El verdugo sueño

Todo el amor del mundo lo rodea, pero no es suficiente. La enfermedad se ha apoderado de su liviano cuerpo. Su cabello ha decidido marcharse, sus manos se han rebelado ante sus deseos y ya no le obedecen.Sus pies ya no quieren llevarlo a ningún lado y sus entrañas le tiemblan de miedo....

Todo el amor del mundo lo rodea, pero no es suficiente. La enfermedad se ha apoderado de su liviano cuerpo. Su cabello ha decidido marcharse, sus manos se han rebelado ante sus deseos y ya no le obedecen.Sus pies ya no quieren llevarlo a ningún lado y sus entrañas le tiemblan de miedo. Alrededor de él se han dado cita sus hijos, sus hermanos, sus mejores amigos y gente que él no ha visto en más de cinco años. El calor humano se siente y el amor busca salvarlo del abismo.Transcurren las horas,  la mayoría se marcha y la habitación del hospital queda vacía. Uno de sus familiares hace turno junto a la cama, lo mira mientras dormita, pero Francisco no ha declinado los párpados en toda la noche. Sus ojos como dos grandes faroles se niegan a cerrarse. Tienen miedo...miedo a caer en el precipicio eterno, sienten temor de no volver a ver mañana a sus seres queridos alrededor de su cama. Cientos de ruidos se escuchan en los pasillos del viejo hospital, pasos, gritos y una desesperación tensa se respira cada vez más fuerte.Son las cinco de la mañana y al fin el sueño se apodera sin tregua del ajado rostro de Francisco. Los primeros rayos del sol le dan una esperanza o al menos una alegría de que en una hora más su cuarto volverá a estar lleno de su familia.Cierra los ojos, piensa en que ya no falta mucho para volver a ser consentido. Pasa una hora, siente una frágil mano en su rostro, es su hija, quien le ha traído un té caliente con el pastel de frutilla que tanto le gusta.Así empieza un día más en el viejo hospital…pero al caer la noche vuelve el dolor...y el miedo se apodera de sus entrañas. Entonces, los ojos de Francisco y de muchos otros enfermos retoman la cruenta batalla contra el verdugo sueño, que un día.podría ser eterno...


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