Historias de la calle “ancha”
estos barrios son: San Roque, El Molino, La Pampa y Las Panosas. Sin embargo, a pesar de ser parte de una misma ciudad, cada uno cuenta con historias que los distinguen y hacen que nuestra cultura se enriquezca más y aunque hoy en día se pierden muchas historias en el tiempo, debido en parte a...
estos barrios son: San Roque, El Molino, La Pampa y Las Panosas. Sin embargo, a pesar de ser parte de una misma ciudad, cada uno cuenta con historias que los distinguen y hacen que nuestra cultura se enriquezca más y aunque hoy en día se pierden muchas historias en el tiempo, debido en parte a los adelantos tecnológicos que nos han alienado, ello no es motivo para escatimar esfuerzos que nos acerquen más a nuestras raíces.Todos los Tarijeños conocíamos a la calle Cochabamba, una de las más importantes del barrio San Roque, conocida como la “Calle Ancha”, ya que por su vía pasaban libremente tres taxis, de los cinco que había en la época (hablamos de la década de 1955 a 1965), pero en la actualidad la “Calle Ancha”, quedó muy estrecha por el aumento desmesurado de vehículos en la ciudad.Es preciso recordar connotadas y tradicionales familias de la “Calle Ancha” como los Zenteno, Gallardo, Baldiviezo, Sánchez, La Fuente, de Los Ríos, Farfán, Garzón y otras que en su mayoría continúan viviendo en la zona y que seguramente tienen presentes estas historias.En la “Calle Ancha” se podía encontrar una variedad de comidas tradicionales como saice, ají de arroz, picante de gallina y otros platos, que eran una delicia para el paladar. También se encontraba pan dulce, empanadas blanqueadas y el famoso “casau”, que consistía en un pan mediano acompañado por un “empanizau” que era un preparado de chancaca con maní y otros ingredientes.En cuanto a las bebidas se encontraban las ricas chichas en las pulperías de la zona, aloja de maní y de cebada, todo de excelente calidad. Además se podía encontrar “té con té” con el famoso cañazo de Tarupayo y el rico vino patero hecho en el valle tarijeño y en el río San Juan del Oro.Otra historia para recordar es la de los finaditos, por que la mayor parte de la población nos despediremos de esta vida terrenal y nos iremos de espaldas hasta nuestra última morada, por la “Calle Ancha”.Cuando se moría una niña o un niño, había personas especializadas para preparar a esos “Angelitos”. En primer lugar se les vestía de blanco y se les ponían alitas para que vayan volando al cielo. En las manitos les colocaban una sarta de ollitas de barro y se decía que estas ollitas se llenaban de leche o agua para que el “Angelito” vaya bebiendo hasta llegar al cielo. Además se les ponía una cinta para que no se olviden de la familia y la ayuden. Los entierros de estos angelitos se realizaban al compás de los acordes armoniosos de un violín y la persona que llevaba la tapa del pequeño cajón bailaba alegremente, lo mismo hacían quienes llevaban el cajón; pues bailaban haciendo “zetas”. En alguna oportunidad el “angelito” era sacado del cajón y puesto en una sábana blanca para ser trasladado y en medio de la emoción del baile y la tristeza del momento, el “Angelito” caía al suelo. ¡Qué pena!La calzada de la “Calle Ancha” era de tierra, por lo cual se prestaba para los juegos tradicionales como el trompo, juego con bolitas, futbol con pelota de trapo y otros juegos. La época caracterizada por la crisis económica mundial, dio lugar a la escasez de circulante, por lo tanto se aplicaba el trueque es decir. “yo te doy un zurrón de harina de trigo por dos zurrones de maíz”; el zurrón era una bolsa de cuero en la que se cargaba aproximadamente una arroba.En las famosas chicherías de la “Calle Ancha”, se zapateaba alegremente y de forma criollita; al compas de la caña, violín y otros instrumentos, se formaban hermosas ruedas chapacas y no faltaban los contrapuntos. Sin embargo, las cosas cambiaron a través del tiempo, las chicherías desaparecieron por diversas razones, entre ellas porque varios jóvenes de la época se dedicaron a estudiar para obtener una profesión y porque la Iglesia Católica influyó en gran manera para cerrar estos locales, especialmente durante la fiesta de San Roque.Estas historias tienen un inicio pero no un final y son parte de nuestra cultura e identidad. Ahora son narradas de buena voluntad, porque muchas generaciones de Tarija no tuvieron el privilegio de vivirlas. Tarija se nutre de muchas historias de la “Calle Ancha”


