Minas plantadas como novias

cuando ya los inversores han conseguido lo que querían: El recurso para explotar.Fue por eso, precisamente que el estado argentino recuperó el control de su empresa petrolera YPF, en mala hora privatizada. Repsol la compró a precio de gallina flaca (o de arroz partido) y no estaba haciendo las...

cuando ya los inversores han conseguido lo que querían: El recurso para explotar.Fue por eso, precisamente que el estado argentino recuperó el control de su empresa petrolera YPF, en mala hora privatizada. Repsol la compró a precio de gallina flaca (o de arroz partido) y no estaba haciendo las inversiones que había ofrecido, sino explotando a manos llenas el petróleo y repartiendo jugosos dividendos.Es una historia fácil de entender y que ni siquiera es ingeniosa, porque más de una adolescente debe haber escuchado promesas de matrimonio a cambio de la “pruebita” y una vez conseguida esta: ¿Cuál matrimonio?Pero las jóvenes siguen “cayendo” y por lo visto los países también. En estos días nomás tenemos el asunto de Colquiri, una mina (mina de verdad, no en sentido figurado) que fue explotada a su gusto y acomodo por la transnacional Glencore, sin cumplir con lo ofrecido, es decir las inversiones y ahora pretende recibir “indemnización”. Quisiéramos saber si algún padre indemnizaría a quien dejó a su hija “plantada”.A propósito de esto,  el Ministro de Minería y Metalurgia, Mario Virreira, señaló que el gobierno nacional “pedirá una indemnización económica a la empresa Sinchi Wayra por los años de explotación minera que realizó en distrito minero de Colquiri sin pagar impuestos”. Pero la filial de la transnacional Glencore se había adelantado al ministro y había pedido que el Estado boliviano la indemnice. Y aquí viene lo que nos preocupa, porque es historia ya conocida.“Habrá que evaluar, y el ministerio de Minería pedirá también una indemnización justa a Sinchi Wayra por ese periodo que ha explotado, en algunos tiempos, inclusive sin pagar aquellos ingresos, absolutamente nada”, sostuvo el ministro.O sea que habrá que hacer auditoría. Y una auditoría seria, confiable, además, como las que se ordenó a hacer en el caso de las petroleras para su última nacionalización. La historia de tales auditorías recién ahora se está conociendo, porque la vicepresidencia del estado plurinacional las mantuvo secretas y el mismo vicepresidente García pretendió desvalorizarlas afirmando habían intervenido en ellas “sociólogos y antropólogos”, como si esos profesionales no fueran indispensables para auditar los daños ambientales y daños sociales de una operación petrolera.El enemigo, entonces, son las corporaciones transnacionales, ocupadas en explotar petróleo, minerales, alimentos o cualquier otro “commodity”.Sobre esto alertaba hace poco la doctora en ciencias políticas y autora de “Informe Lugano”, Susan George, cuando escribía que “el capitalismo está en problemas. Seguramente no lo suficiente, pero tiene que lidiar con asuntos mucho más complejos que aquellos que enfrentaba hace una o dos décadas. No festejen – ni lloren – todavía. Un animal hambriento, acorralado, es más peligroso que uno bien alimentado, libre. El capitalismo se pregunta en cada momento, de dónde va a venir su próxima comida”.De esto todavía queda mucho en el tintero

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