Reflexiones desde el Cursillo Humildad
Pero miremos al Señor de los señores quien dijo: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir” (Mt. 20,28).Basta con tener noción de su vida, para darnos cuenta que fue un “acto de servicio”, servicio a los pobres, a los hambrientos, a los tullidos, a los leprosos.Nos...
Pero miremos al Señor de los señores quien dijo: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir” (Mt. 20,28).Basta con tener noción de su vida, para darnos cuenta que fue un “acto de servicio”, servicio a los pobres, a los hambrientos, a los tullidos, a los leprosos.Nos habló de los que buscaban los primeros puestos en la mesa y de los que quieren ser llamados maestros. Pero nosotros somos polvo, ceniza, nada, ¿de qué presumir?A nadie le resulta fácil la humildad, la soberbia vive agazapada en el corazón de los hombres. Los seres humanos captan la autenticidad de cada uno, por eso cuando una persona es soberbia como por alergia se retiran de ella, en cambio quien es sencillo, atrae, da confianza.Los que buscan el encanto de su propio castillo, los que andan buscando ser admirados, los que viven para contemplarse a si mismos, son almas terriblemente vacías, no tienen nada que dar y el orgullo no les permite recibir.Cuanto más sencilla seas, cuando menos busques satisfacer tu amor propio, más serás apreciada, el orgullo es el muro que te aparta de una sincera amistad; cuando mas nos creemos, menos luz reflejamos.El Señor dice: “Si no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mt 18,3).Muchos matrimonios no viven en armonía, porque ni el ni ella supieron dar paso a la humildad que restableciera la mutua comprensión que hace llevadera la convivencia; así como esos matrimonios aparentemente unidos, perfectos en su ajuste externo, como dos actores que salen a escena debidamente caracterizados.Falta de humildad en reconocer cada uno sus fallas. Cuantos matrimonios deshace la soberbia.Pero tu no te fijes en la del otro, fíjate en ti, destruye tu soberbia y entonces estarás capacitado para iniciar el diálogo de la preciosa armonía.La puerta del cielo es angosta (Mt 7,14), es tan angosta que solo los que doblan la cabeza pueden pasar por ella.No lo olvides, la puerta del cielo es estrecha y baja, si vas erguido espiritualmente, erguido no podrás entrar, es más fácil doblegar la frente que enanchar la puerta.Fíjate lo que dice el poeta: “El encanto de las rosas, es que siendo tan hermosas, no conocen que lo son”.


