Como los dinosaurios

Difícilmente encontraremos en el mundo una persona menor de 40 años que por lo menos no haya escuchado hablar de “ese” desarrollo.A partir de mañana, seguramente que tendremos avalanchas verbales sobre “ese” desarrollo, pero en la práctica lo que hacemos a nombre del desarrollo...

Difícilmente encontraremos en el mundo una persona menor de 40 años que por lo menos no haya escuchado hablar de “ese” desarrollo.A partir de mañana, seguramente que tendremos avalanchas verbales sobre “ese” desarrollo, pero en la práctica lo que hacemos a nombre del desarrollo (también en todo el planeta) no es coherente con la “sostenibilidad”, o como prefiramos llamarle a un modelo de vida que no agote, no destruya ni acapare los recursos naturales, sin los cuales es obvio que no se puede ni imaginar no digamos ya un “desarrollo”, sino ni siquiera la vida misma del ser humano en este estropeado planeta.La reunión que comenzará en Rio de Janeiro mañana se llama así: Conferencia de la Organización de Naciones Unidas  sobre Desarrollo Sostenible Río+20. Y lo único que está garantizado, como todo en ese nuestro vecino país, es el tamaño. La reunión será en grande, pero el tamaño lamentablemente no garantiza eficiencia. Pregúntenselo a los monumentales dinosaurios que no pudieron sostener su “desarrollo”, que fue precisamente frustrado,  detenido, acabado por cambios climáticos.Es que sobredimensionar no es garantía para ninguna forma de “desarrollo”. Pero traten de hacerle entender eso a quien está acumulando capital (sea persona, nación o empresa) y ahí terminará el diálogo. Si es que se pudo iniciar.Por eso dudamos que la mega reunión en Rio de Janeiro llegue por lo menos a convertirse en un diálogo o termine siendo, para mayor ironía, un literal diálogo de sordos.Hace 40 años, con evidente modestia, en Estocolmo, se reunieron solamente dos mandatarios para hablar de este tema: Indira Gandhi de la India y Olof Palme, de Suecia. Veinte años después, en 1992, en Río, otra conferencia, con 108 jefes de Estado y 17.000 participantes, aprobó dos convenciones (sobre cambio climático y conservación de la biodiversidad). Nada se cumplió A partir de mañana, otra vez en Rio participan 193 países y varios miles de ONG. Se han inscrito para hablar 130 jefes de Estado. Con semejante concurrencia nadie sabe quiénes finalmente hablarán y lo que vayan a decir es aún más desconocido.Ya se puede adelantar, sin embargo, que no habrá declaración oficial (como es ya moda en las últimas “cumbres”) y que Estados Unidos, cualquier cosa que resulte, no se comprometerá, porque siempre actúa así, no importa que se trate del Protocolo de Kioto o de la Corte Penal Internacional, que “valen” para todo el mundo, menos para los gringos.Pero a pesar de reuniones y de pomposos documentos incumplidos, el mundo está pensando seriamente en el planeta y la “conciencia ambiental” es incuestionable, especialmente para los jóvenes. Hace apenas una generación, o sea hace 40 años, aquí habríamos estados más interesados en las fogatas de San Juan. Pero eso  ha cambiado, lo cual nos hace abrigar cierta esperanza (muy moderada, pero esperanza al fin), de que no tendremos el mismo destino de los dinosaurios. Y esperaremos para ver con qué salen de aquí al jueves en Rio de Janeiro.

Más del autor