El Potosí turístico
El tema tiene que ver con la naturaleza, si queremos dramatizar, con la Pachamama, la madre tierra o la naturaleza. Pero digámoslo en términos más modernos: la altura, los 4.070 metros sobre el nivel del mar, la falta de oxígeno, son el peor enemigo de un flujo turístico constante. Dicho...
El tema tiene que ver con la naturaleza, si queremos dramatizar, con la Pachamama, la madre tierra o la naturaleza. Pero digámoslo en términos más modernos: la altura, los 4.070 metros sobre el nivel del mar, la falta de oxígeno, son el peor enemigo de un flujo turístico constante. Dicho de otra manera, dormir a esa altura casi garantiza una primera mala noche y, eventualmente, una segunda también. Sin tomar en cuenta que podrían darse sorpresas mucho menos agradables, sobre todo en personas mayores de 60 años, que son el segmento del mercado mundial que más dinero y más tiempo tiene para hacer un viaje de placer o de estudios. Hay un segundo problema que, contrariamente a lo que pasa con la altura, podría tener una eventual solución y es la inestabilidad social, y la propensión que tiene la zona a los bloqueos. No hablo de estas tres semanas, sino de innúmeras oportunidades en que, como visitante de Potosí, o he tenido que hacer malabares a la hora de buscar un camino alternativo, porque la ruta estaba bloqueada, ya sea en Millares, en Betanzos, en la entrada de Potosí, entre Potosí y el aeropuerto o a la salida en dirección a Tiquipaya. Y aclaremos algo, no hay peor enemigo del turismo, organizado o no, que un bloqueo. No propongo que se deba dar vía libre a los turistas, pero lo que se puede decir es que mientras haya una sociedad inconforme, que cree además que el único camino para lograr ser escuchada es el bloqueo, su zona no será un área donde se pueda desarrollar el turismo. Los atractivos de Potosí están ahí, pero es importante observar con cuidado lo que hoy por hoy se ofrece como producto turístico. Me refiero, en el caso de la ciudad, a la visita a las minas, en especial a la de las cooperativas. Ese “tour” es un paseo dantesco, un viaje a la inseguridad, no sólo de los visitantes, sino de los mineros que son visitados; un viaje a una de las formas más primarias, menos respetuosas de la condición del trabajador, de la explotación de las minas. No, no crea estimado lector que sugiero que no se debería mostrar para no quedar mal, pero ciertamente no es algo de lo que los potosinos y los bolivianos podemos sentirnos orgullosos. La forma de trabajo en las minas del Cerro Rico debería ser controlada por el Estado, igual que los aspectos riesgosos e insalubres y el trabajo de menores de edad debería ser prohibido. En realidad, el atractivo más noble de Potosí es la ciudad colonial misma, con sus iglesias, su Casa de la Moneda, sus casas particulares con nobles fachadas, su enorme acueducto y algunos otros edificios civiles, y es eso lo que debe de ser restaurado y cuidado. La ruta Sucre - Potosí - Uyuni, hoy en día asfaltada, es un bello recorrido. Incluye dos importantes ciudades coloniales: la primera, además de muy bella, presenta una variedad de paisajes dramáticos y amables a la vez, con interesantísimos cañones y otro tipo de formaciones rocosas, con una fauna local de auquénidos que complementan el cuadro. Es eso lo que toca cuidar, además de recuperar la bella ciudad colonial de Potosí, mantener la de Sucre, y mantener limpias las carreteras hasta Uyuni, sin escombros ni basuras a los lados del camino y, por supuesto, sin grafittis políticos o de cualquier índole en las hermosas piedras. Potosí nunca podrá ser otro Cusco en términos turísticos. Machu Picchu, Sacsayhuaman, y el Cusco mismo tienen, en términos arquitectónicos y ni que decir arqueológicos, una calidad muy superior, y, para colmo, la ciudad está a sólo 3.400 metros sobre el nivel del mar. La ciudad del Cerro Rico será siempre un destino pequeño, pero seguro que mucho más movido que el actual. Por lo demás, los potosinos vivirán más felices si sus calles y sus casas son restauradas.*es operador de turismo


