La Isla de la Libélula : Los espejos
De lo que sí está segura cada madrugada es que no está sola, espejos de metal enmascarado, espejos de caoba, de plástico y de porcelana habitan en su pequeño cuarto. El peso del que mira y es mirado cae a plomo sobre sus hombros, mucho más en aquellas interminables noches de insomnio.Las...
De lo que sí está segura cada madrugada es que no está sola, espejos de metal enmascarado, espejos de caoba, de plástico y de porcelana habitan en su pequeño cuarto. El peso del que mira y es mirado cae a plomo sobre sus hombros, mucho más en aquellas interminables noches de insomnio.Las arrugas futuras en su rostro y ese tiempo que cree transcurrido en negativo, le hacen derramar lágrimas. Así recuerda la primera vez que tomó un lápiz labial y se lo apisonó en la boca, ríe por tantos besuqueos que le dio al espejo cuando ensayaba besos para aquél hombre que la consideraría valiosa. Ahora sonríe por aquellas prácticas de discursos con mil gestos que emplearía cuando fuera una mujer importante. Pero también recuerda las miles de charlas con ella misma, en aquellos días en los que una palabra de aliento era siempre necesaria.Hoy su intimidad y el doble reflejo de lo superficial y lo profundo, descansan tras el empañado cristal. Pero hoy a Claudia no le importa nada, ha decidido deshacerse de los diez espejos. Ya no quiere ensayar besos, no necesita practicar discursos, no quiere ver sus futuras arrugas que ya no son tan futuras. Hoy siente el horror de los impenetrables cristales que soportaron sus sueños y que le recuerdan que fueron sólo eso. Con la fe caducada, a Claudia no le importa el qué dirán, ni aquella superficie silenciosa y sutil.A Claudia ya no le importa nada.


