La Isla de la Libélula : París en el ropero
¿30 años?, no quiero ni pensarlo. Del francés y tres años de estudio recuerdo un poco, pero he decidido irme a París y no me corro. Llenaré mi mochila de mis viejas revistas, aquellas novelas amarillas, mis libros de poesía, mi rojo labial de siempre y esa boina gris que me convertirá...
¿30 años?, no quiero ni pensarlo. Del francés y tres años de estudio recuerdo un poco, pero he decidido irme a París y no me corro. Llenaré mi mochila de mis viejas revistas, aquellas novelas amarillas, mis libros de poesía, mi rojo labial de siempre y esa boina gris que me convertirá en la escritora que aspiro. Está definido…he decidido irme a París y no se lo he dicho a nadie. Seré una más de aquellos 42 millones de visitantes que caminan sus calles cada año. Me inspiraré en la Torre Eiffel, le escribiré un poema a la Catedral de Notre Dame, haré una crónica en la Avenida de los Campos Elíseos y si por alguna casualidad del destino me deprimo miraré el Arco del Triunfo por varias horas hasta que la amargura se esfume como humo en el cielo. Sí… está decidido. Los sábados por las tardes iré a la tumba de Julio Cortazar en el cementerio de Montparnasse y no le haré la misma pregunta que le hicieron incansablemente aquellos inoportunos periodistas “¿Señor escritor por qué usted dejó Buenos Aires y se vino a París?”Aunque jamás lo conocí en persona, él y yo sabemos por qué decidió un día dejar el café Richmond de Florida, donde conoció a Aurora y también la London, donde pasaba sus horas en tertulias. Pero a tanta insistencia...una tarde Cortazar se animó a decir qué significaba Buenos Aires para él. “Es como si no me hubiese ido. Yo a Buenos Aires lo llevo puesto como otros llevan puestos sus zapatos”, dijo, y luego el escritor murió en 1984 en París con los zapatos puestos. Yo también me iré a París… en busca de Cortazar y de Cesar Vallejo, que decidió morir allá y lo hizo. “Me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo”.Por lo pronto…desempolvaré los viejos libros, las revistas amarillas, alistaré mi boina gris, mi lápiz labial y sacaré a París de mi ropero, un proyectil certero para alegrar el alma.


