Poner las barbas en remojo

Esto sucede principalmente cuando se habla de “democracia representativa” o modelos semejantes.Pero como construcción social al fin, la realidad muestra que también el concepto mismo de democracia puede cambiar, saliendo de las definiciones teóricas y mostrando en la práctica modelos...

Esto sucede principalmente cuando se habla de “democracia representativa” o modelos semejantes.Pero como construcción social al fin, la realidad muestra que también el concepto mismo de democracia puede cambiar, saliendo de las definiciones teóricas y mostrando en la práctica modelos siempre novedosos. Eso está sucediendo en varias sociedades actualmente, lo que hace pensar que estamos pasando de la tan difundida “democracia representativa” a la mucho más auténtica “democracia participativa”. Veamos las definiciones teóricas:Hay democracia directa cuando el poder es ejercido directamente por los miembros del pueblo. Hay democracia indirecta o representativa cuando la decisión es adoptada por personas reconocidas por el pueblo como sus representantes. Por último, hay democracia participativa cuando se aplica un modelo político que facilita a los ciudadanos su capacidad de asociarse y organizarse de tal modo que puedan ejercer una influencia directa en las decisiones públicas o cuando se facilita a la ciudadanía mecanismos plebiscitarios.Ahora analicemos un caso concreto: el de Colombia, donde está en marcha un plebiscito para revocar una ley, ya aprobada por el Poder Legislativo, pero rotundamente rechazada por la mayoría de los colombianos. El proyecto original de la ley se anunciaba como instrumento para mejorar la justicia, pero después de dos años de debates públicos y de algunos conciliábulos privados e inclusive secretos, termino siendo aprobada una ley que establecía en forma flagrante la impunidad para delitos cometidos por los senadores y diputados, supuestos representantes del poder popular.Hay que tomar en cuenta que Colombia es un país que vive una especie de guerra civil no declarada. A los grupos subversivos originales, a los cuales el establecimiento no podía (o no quería) derrotar, se sumaron hace unos años fueras “paramilitares” o “de autodefensa, como las llamaron.Esos grupos paramilitares se posicionaron muy bien, incursionaron en el tráfico ilegal de drogas, de armas y de minerales y  terminaron forzando con dinero o con amedrentamiento armado la elección de gran parte de los actuales senadores y diputados. Cálculos conservadores les atribuyen tener casi el 40% del Poder Legislativo.Ese fue el Congreso que aprobó la ley del conflicto. Por minutos no alcanzó a ser promulgada. Ahora ya está en marcha un movimiento plebiscitario, sin paternidad de ningún partido político, que comenzó a trabajar por la revocatoria.Pero el enano se creció y ahora no se está hablando solamente de revocar la cuestionada ley, sino de revocar inclusive el mandato de diputados y senadores que la engendraron. Necesitarán para hacerlo legalmente algo más de un millón de firmas registradas. Pocos dudan de que logren reunir eso e inclusive más, porque la “clase política” ha caído en rotundo desprestigio.Está como para alquilar balcones y también para poner las barbas en remojo, porque la paciencia del pueblo, de todos los pueblos, en algún momento se agota y cuando el pueblo se indigna cualquier cosa puede suceder.

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