El gran negocio de la medicina
La medicina no es una vocación cómoda, ni emocional ni intelectual. Los médicos son imprescindibles en cualquier sociedad, su preparación no es sencilla y exige una gran capacidad de sacrificio y una presencia de ánimo notables. En muchos lugares del mundo hay adolescentes que tienen la...
La medicina no es una vocación cómoda, ni emocional ni intelectual. Los médicos son imprescindibles en cualquier sociedad, su preparación no es sencilla y exige una gran capacidad de sacrificio y una presencia de ánimo notables. En muchos lugares del mundo hay adolescentes que tienen la esperanza de ser médicos que estudian a pesar de algunas burlas de quienes consideran que hay profesiones más lucrativas, sin saber que algún día tendrán que ponerse en sus manos. “No olvidemos que los médicos salvan vidas”.Y aquí estamos en este siglo a punto de empezar un capítulo dedicado a las tretas que suelen emplear las firmas farmacéuticas para asegurarse sus beneficios. No hace mucho todavía, los médicos acudían a las casas para visitar a sus pacientes a cualquier hora. Siempre de aspecto adusto, con maletines más o menos ajados, de voz amable, y disposición de trabajar gratis cuando alguien decía que era muy pobre como para pagar honorarios.En aquellos tiempos era una profesión altruista como lo fue para Paracelso Maimonides e Hipócrates, el padre de la medicina. José Gregorio Hernández más recientemente y tantos otros que dedicaron su vida al servicio de la medicina, por lo menos, más que ahora. Si bien jamás nada volverá a ser como antes, no está demás ejercer nuestro derecho a la crítica para llamar la atención sobre unos desmanes que pueden acabar por desprestigiarle. Nos encontramos en una época en que algunos médicos son capaces de sacrificar sus pacientes en pos de sus propios intereses, los cual nos da una idea del mundo en que vivimos. Para empezar vamos a trazar un sencillo paralelismo. Imaginamos por un momento a un investigador científico que ocupa un cargo consultivo y que, a instancias del Gobierno o una empresa, determina algo sabiendo que no existe ninguna prueba de peso que los obligue a ello. Su comportamiento sería, a todas las luces, inaceptable, un fraude científico.De manera similar un médico que debe velar por la salud del paciente, le prescribe un fármaco aunque es consciente de que no está seguro acerca de su eficacia o de sus posibles efectos secundarios. En cualquier de los dos casos su componente tampoco es discutible y, al igual que el caso anterior comete un fraude.Unos de los problemas más acuciantes a los que debe enfrentarse la medicina moderna es la propensión que muestran muchos de sus profesionales a ceder a las presiones de las grandes compañías farmacéuticas para que receten lo que a ellas les conviene, algo que si no se controla adecuadamente, puede convertirse en un peligro público de primera magnitud. Para muchas de estas empresas los médicos no son más que un intermediario entre los consumidores (esto es, los pacientes) y sus agentes comerciales.No en vano, los visitadores médicos constituyen una especie de elite de la profesión y saben muy bien cómo sugerir a un facultativo cuál debe ser su trabajo. Hay otro problema más, relacionado con la investigación médica biológica y bioquímica que van de la mano. Durante los últimos 25 años se ha acentuado la injerencia de las grandes compañías farmacéuticas en el mundo universitario, algo que con el paso del tiempo ha minado los cimientos de una actividad que debería estar siempre al servicio de la sociedad.¿Cómo es posible que las compañías farmacéuticas controlen de tal manera a los médicos? Quizás se debe al hecho de que tienen muchísimo dinero en la actualidad. La población estadounidense destina cerca de 200 mil millones de dólares cada año para la compra de medicamentos, lo cual equivale a unos 700 dólares por habitante sea adulto o no. En el caso del paciente que deben seguir una medicación crónica, la suma de duplicará. Sea como fuere, obtienen sus beneficios tanto del sector público como del privado, por lo que no es extraño que tengan a su servicio a políticos, médicos, científicos, periodistas, asociaciones, colegios médicos, publicaciones especializadas y cuanto usted pueda imaginar. La industria farmacéutica invierte considerables sumas de dinero en sus departamentos comerciales.Los visitadores médicos suelen reunirse varias veces al mes con los médicos que les asignan para presentar los nuevos productos, asegurarse de que tomen en cuenta las otras características del medicamento en catálogos y proponerles incentivos si los recetan.Desde el punto de vista empresarial el médico es un comerciante más, ya que, al igual que los visitadores, se encarga de explicar a sus colegas las bondades de un fármaco determinado y, en cierto modo, obliga a sus pacientes a comprarlo. No hemos de pasar por alto este hecho, pues las empresas del sector farmacéutico obtienen sus beneficios de sus pacientes, ya sea a través de la compra directa o través de las ayudas que prestan las aseguradoras públicas.En otras palabras, a muchos médicos les cuesta atender a sus pacientes sin contravenir algunas de las consignas de las grandes farmacéuticas. Además de la gran influencia que ejercen las compañías sobre la actividad profesional de los médicos, hay que tener en cuenta su poder sobre las publicaciones y asociaciones médicas a cuya financiación colaboran mediante diversas formas de patrocinio. El resultado es previsible en la medida en que dependen económicamente de esas empresas, nadie se atreve a publicar o decir nada que contravenga sus intereses. No hay nada que una más que el dinero que pasa de mano en mano.Continuará…


