Gran Chaco: 150 años de resistencia y autonomía
El aniversario del Gran Chaco debe servir para celebrar la historia y respaldar el derecho a construir su propio camino. La reforma de su Estatuto puede ser una oportunidad para recuperar el espíritu reivindicativo de la autonomía
Hay territorios que se explican por su geografía y otros que necesitan ser comprendidos desde su historia. El Gran Chaco parece de los primeros, pero es de los segundos. Su identidad no nació de una oficina ni de una norma administrativa: se construyó durante 150 años de esfuerzo, resistencia, abandono y reivindicación.
Este 12 de agosto corresponde, por eso, felicitar al pueblo chaqueño por su aniversario y reconocer una historia que forma parte inseparable de Tarija y de Bolivia.
También corresponde reconocer una de sus principales conquistas recientes: la autonomía regional.
El Chaco decidió democráticamente avanzar hacia un modelo propio de gobierno y aprobó su Estatuto mediante referendo. Esa decisión merece respeto absoluto. No hay ninguna razón para entender la autonomía chaqueña como una amenaza para Tarija. Al contrario, una cultura autonómica madura debería celebrar que los territorios quieran asumir responsabilidades y decidir sobre su propio futuro.
Reformar el Estatuto no debe significar renunciar a la autonomía, sino darle nuevas herramientas para que el Chaco siga siendo dueño de su destino en una realidad económica diferente.
Pero una autonomía también tiene que ser capaz de mirarse al espejo. Han pasado diez años desde la aprobación del Estatuto y la realidad económica ha cambiado radicalmente. Los ingresos provenientes del IDH y las regalías se han reducido en torno al 80% desde 2014. El gas que durante años financió buena parte de la expansión institucional ya no puede sostener las mismas estructuras.
No tiene sentido intentar administrar el Chaco de 2014 con los recursos del Chaco de 2026. Por eso resulta saludable que haya comenzado una discusión sobre la reforma del Estatuto y sobre la propia estructura del Gobierno Regional. Si hay que reducir burocracia, ordenar competencias, distribuir mejor las instituciones entre Yacuiba, Villa Montes y Caraparí y hacer más eficiente el gasto, debe hacerse.
Reducir costos, en cualquier caso, no puede significar reducir autonomía. La reforma debe servir precisamente para lo contrario: recuperar capacidad de decisión, fortalecer las instituciones regionales y dotarlas de herramientas reales para construir desarrollo. La autonomía no puede limitarse a administrar una renta que se agotó. Tiene que convertirse en capacidad de producir, planificar, atraer inversión, generar empleo y defender los intereses del territorio.
La propuesta de revisar el Estatuto merece, por tanto, ser tomada en serio y discutida ampliamente por los chaqueños. Si existe la convicción de que el modelo actual tiene limitaciones, corresponde abrir el debate democrático y buscar una institucionalidad más clara, menos burocrática y con mayores capacidades de autogestión.
Pero también conviene recordar algo esencial: autogestión no significa aislamiento.
El Chaco forma parte de Tarija y Tarija forma parte del Chaco. La autonomía regional no debería convertirse en una nueva frontera administrativa dentro del departamento, sino en una oportunidad para ordenar mejor las responsabilidades y coordinar aquello que necesariamente debe hacerse juntos.
El agua, las carreteras, la energía, la producción, los mercados, el turismo y las grandes infraestructuras no entienden de límites administrativos. Tampoco el futuro de nuestros jóvenes.
Tarija necesita al Chaco y el Chaco necesita a Tarija. Lo que no necesitamos es volver a la vieja disputa por quién recibe más o quién decide más. Necesitamos construir mecanismos de planificación compartida que permitan que cada territorio aproveche sus ventajas y que los beneficios de ese desarrollo alcancen al conjunto.
A 150 años de su fundación, el Gran Chaco puede celebrar lo conseguido sin renunciar a lo que todavía reclama. Puede reformar sus instituciones sin renunciar a su identidad. Puede cooperar con Tarija sin dejar de defender su autogobierno. Esa es probablemente la mejor manera de honrar su historia de resistencia: no resignarse.
Felicidades al Gran Chaco por sus 150 años. Que los próximos 150 encuentren a una región más fuerte, más productiva y, sobre todo, dueña de su propio destino.





