La pobreza de nuestra fe

Para el que vive su vida lejos de Dios le es muy cómodo vivir a su manera sin tener en cuenta las exigencias de una moral y unos valores que observar. Hay muchos católicos indiferentes que no tienen ninguna inquietud religiosa, por lo tanto para ellos los valores religiosos no tienen sentido;...

Para el que vive su vida lejos de Dios le es muy cómodo vivir a su manera sin tener en cuenta las exigencias de una moral y unos valores que observar. Hay muchos católicos indiferentes que no tienen ninguna inquietud religiosa, por lo tanto para ellos los valores religiosos no tienen sentido; al contrario, sus valores son el éxito económico, el éxito profesional, el poder, el placer, el ocio, etc. Y esto es fruto de la ignorancia religiosa y del medio ambiente, y aman esta manera de vivir sin Dios, porque es cómoda y su conciencia no les exige nada, ¿será porque Dios ha muerto en sus conciencias?Creo que la iglesia que la formamos todos los católicos debe esforzarse más en llevar el mensaje del evangelio, a pesar de los cursos, talleres, conferencias, homilías, etc. Buscar la manera de llegar a las familias, a las personas, a los jóvenes para hacerles conocer quién es Dios, cómo es Dios. Tienen que saber que existe y que nos ama porque la indiferencia de las mayorías es por la pobreza de fe y esa pobreza de fe es ignorancia casi total del evangelio y nosotros laicos comprometidos tenemos que reconocer nuestra incapacidad para transmitir el mensaje de Dios.La indiferencia ante lo religioso la podemos comprobar de muchas maneras pero la más importante  es la inasistencia a la celebración eucarística de los días domingos, el porcentaje de asistencia es mínimo. Si tomamos en cuenta que la mayoría de  la población es católica, las iglesias están casi vacías los días de semana y los días domingos asisten a misa, pero no como se espera de un pueblo en su mayoría católico.Es que no sabemos que la eucaristía es un encuentro personal con Cristo y comunitario con nuestros hermanos. La eucaristía es la presencia real de Cristo, es el misterio en nuestra fe. La Eucaristía es fuente y cima de toda vida cristiana.La eucaristía o la santa hostia es Cristo vivo con su cuerpo, sangre, alma y divinidad que se hace presente en la consagración cuando se convierten en el cuerpo y la sangre, se llama transustanciación. ¿Cómo no pensar que la presencia real de Cristo nos va ayudar a descubrir nuevas luces, a sentir un nuevo ardor cada día, como a los discípulos de Emaús, cuando no lo reconocieron a Jesús, pero mientras Él les hablaba sentían arder su corazón. (Lc. 24, 32)¿No sabemos católicos que Jesús es en el sacrificio de la misa, sacerdote, víctima y altar? El seguir a Jesús es una necesidad espiritual porque hemos venido de Dios y a Él volveremos. Él es un remedio para nuestra vida, es la esperanza, el consuelo, el apoyo, la luz que nos guía, la certeza de que al final de esta vida, llegaremos a su Reino.Y ahora católicos nos preguntemos nosotros mismos con toda sinceridad: ¿Yo creo realmente que Cristo se hace presente en la hostia consagrada? ¿Me es indiferente el asistir a misa los días domingos? ¿Alguna vez leo la Biblia? ¿Me siento comprometido(a) cuando se de alguien sufre sobre todo si es pobre? ¿Me duele la injusticia? ¿Siento deseo de recibir la comunión?Según tus respuestas podrás catalogarte como un católico comprometido o un católico indiferente con tu Maestro que nos dice: ¡Felices los compasivos porque obtendrán misericordia! ¡Felices los que tienen hambre y sed de justicia porque serán saciados! (Juan 21,29) ¡Felices los que creen sin ver!


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