Día de las almas

Todo comenzaba el 1 de noviembre cuando ella sacaba las fotografías de sus antepasados y las arreglaba en una mesa con profusión  de flores y velas. También estaban los retratos de los dos niños que mi señora madre trajo al mundo. Bueno – nos narraba-  los chiquitines llegaron, me...

Todo comenzaba el 1 de noviembre cuando ella sacaba las fotografías de sus antepasados y las arreglaba en una mesa con profusión  de flores y velas. También estaban los retratos de los dos niños que mi señora madre trajo al mundo. Bueno – nos narraba-  los chiquitines llegaron, me saludaron y se dieron  media vuelta. Recuerda que siendo angelitos que se iban al cielo, les pusieron muchas cintas  y alas. Así, si querían sacar a alguna alma del infierno, éstos le alcanzaban una cinta; el alma se agarraba con manos, uñas y dientes. Era cuando el pequeño benefactor daba el jalón más fuerte y  el alma se liberaba y así, de contrabando, entraba al paraíso. “Con los niños hay que ser muy generosos – nos repetía -. No les vaya a ocurrir como la madrina amarrete que a su ahijada solo le había regalado una cebollita verde.  El angelito cuando supo que su señora madrina  purgaba las penas del infierno le alcanzó la cebollita, pero las hojitas se cortaron y nuevamente la madrina cayó como higo maduro. También mamá puso en la mesa un vaso con agua y un pan.- Mamá ¿por qué a los hombres no les pones vino? Si vos dices que eran tremendos parranderos, el vino o el cañazo les vendría mejor.- Sabes hijita que cuando la gente emigra al más allá,  deja  aquí todas sus apetencias y los vineros, se vuelven abstemios. De otra manera, Diosito les saca la entretela.Entonces le reclamé por el agua. “Apenas un vasito para tantas almas que llegan cansadas y sedientas. Seguro que la que llegue primero calmará su sed; pero, ¿y las otras? Además, un pan para tanta gente. Eso se llama ser tacaña del tamaño del mundo”Como no dio pelota a mis reclamos,  hice lo que consideré conveniente: saqué 12 vasos grandes y los llené con agua del “pujio”. También un llurito lleno del preciado líquido por si la sed fuera como la del camello en el desierto. Además puse para cada cual, una pila de panes, bizcochitos, masitas, etc.Mamá se puso brava porque me dijo: “Como ya les repartiste a las almas ya no podemos retirar el amasijo para comerlo nosotros”. Así que tú comerás solo media ración.No le di importancia y más bien, le pregunté: ¿Qué está más lejos: el cielo o el infierno?Y mi madre como gran conocedora de tales lugares me dijo: “ El cielo está más lejos porque muchas veces tienes que cruzar el infierno para alcanzar al cielo”. Y ahí quedó el asunto.Por la noche toda la familia nos sentábamos alrededor de una fogata que se encendía en el patio para que las almas calentaran sus huesos fríos. Allá mamá nos refería hechos interesantes de cada pariente.Mi hermano dirigiéndose a nuestra madre le preguntó: - ¿Es cierto que las almas vuelven?- ¡Claro que si! Mirá,  es seguro que ahora mismo, están aquí, con nosotros.- Sí, yo las veo – habló mi bandida hermana – Dos están apoyadas en el hombro de Lucerito y las otras,  la señalan. “Esta será la próxima”, aseguran – Así que para vos, hermanita, este es el último Día de las Almas que pasas aquí,  en la tierra. Vendrás,  pero ya en otras condiciones – dijo riéndose a carcajadas.- Juro que las veo y oigo. ¡Abre bien los ojos Lucerito! Yo lo hacía, pero no veía nada. Mis ojos crecidos como  dos quesos, me dolían por el esfuerzo. ¡Adiós, adiós hermanita!: los abuelos te conducirán a la eternidad. Mirá el abuelo Gustavo te sonríe y el de bigotes grandes dice: “Es necesario llevarla ahora mismo: ella es la indicada”.Yo sentí un escalofrío y mi  piel se puso como cuero de gallina. No quería morir, tenía mucho por hacer en este mundo: la tarea de matemática, el relato de los  diablos del molino…No estaré presente para sostener el desafío de los trompos y hacer que Arcil se trague sus ofensas. “De que me haría polvo porque mi trompo era un pobre trompo cucarro”. Tampoco podré cumplir con mi turno de alborotar al pueblo  con el desbande de las campanas llamando a misa.Esa noche la tristeza vistió mi alma. Esa noche casi no dormí. Lloré por mi corta vida, por mi vestido con volados que no terminó la costurera, por los helados de canela y las manzanas con dulce…Día tras día yo me decía: “¿Los abuelos ¿vendrán hoy?”. No vinieron  y ya pasan muchos años con sus Días de las Almas. Quizá – digo yo -  la bandida de mi hermana se inventó las visiones o confundió gallinazos por torcazasAlgo de esto debe ser.


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