Como en el Titanic

Con muy altos costos sociales, pero controlable. Esos son cada día menos. Otros, en cambio, creen que esa crisis ya hizo metástasis. Y simultáneamente, crecen las angustias en otras economías, haciéndonos sentir de veras la globalización. La forma perversa de la globalización.La...

Con muy altos costos sociales, pero controlable. Esos son cada día menos. Otros, en cambio, creen que esa crisis ya hizo metástasis. Y simultáneamente, crecen las angustias en otras economías, haciéndonos sentir de veras la globalización. La forma perversa de la globalización.La recuperación en Estados Unidos pierde impulso; Japón no levanta cabeza; el Reino Unido, la economía más poderosa por fuera de la zona euro, entró en recesión por primera vez en dos años; India está asediada por la revaluación y el enfriamiento de su economía; China se desacelera, y el primer afectado en el equipo latinoamericano es Brasil, que les bajó los ánimos a todos en la economía internacional, con un crecimiento en el primer trimestre de solo 0,2 por ciento.El deterioro en la calidad de vida, el empobrecimiento de la población y la pérdida de las conquistas sociales han barrido con los políticos del viejo continente. Varios tuvieron que renunciar antes de tiempo como consecuencia de las presiones y revueltas sociales, otros fueron castigados en las urnas por el pueblo. La lista es larga: Silvio Berlusconi de Italia, Gordon Brown en Inglaterra, José Sócrates de Portugal, Yorgos Papandreu de Grecia, Brian Cowen de Irlanda, José Luis Rodríguez Zapatero de España y Nicolas Sarkozy de Francia, que perdió las últimas elecciones., son solo los más mencionados.  No hay presidente o primer ministro que esté a salvo del chaparrón de la crisis. Nos recuerda al Titanic donde (según la película) muchos creían que lo importante era que la orquesta siguiera tocando.Pocos remedios se han formulado y menos aún se han aplicado para esta metástasis. Dos de esos “remedios”, la disciplina fiscal y el rescate bancario, han sido cuestionados por voces como la del premio Nobel de Economía Paul Krugman, quien afirma que en lugar de salvar a las personas, como debe actuar la economía, se ha buscado rescatar a la banca. En ese ambiente está anunciada la reunión del Grupo de los Veinte (G-20) en México donde seguramente se debatirán entre estas dos concepciones, la del ajuste y la de impulsar el crecimiento. La Unión Europea ha sido incapaz de definir un plan de fondo, paralizada por las diferencias entre sus líderes en este tema. El G-20 se convirtió desde el 25 de septiembre de 2009 en el organismo que se ocupará de la situación económica mundial, desplazando al G-8 o el G-14. En su primera definición como foro permanente el G-20 se pronunció por políticas que resguarden el empleo decente, promovió regulaciones a los bancos de inversión y paraísos fiscales y avanzó en la reformulación del FMI y el Banco Mundial. Sin embargo, tanto en ese foro como en casi todos, los propósitos proclamados por los “encumbrados” no se parecen en nada a la realidad. Y de eso tendremos esta semana una prueba más en la multitudinaria reunión de Rio más 20.Mucho ruido, eso sí, pero definitivamente muy pocas nueces.

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