Maltratadas
En los ojos de esa compañera de oficina tan estilosa que corre al baño como si la llamara Dios y vuelve como si hubiera visto al diablo. Quizá esas tres señoras de su casa vivan un martirio y no lo digan. O no lo sepan. O no quieran saberlo hasta que acaba sabiéndolo todo el mundo por una...
En los ojos de esa compañera de oficina tan estilosa que corre al baño como si la llamara Dios y vuelve como si hubiera visto al diablo. Quizá esas tres señoras de su casa vivan un martirio y no lo digan. O no lo sepan. O no quieran saberlo hasta que acaba sabiéndolo todo el mundo por una nota breve de un periódico.Demasiadas mujeres ven al maligno tras la puerta de su casa, de su auto y de las llamadas de su marido al trabajo. Claro que las hay sin recursos, marginadas, pobres y desgraciadas. Pero también psicólogas expertas en abusos, juezas que dictan órdenes de alejamiento a maltratadores, periodistas hartas de escribir sobre violencia de género, maestras que enseñan a las niñas a no dejarse controlar por ese novio que les mira el móvil. Son tan tontas que no denuncian. Tan ciegas que no ven lo evidente. Tan sumisas que no huyen del verdugo, creemos las enteradas. Lo que no sabemos es que cuando él les da el primer golpe es porque sabe que puede dárselo. Porque antes les ha llamado patéticas, putas, inútiles hasta que sabe que le van a perdonar. Que no van a contárselo a nadie.Más de 100 mujeres han sido asesinadas por sus parejas. Tenían nombre, amigos, familia, vidas. Pero vivían en el infierno puerta con puerta con nuestra soberbia ignorancia. Nos hemos enterado tarde, mal y nunca. O no hemos querido enterarnos.


