El vendedor más pequeño de Bolivia tiene tres años

sin comercializar mucho hasta esa hora. Por eso se me asomó y con su delgado y pequeño dedo índice me señaló su mercadería, unos bombones, y el precio de cada uno de éstos: un boliviano. Con voz suavecita intentó pronunciar ese precio.  “Unhh…”, balbuceó. Me inmutó oír su voz,...

sin comercializar mucho hasta esa hora. Por eso se me asomó y con su delgado y pequeño dedo índice me señaló su mercadería, unos bombones, y el precio de cada uno de éstos: un boliviano. Con voz suavecita intentó pronunciar ese precio.  “Unhh…”, balbuceó. Me inmutó oír su voz, más al verlo, parado bajo la luz de la luminaria pública del lugar, y oírlo intentar pronunciar lo que quería venderme. “Bombom … compre”, me dijo. Eran alrededor de las 22:00  y el pequeño estaba en la calle vendiendo golosinas, a la salida de una conocida hamburguesería, en Miraflores, cuyo nombre recuerda la  morada de los esquimales del  Polo Norte. La delgada hermanita del vendedor más pequeño de Bolivia, una niña de  aproximadamente nueve años, me explicó:  “Él tiene tres años. Cada bombón vale un boliviano”.  Cerca, en la otra vereda, dos mujeres vigilaban atentamente. La abierta explotación laboral infantil era evidente y a ella me dirijo para interpelarla.El vendedor más pequeño de Bolivia no es la excepción. Se estima que en el país -de acuerdo con el censo 2012-  existen 1,9 millones de niños, entre seis y 14 años, de los cuales aproximadamente 147 trabajan.Organizaciones como el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia y Adolescencia (Unicef) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) señalan que en Bolivia el trabajo infantil afecta al desarrollo emocional, físico y psicológico del menor, puesto que las posibilidades que se pierden son únicas.El Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil de la OIT define el trabajo infantil “como peligroso y perjudicial para el bienestar físico, mental o moral del niño”.El trabajo infantil es la destrucción inhumana del talento humano que socava el presente y futuro de la sociedad.  A rangos más bajos de edad y explotación laboral hay menor probabilidad de sociedades dignas. La magnitud, la elevada precariedad y la explotación laboral de niños, niñas y adolescentes en diferentes sectores de la economía de Bolivia es uno de los problemas más críticos del país.La Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Organización de las Naciones Unidas establece que los niños tienen derecho a protección y asistencia especiales bajo los preceptos de paz, dignidad, tolerancia, libertad, igualdad y solidaridad. En relación al trabajo infantil, la normativa internacional de derechos humanos lo prohíbe y recomienda la elaboración de mecanismos normativos y políticas públicas para lograr gradualmente su erradicación. En la Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada por las Naciones Unidas, el 20 de noviembre de 1989, y ratificada por el Estado boliviano, en mayo  de 1990, se manifiesta el derecho del niño, niña y adolescente a estar protegido contra la explotación económica, contra el desempeño de cualquier trabajo disponiendo, en consecuencia, que los Estados partes precisen una edad para permitir el trabajo. Según la normativa legal, la edad mínima para trabajar en el país es de 14 años, según a la realidad, la edad para trabajar no tiene tiempo. Las cifras no alcanzan a ilustrar datos sobre trabajo infantil en menores de seis años, menos de tres años. La Nueva Constitución Política del Estado, aprobada en diciembre de 2007, recoge en su artículo 13.IV que “los derechos y deberes consagrados en esta Constitución se interpretarán de conformidad con los tratados internacionales de derechos humanos ratificados por Bolivia”. Por otro lado, los artículos 60 y 61 recogen la necesidad de velar por el interés superior del niño y prohíben el trabajo forzado así como la explotación infantil.*Hugo Siles Espada  es economista  y comunicador social.


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