Fútbol, capital humano e instituciones
con el amor a la camiseta, con pundonor, se podía llegar lejos y que lo importante era sumar de a tres y no recibir goles. En fin, eso y más hubo en las páginas deportivas; muchos hinchas se sentaron frente al televisor con la esperanza de que llegue el sueño, pero no fue así, casi nunca fue...
con el amor a la camiseta, con pundonor, se podía llegar lejos y que lo importante era sumar de a tres y no recibir goles. En fin, eso y más hubo en las páginas deportivas; muchos hinchas se sentaron frente al televisor con la esperanza de que llegue el sueño, pero no fue así, casi nunca fue así, salvo en el Sudamericano de 1963 y en las Eliminatorias para el Mundial de 1994. Pero, Alemania, Brasil, Holanda, Francia, Argentina, casi siempre llegan muy lejos, ¿por qué nosotros no? Hace 60 años Corea era insignificante en la economía mundial, ahora es una potencia. Todos los coreanos coinciden en la explicación de su milagro económico: generaron valor agregado e invirtieron en capital humano. Alemania, Holanda, Francia, Brasil, Argentina tienen miles de equipos de fútbol, pero esos equipos son instituciones deportivas que se dedican a crear capital humano. Cada una de ellas posee escuelas de fútbol en serio, con miles de técnicos para los niños, con instalaciones deportivas modernas, con el último grito de la tecnología deportiva, con dietistas, con especialistas en medicina deportiva y genética, con equipos médicos excepcionales, con salas de estudio, salas de exhibición de videos, con centenas de entrenadores, con decenas de preparadores físicos, con decenas o centenas de canchas de fútbol. Con instalaciones modernas, con miles de miles de socios, con estadios modernos. Y, claro, cada equipo-institución tiene campeonatos paralelos de niños de cinco, seis, siete y ocho años, hasta llegar a los 17. Tienen sus campeonatos de divisiones F, D, C, B, A.¿Cómo andamos por casa? Muy pocos, pero muy pocos equipos tienen un estadio propio. ¿Tienen canchas propias? ¿Cuántos miles de socios tiene Sport Boys, Ciclón, Universitario de Sucre, San José, Oriente Petrolero, The Strongest, Bolívar? ¿Cuántos miles de niños se forman en sus escuelas de fútbol? O, para ser más radicales, ¿todos tienen sus escuelas fútbol? ¿Cuántos campeonatos realizan al año de niños que van de los cinco a los 17 años? ¿Con cuántos médicos deportivos cuenta cada uno de esos clubes? ¿Qué tan modernas son sus instalaciones deportivas? ¿Cuántas decenas de preparadores físicos contratan al año? ¿Cómo están sus campos deportivos? ¿Están actualizadas sus dependencias de videos, libros y revistas especializadas? ¿Con cuántos psicólogos deportivos cuenta cada equipo? ¿Qué tan modernas son sus infraestructuras tecnológicas? ¿Cuán profesionalizados están los funcionarios que trabajan en los equipos? ¿Cuántas decenas de partidos han jugado en el exterior sus equipos juveniles? Todas estas preguntas parecerían ser irónicas o de burla en un medio como el boliviano, pero, esos son los temas que tendrían que desarrollar y responder los equipos, las direcciones del fútbol, para saber si podemos ser competitivos internacionalmente. La Academia Tahuichi creó capital humano. Parte de él fue heredado por la Selección que llegó al Mundial de 1994. Hubo algo de capital humano que se juntó con una administración y gerencia que fue mejor que muchas otras, por eso se pudo llegar a Estados Unidos en 1994. Pero la Tahuichi de hoy ya no es la antes. No sabemos de la Academia Enrique Happ y, en general, los clubes profesionales no están interesados en la escuelas deportivas ni en la creación de capital humano específico. Tienen tan poco músculo financiero que apenas pueden con el pago de la planilla del mes para pagar a jugadores que, en general, ya no son muy jóvenes. Los dueños de clubes, sus dirigentes, piensan solamente en el corto plazo -como lo hace la mayoría del país-, por eso su preocupación central es contratar unos cuatro o cinco jugadores bolivianos o extranjeros, muy mayorcitos, que los ayuden a ganar algunos partidos. Pero nada de esto implica formar seriamente capital humano en el campo del fútbol. Y, claro, cada equipo no llega a ser una institución fuerte, organizada, bien administrada, con un norte de largo plazo, con buen capital humano para administrar o dirigir el fútbol. Mientras no haya lo que sugerimos, los hinchas seguiremos sufriendo, nos aferraremos a sueños imposibles o a que los argentinos o brasileños se desmayen en la altura de La Paz.*es economista


