  uno conoce. Periodistas, ejecutivos, gente de gobiernos, bloggers, equipos enteros de marketing, recursos humanos, ventas y uno al medio tratando de que absolutamente todo salga perfecto…Es así que vuelvo a casa de un viaje rendida para tratar de compensar el tiempo ausente con horas de calidad con mi familia, pero llega otro día, donde por más presente que esté, sentada en el escritorio de mi casa, mi ausencia se sigue notando demasiado.  Entre emails, conferencias por Skype, documentos por terminar  y ahora inclusive mensajes por WhatsApp de los clientes, siempre llega más trabajo y más estrés.  Y me encuentro dándole de comer a mi hija y haciendo equilibrio para lograr, al mismo tiempo, contestar mensajes a una velocidad que ni yo misma comprendo.  Dejo de trabajar sólo “teóricamente”, pues mientras cuido, baño o juego con mi hija o estoy por acostarme, sigo pendiente de los 50 nuevos mails que entraron en las últimas dos horas. Busco compensar la falta de relacionamiento social que implica el no tener una oficina… atendiendo mails, llamadas y mensajes a las horas más desatinadas. Y ¿qué pasa? Pierdo la parte social más importante de mi vida, mi espacio personal. Y entonces viene aún más estrés al pensarlo. La frustración de no poder dar lo mejor de uno ni a un lado ni al otro….Entonces me doy cuenta que no hay quien sea superhéroe como para poder hacerlo todo y todo muy bien. Ser la madre, esposa, hija y amiga perfecta, 100% dedicada, atenta y emocionalmente presente siempre, simplemente no existe. Cuando una, como mujer, decide avanzar en su vida profesional no hay  tal cosa como el balance perfecto. Si, efectivamente se dan situaciones más favorables que otras, pero de alguna manera siempre se sacrifica algo. Siempre se siente como que se debe algo, ya sea a tus hijos, a tu familia, a tu trabajo o a ti misma. Las que van a una oficina se alejan todo el día de su hogar, perdiendo momentos muy importantes;  las que trabajan de casa están presentes físicamente, pero su ausencia es aún mayor, y las que optan por quedarse en casa y dedicarse a su familia también sacrifican su lado personal, su evolución, su espacio, su “yo”.No existe fórmula correcta para la vida. Sólo nos queda saber manejar la situación que nos tocó vivir de la mejor manera… con una actitud positiva y sobre todo agradecida. Todas, sin excepción tenemos diferentes retos, diferentes circunstancias, diferentes visiones,  metas y obstáculos. Y creo verdaderamente que el éxito está en dar lo mejor de uno en cada rol que tenemos y saber que eso basta y debe bastar para los demás, pero sobre todo para una.  *es comunicadora corporativa


Artículos Recientes
Tema del día
Tema del día