Corazón de roca

Su sonrisa de caramelo se diluyó ante su mirada de fuego y dejó de sonreír. Su voz de papel se cortó ante su desprecio tijera; y antes de que la chispa de su vida se apagara con sus lágrimas de lluvia decidió escapar de él para siempre. Era una tarde de verano,  aquella en la que se...

Su sonrisa de caramelo se diluyó ante su mirada de fuego y dejó de sonreír. Su voz de papel se cortó ante su desprecio tijera; y antes de que la chispa de su vida se apagara con sus lágrimas de lluvia decidió escapar de él para siempre. Era una tarde de verano,  aquella en la que se terminó su suerte; abrió la vieja puerta, caminó de puntillas y tomó su roja mochila. En ella llevaba sus ilusiones rotas, los viejos engaños, las nuevas mentiras, las excusas de siempre y aquel amor añejo que cultivó durante 20 años pero que él le devolvió en dos minutos. Camila no lloró. Caminó por veinte días bajo el duro sol, atravesó desiertos, escaló montañas, cruzó ríos, sorteó fieras y a medida que caminaba se sacaba la espina del alma. Cuando creyó haberse alejado lo suficientemente de él y llegó al lugar soñado, se dio cuenta de que ya no sentía su corazón, pero seguía viva.Ahora todos los días ríe de tristeza, llora de alegría, mira televisión y lee libros. Pero cuando un amor toca su puerta, entonces: empuña el desprecio tijera, las lágrimas de lluvia y la mirada de fuego. Hoy de algo está segura “su corazón de roca jamás se dañará en unas manos de alfiler”.


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