La importancia de llamarse….
Se nos ocurrió el tema a propósito de la muerte del escritor Gabriel García Márquez y nos pusimos a pensar no en el nombre Gabriel, sino en el apellido García, que es muy común entre nosotros, los hispanoparlantes.Además del famoso Federico García Lorca, tan célebre como el colombiano,...
Se nos ocurrió el tema a propósito de la muerte del escritor Gabriel García Márquez y nos pusimos a pensar no en el nombre Gabriel, sino en el apellido García, que es muy común entre nosotros, los hispanoparlantes.Además del famoso Federico García Lorca, tan célebre como el colombiano, pero español, lo cual no afecta su genialidad, caímos en cuenta de que en Bolivia tenemos varios García, y recordamos, entre ellos, a nuestro vicepresidente, Álvaro, pero también al de ingrata recordación, Luis.Dándole vueltas al asunto, se nos vino a la mente otro García, el colega Reynaldo, de quien hace rato que no escuchamos nada, pero no olvidamos de cuando trabajó en el periódico dela familia Carrasco, de la cual nos ocuparemos en otra oportunidad. Sigamos con los apellidos y digamos ahora algo de los Santos, porque la Iglesia Católica aumentó a su santoral dos pontífices, pero en ellos Santos no es el apellido, sino el más alto rango en la comunidad que en algún momento dirigieron.Santos es el apellido del actual presidente colombiano, que es también nieto de otro Santos, que se llamaba Eduardo, hermano de Francisco que fue vicepresidente de su país, pero que no tiene nada que ver con el boliviano Santos Ramírez, porque era su nombre de pila, no apellido.El ejercicio pone a divagar y se volvería interminable si buscáramos homónimos, es decir personas con el mismo nombre y el mismo apellido, que las hay las hay, y el ejemplo más a la mano que se nos ocurre es el de Luis Arce, que debe tener la precaución de usar sus dos apellidos.Sería fatal, por ejemplo, ser homónimo de Pablo Escobar, el célebre “capo” del cartel de Medellín y no sabemos qué tal homónimo exista, pues al único Escobar que recordamos es a Armando, que fue un general de las fuerzas armadas de Bolivia y célebre alcalde de La Paz.Con los apellidos compuestos es más difícil “jugar”, pero se puede y eso nos lleva a querer saber que habrá sido de Arturo Doria Medina, un militar boliviano, también célebre, pero por sacar los tanques contra el pueblo, lo que le valió el apelativo de Mariscal de San Francisco.A esta altura el ejercicio comienza a ponerse peligroso y para terminarlo recordaremos a otro militar que se llamaba Juan Pérez (Tapia), era ministro de gobierno y siempre insistía en que se lo llamara con los dos apellidos.Se nos olvidaba que, entre nosotros, los bolivianos, el apellido Busch (lo escribimos así) tiene gran valor histórico, y no está relacionado con los Bush gringos que ya tuvieron dos presidentes y quizás lleguen a tener un tercero de la misma familia. Allá ellos.





