El Fassil irrumpe en la campaña tras un debate fajado
En apenas una hora, Velasco apostó por la moderación y Lara conectó un par de derechazos que pueden hacer daño
Los programas electorales llevan colgados en la web del Tribunal Supremo Electoral (TSE) más de cinco meses y todos los medios hemos hecho más o menos infinidad de notas sobre el contenido de los mismos y no, no son las notas más leídas del día, ni de la semana, ni del mes. Además ya se ha votado una vez así que no, al debate no se va a “conocer las propuestas” de los candidatos, sino a ver cómo se desenvuelven, es decir, cómo se atacan y cómo se defienden. En una hora de debate ni siquiera da tiempo a eso.
Juan Pablo Velasco ha estudiado muchísimo desde aquel mes de marzo en el que fue elegido como compañero de fórmula de Tuto Quiroga aunque resultaran indistinguibles. Salió a la cancha en modo buena onda y un par de patinazos sonoros lo obligaron a ello, pero siguió trabajando el perfil buenista y amable: “hablemos del futuro”, “digitalicemos”, “seamos mejores”, etc. El perfil es conservador y moviliza pocas emociones, aunque obviamente cuenta con la aprobación de su clase social, pero Tuto y todos los analistas saben que con ellos no gana.
En el salón de la FexpoCruz donde el Tribunal Supremo Electoral organizó este debate de aspirantes a vicepresidentes recibió dos mandobles sonoros de los que no supo salir: sigue sin explicar los tuits racistas, que son del paleolítico, pero que las verificadoras dicen que son ciertos, pero sobre todo, Lara metió en prime time el rol de su papá en la quiebra del banco Fassil y sus vínculos empresariales, que por cierto también llevan a los Fondos de Pensiones.
Velasco repelió el tema del racismo con el habitual: “hablemos del futuro”, pero encajó peor el de su papá y el Fassil: “las normas dicen que no se puede hablar de la familia y estás incumpliendo”, que aunque puede ser verdad, el impacto es sísmico y vuelve a dibujar dos Bolivias, la de arriba y la de abajo.
Velasco estuvo correcto en sus presentaciones sin elevar demasiado la voz y le puso un par de respuestas irónicas: “te honra pedir disculpas, aunque lo tengas que hacer cada tres días” o aquello de cobrar por día trabajado, no como el candidato/senador que además usa peregrinas excusas. Le sobró el “pajpaku”, que con seguridad le abrirá otro charco en la línea del racismo.
El cierre de Lara fue de mitin total apelando a las grandes mayorías que no gobernaron nunca, que a saber quienes son a estas alturas, pero que de momento le va sumando. Sonrió durante todo el debate hasta parecer cínico, pero colocó sus mensajes aun cuando estaban en el guion – lucha contra la corrupción, no voy a tapar a Rodrigo, el que la hace la paga, etc., - aunque Rodrigo tendrá que volver a aclarar lo del subsidio a los combustibles y alguna que otra cuestión técnica.
En definitiva, cada cual ganó en su burbuja y ninguno perdió los papeles, aunque JP se llevó más golpes bajos, que veremos cómo suman al resultado final de la partida.





