Hablemos de futbol

Es que el futbol, balompié (como se debería decir en castellano) o Soccer, como resolvieron que se  llamaría en Estados Unidos (como si futbol no fuera inglés, moviliza más gente y más dinero que la mayoría de otras actividades que  podríamos considerar “fundamentales”.En este mismo...

Es que el futbol, balompié (como se debería decir en castellano) o Soccer, como resolvieron que se  llamaría en Estados Unidos (como si futbol no fuera inglés, moviliza más gente y más dinero que la mayoría de otras actividades que  podríamos considerar “fundamentales”.En este mismo momento, hay más gente pendiente del campeonato mundial de futbol que dentro de poco comenzará en Brasil, que de asuntos tan importantes como la pacificación en Colombia, que tiene una guerra interna de más de medio siglo.Por eso comentaremos el tema y no porque el presidente Evo Morales haya decidido convertirse en futbolista “profesional” para lo cual tiene todo el derecho, aunque suena más a una anécdota graciosa que a una noticia política.Volvamos al caso del Brasil, donde los disturbios desde hace varias semanas que están poniendo en riesgo no solo el campeonato mundial organizado por la FIFA, sino inclusive la tranquilidad de ese país y la de nosotros, sus vecinos, asunto que nos interesa directamente.A propósito de la FIFA (que hipotéticamente podría tener más poder real que la ONU) todavía no se ha explicado con claridad cómo y por qué hará un campeonato mundial (el del 2022) en Qatar, en ese diminuto país en el medio oriente. Diminuto pero multimillonario, por el petróleo.Es que en el fondo, lo más importante no es cómo pueden unos patear mejor que otros un balón de cuero, sino los millones de dólares que se movilizan con ese deporte que, según datos de las enciclopedias, tiene milenios de antigüedad.Los chibchas y los mayas ya tenían su juego de la pelota “institucionalizado”, siglos antes de que a estas tierras llegaran por primera vez los europeos a “descubrirlas”, pero en realidad a explotar los recursos, como aún lo están haciendo.Volvamos al tema.  Decía hace poco un analista: “Esa fascinación estrambótica que ejerce el fútbol sobre las sociedades contemporáneas rebasa voluntariosamente todas las intentonas que creímos suficientes para explicarnos los cómo, los por qué y los cuándo de ciertos magnetismos”Decía también que “hay mucho dinero en juego” y que es “deporte, espectáculo y arte cargados con performance popular, un rito de congregación masiva, manipulación de masas…todo junto, amontonado y revuelto”.Esa frase es clave: hay mucho dinero en juego, no es solamente un balón de cuero lo que esas 22 personas disputan en un rectángulo (el árbitro no juega, trabaja), sino muchos millones de dólares que tienen a otros millones (de personas) pendientes de esa “esférica”.Sería ocioso ponernos a calcular cuántos millones, ni de personas ni de dólares, están pendientes de lo que sucederá cuando un silbato anuncie que el juego ha comenzado. Lo de Qatar es solo un pequeño ejemplo, que en otra oportunidad esperamos comentar.


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