Una tal Betty
Amaba los días de fiesta, los amigos sencillos y por supuesto las letras. No hubo corazón que no se alegre con sus ocurrencias. Me cambió de nombre por el que a él le pareció más adecuado, así un día me llamó Betty y ese fue mi nombre en adelante.“Cállate y toma”, “Pasajes”,...
Amaba los días de fiesta, los amigos sencillos y por supuesto las letras. No hubo corazón que no se alegre con sus ocurrencias. Me cambió de nombre por el que a él le pareció más adecuado, así un día me llamó Betty y ese fue mi nombre en adelante.“Cállate y toma”, “Pasajes”, “Yo quiero morir bailando”, son algunas frases que nos llenaban de risa. “Gordo cuando me muera vas a cantármelo”, le decía y él me respondía “Yo me voy a ir primero mi querida Betty y no es necesario que te pida algo, porque con esa sonrisa ya me lo has dado todo”.Ése era el “Gordo”, el hombre que siempre tenía una respuesta galante y sorprendente para todo, él que me ruborizaba con tanto halago, él que no tenía edad, clase social ni prejuicios. Ése era mi mejor amigo, pero más que un amigo, mi hermano…de esos con los que no es necesario compartir sangre para sentir que son parte tuya. Hoy ya nadie más me llamará Betty, una parte mía se muere con él y con todo esto, se me va un mundo de anécdotas, de enseñanzas y de amistad verdadera. Todos dicen que es cuestión de tiempo, que al final todos nos vamos al mismo lugar… Así que mi querido Gordo, llegará el día en el que una tal Betty irá a tu encuentro…Hasta entonces… “Cambio y fuera” (Otra frase tuya).


