¡Qué mala suerte!
Así, a secas, sin eufemismos ni disimulos.Sabemos que se llama “suerte”, buena o mala es lo mismo, a una sucesión de hechos afortunados o desafortunados. Es una forma de superstición interpretada de forma diferente por individuos también diferentes. Algunos, para ponerle misterio y...
Así, a secas, sin eufemismos ni disimulos.Sabemos que se llama “suerte”, buena o mala es lo mismo, a una sucesión de hechos afortunados o desafortunados. Es una forma de superstición interpretada de forma diferente por individuos también diferentes. Algunos, para ponerle misterio y exotismo la llaman “karma” y lo mismo puede representarse clavando una herradura vieja cerca de la puerta de casa, cruzando los dedos o recurriendo a absurdos semejantes. Porque existen esas personas supersticiosas es que las loterías, casinos, rifas y otras formas de explotar la “suerte”, son un negocio jugoso. Pero la administración pública no es un asunto de buena ni de mala suerte, sino de eficiencia. Y en cuanto a las plantas separadoras, la ineficiencia, repetimos, es elocuente y contundenteHace seis años, en junio precisamente, Néstor Kirchner y Evo Morales, el primero como presidente de Argentina y el segundo como presidente de suscribieron un convenio relacionado con la venta de gas boliviano a Argentina y en ese convenio se afirmaba que la exportación no se incrementaría mientras Bolivia no tuviera una planta separadora de hidrocarburos líquidos, construida aquí.Mucho ha pasado desde entonces. Murió Néstor Kirchner, se aumentó el volumen de gas exportado, en medio de los tortuosos trámites iniciales para construir la dichosa planta, murió uno de los involucrados, asesinado, Jorge O’Connor D’Arlach, (tarijeño para más señas) quien en ese momento era presidente de YPFB, Santos Ramírez, fue a dar a la cárcel principalmente por asuntos relacionados con esa planta (algunos deben saber por cuántos otros asuntos más). Y las plantas siguen sin construir. ¡Qué mala suerte!Para empeorar, la planta que al principio se cotizó en 400 millones de dólares parece que ahora costará 600 millones (si es que finalmente la hacen).Pero todo eso no es lo peor. Además todo eso ya se ha hecho público y aunque con seguridad faltan detalles por conocer eso solamente volvería esta historia más escandalosa. Lo peor es que el gas boliviano sigue fluyendo al Brasil y a la Argentina pero no solamente para ser quemado como combustible, sino como materia prima para esa petroquímica con la que engolosinaban a Bolivia ya en los años 60, con el Pacto Andino.¿Mala suerte?No, absolutamente no. Mala administración de los recursos (de todos los recursos, incluidos los humanos). Además muy a menudo los detalles del caso pasan del ámbito administrativo al ámbito penal.Hay muchas probabilidades de que suceda eso una vez más. Pero nada es indefinido, en algún momento, la sociedad civil agota su paciencia y procede a juzgar y a sancionar.Por supuesto que eso tampoco puede atribuirse a la mala suerte, sino que es resultado de la indignación.


