Un día muy especial

Actualmente existe, inclusive, un programa especializado de la ONU para estos asuntos (PNUMA) que, sin embargo, no siempre son manejados con buen criterio, ya que aparecieron simultáneamente (como hongos después de la lluvia) varias organizaciones fundamentalistas que manipulan el tema con...

Actualmente existe, inclusive, un programa especializado de la ONU para estos asuntos (PNUMA) que, sin embargo, no siempre son manejados con buen criterio, ya que aparecieron simultáneamente (como hongos después de la lluvia) varias organizaciones fundamentalistas que manipulan el tema con resultados contraproducentes. En Bolivia tenemos algunos casos de ONG en ese plan, pero por hoy las ignoraremos.Apelaremos, en cambio, al sitio web del PNUMA, de donde obtuvimos datos inquietantes sobre los alimentos y el medio ambiente. Juzguen ustedes:El impacto de los desechos alimenticios no es sólo financiero. El medio ambiente es uno de los grandes afectados por los desperdicios ya que estos suponen el uso de fertilizantes y pesticidas. Además, el empleo de gasolina para su transporte genera metano, uno de los gases más dañinos para el efecto invernadero y el cambio climático. En este sentido, el metano es 23 veces más potente que el dióxido carbono. De igual modo, los vertederos contribuyen de manera significante al calentamiento global. Con la atinada técnica del ¿Sabías qué?, esa fuente nos pone a pensar en situaciones puntuales que inquietan, pero que no están suficientemente “socializadas”, como estas:Cada año se pierde o se desecha aproximadamente un tercio de la comida producida en todo el mundo para consumo humano, unos 1,3 billones de toneladas. Los consumidores de los países ricos malgastan prácticamente la misma cantidad de comida (222 millones de toneladas) que la producción neta de alimentos del África Subsahariana (230 millones de toneladas).Los desechos y comida que se pierden cada año equivalen a más de la mitad del cultivo de cereales mundial. (2,3 billones de toneladas en 2009-2010). La pérdida y desperdicio de alimentos suponen además un importante gasto de agua, tierra, trabajo y capital que inevitablemente favorece el efecto invernadero y por tanto, el calentamiento global y el cambio climático.Este año, el país anfitrión para conmemorar el Día Mundial del Medio Ambiente es Mongolia, y el año pasado fue el Brasil, donde los cultivos extensivos dedicados a lo que se conoce como “agro-negocios” son, según nosotros, uno de los más inminentes peligros ambientales.Pero el Brasil no es el único con ese riesgo derivado de los “mega” cultivos, principalmente de soya, porque en esa misma vía están varios otros países de la región, como Paraguay y por supuesto también Bolivia.Por eso es que preferimos dejar por hoy en el tintero asuntos tan inquietantes como el reemplazo de Cristóbal Colón por Juana Azurduy de Padilla en Buenos Aires (en monumentos, solamente) y otros como la peregrina intención del presidente colombiano de incorporar a su país en la OTAN. Pero no se quedarán mucho tiempo en el tintero.


Más del autor