Mucha desigualdad es mala para la economía y aumenta riesgo sistémico

Desigualdad global está en aumento, y el riesgo sistema sube en paralelo.

Son distintos los estudiosos que encontraron que niveles demasiado altos de desigualdad resultan perjudiciales para la economía. Uno de los más recientes -y relevantes por la autoría- pertenece al mismísimo FMI, en el que reconocen una “fuerte correlación negativa” entre la desigualdad y la tasa y duración de los periodos de crecimiento económico en 153 países entre 1960 y 2010.

Según los investigadores del FMI, Jonathan Ostry, Andrew Berg y Charalambos Tsangarides, “una menor desigualdad neta está robustamente correlacionada con un crecimiento más rápido y durable, dado cierto nivel de redistribución”.

Y agregan que “la redistribución parece ser generalmente benigna en términos de su impacto en el crecimiento; sólo en casos extremos hay alguna evidencia de que pueda tener efectos negativos directos sobre el crecimiento. Por tanto, la combinación de efectos directos e indirectos de la redistribución -incluyendo los efectos sobre el crecimiento de una menor desigualdad- son, en promedio, favorables al crecimiento económico”.

Por su parte, el economista francés y profesor de la Universidad de Princeton, Roland Benabou, a través de un estudio de caso comparativo, demostró cómo Corea del Sur (más igualitaria) ha tenido un mejor desempeño económico histórico que las Filipinas (más desigual).

Benabou también enfatiza que uno de los factores clave que apuntala la supremacía económica surcoreana fue la protección de derechos de propiedad y el impulso estatal en favor de ciertas industrias estratégicas.

En palabras del experto, “los indicadores de protección de derechos de propiedad, como el imperio de la ley, el estado de derecho, exigibilidad y cumplimiento de contratos, etc., pusieron a Corea del Sur a la delantera”.

Esta situación general de los derechos de propiedad “fue probablemente instrumental, no sólo para la creación de un clima de negocios favorable a la inversión, sino sobre todo, para inducir a los hogares coreanos a confiarle gran parte de sus considerables ahorros a un sistema bancario controlado por el Estado, que a su vez canalizó créditos hacia las industrias consideradas estratégicas por el gobierno, sin excesiva disipación en el camino”, agrega.

Sin embargo, el economista británico, autor y columnista del Inverstors Chronicle, Chris Dillow, afirma que estas correlaciones son “sólo sugestivas” y que llevan a preguntarse acerca de los mecanismos mediante los cuales la desigualdad podría reducir el crecimiento económico.

Dillow, que pasó varios años trabajando en uno de los principales bancos de Japón, presenta algunos de estos posibles mecanismos.

Correlación negativa: a mayor desigualdad, menor crecimiento.

Impactos de la desigualdad en el crecimiento

Según el experto, la desigualdad fomenta a los ricos a invertir no en innovación sino en mecanismos que les garanticen el ejercicio y “atrincheramiento” de su privilegio y poder. “Esto incluye leyes restrictivas de derechos de autor, formas de supervisar y controlar a los trabajadores, y comportamiento corporativo y rentista y prácticas de presión que generan lo que algunos autores llaman ‘economía capturada’”.

Un ejemplo de este comportamiento fue la presión ejercida por los grandes bancos para obtener subsidios y beneficios, lo que, a decir del economista británico, “alentó la sobre-expansión del sistema bancario y la subsecuente crisis (de 2008), que ha tenido un masivo efecto adverso sobre el crecimiento económico”.

Asimismo, considera que las jerarquías corporativas muy desiguales pueden desmotivar a los empleados menores. “Un estudio de equipos de futbol italiano encontró que la dispersión de salario elevado tiene un impacto negativo en el rendimiento del equipo. Ese resultado es consistente con otro estudio sobre la Bundesliga alemana y la NBA estadounidense, realizado por Benno Torgler y sus colegas, quienes encontraron que las preocupaciones posicionales y la envidia reducen el rendimiento individual”, ejemplifica.

Confianza, incentivos y poder

Por otra parte, los expertos de la Universidad de Maryland, Eric Uslaner y Mitchell Brown, encontraron que “la desigualdad económica lleva a una menor confianza”. En otro estudio, Uslaner junto con Oguzhan Dincer, de la Universidad Estatal de Illinois, sistematizaron evidencia de que hay una relación positiva entre la confianza y el crecimiento.

Mientras que Roman Horváth, economista de la Charles University de Praga (República Checa), a través de un estudio cuantitativo con datos de casi 50 países, encontró que “la confianza es un impulsor importante para el crecimiento a largo plazo. Nuestros resultados muestran también que la confianza es clave para el crecimiento en países con un estado de derecho débil”.

Para Dillow, una de las razones más simples detrás de estos resultados es que “si las personas no confían en sus prójimos, no entablarán transacciones donde hay un riesgo de que sean engañadas”.

La desigualdad puede prevenir cambios que mejoren la productividad, afirma Samuel Bowles, profesor de economía en la Universidad de Siena (Italia) y del Santa Fe Institute de Nuevo México. Y es que, según profundiza Dillow, “la pobreza reduce los niveles educativos haciendo imposible que los estudiantes puedan costearse libros, y alentando que los estudiantes brillantes pero pobres abandonen antes de tiempo”.

El economista británico también considera que la desigualdad puede hacer que los ricos tengan temores sobre alguna futura redistribución o nacionalización, lo que les desalentará de invertir.

Chris Dillow, economista británico y columnista del Investors Chronicle.

Asimismo, la desigualdad de poder en algunos países, en los que los trabajadores han perdido poder de influencia, “ha permitido a los gobiernos abandonar el objetivo de pleno empleo y ha dado a las empresas más capacidad de aumentar sus ganancias reduciendo salarios y condiciones laborales. Eso a su vez ha desincentivado inversiones en tecnología que ahorre empleo”.

Si bien varios expertos señalan que cierto nivel de desigualdad en una sociedad puede ser “deseable”, porque genera expectativa e incentivos para la superación personal, para los emprendimientos, para la competitividad, etc., la evidencia presentada por estos autores muestra dos cosas importantes.

Una, que un nivel muy elevado de desigualdad puede ser dañina para el crecimiento económico y para la sociedad en general, incluso a niveles políticos: como dice Dillow, “si la desigualdad ha contribuido a un crecimiento más débil, es muy probable que haya contribuido al surgimiento de los populismos” que están en el ojo de la tormenta en distintas partes del mundo.

La segunda cuestión es que, la desigualdad en un contexto institucional y político que dificulta o frena la movilidad social, exacerbará los efectos perniciosos que los investigadores resaltan, e incluso tendrá el efecto contrario sobre el espíritu de superación, emprendimiento y competencia. Por ello, lo político importa, el poder y los privilegios son factores clave, y el rol que los estados juegan en una u otra dirección también.

Crecen la desigualdad y el riesgo sistémico

La Biblioteca de la Cámara de los Comunes del Reino Unido estima que, si las tendencias actuales continúan, el 1% más rico controlará casi el 66% del dinero del mundo para el año 2030. Considerando la tasa de crecimiento del 6% anual de la riqueza, tendrán activos por valor de aproximadamente 305 billones (millones de millones) de dólares, comparado con los 140 billones actuales.

Estos datos están en la misma línea con los de un informe publicado a principios de este año por Oxfam, que afirma que sólo ocho multimillonarios poseen tanta riqueza como 3,6 mil millones de personas, la mitad más pobre del planeta.

La riqueza se concentra en menos personas, según distintos estudios.

Ante este panorama, el reconocido economista marxista británico, Michael Roberts, afirma que, al igual que el cambio climático y el calentamiento global, “la desigualdad en todo el mundo ha llegado a un punto de inflexión irreversible”, y con ello “está creando las condiciones para el aumento de los riesgo e incertidumbre en las economías capitalistas”.

Esto se debe a que “la principal forma en que la desigualdad de la riqueza ha aumentado es mediante el aumento de los precios de los activos financieros”, que en términos marxistas, el experto denomina “capital ficticio”.

Dicho capital ficticio aumenta también gracias a que las empresas no se endeudan para invertir en activos productivos, sino para especular en el mercado de valores comprando sus propias acciones.

Según el último informe de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) sobre la estabilidad financiera en EEUU, publicado el 9 de mayo pasado, “el endeudamiento de las empresas es históricamente alto en relación con el producto interno bruto (PIB), con aumentos más rápidos de la deuda concentrada en las empresas de mayor riesgo, en medio de señales de deterioro de las condiciones de crédito. La deuda contraída por el sector empresarial se ha expandido más rápidamente que la producción en los últimos años, empujando la relación del crédito del sector empresarial con el PIB a niveles históricamente altos”.

Este endeudamiento descontrolado continúa gracias a que las tasas de interés de los créditos están cerca de sus mínimos históricos, explica al respecto Roberts. Y mientras las tasas de interés se mantengan bajas y no haya una gran caída de los beneficios empresariales, este escenario de endeudamiento de las empresas y las recompras de acciones en el mercado de valores pueden continuar.

“Pero si las tasas de interés comienzan a subir y/o los beneficios caen, el castillo de naipes empresarial podría desmoronarse”, advierte el experto.

El riesgo está en el aire

La lectura más reciente del Índice Mundial de Incertidumbre (IMI), que afirma medir la confianza de los inversores capitalistas a nivel mundial, muestra “un marcado incremento en la incertidumbre global en el primer trimestre de 2019”, que incluye ejemplos como la incertidumbre en Irlanda por el Brexit, en Gabón por los problemas de salud del presidente Ali Bongo Ondimba, en Sudáfrica por políticas sensibles, o en el Congo por las elecciones recientes.

Desigualdad y capital ficticio aumentan riesgo sistémico.

Los investigadores del FMI, Hites Ahir y Davide Furceri, en un trabajo conjunto con el profesor de economía de la Universidad de Standford, Nicholas Bloom, explican que la incertidumbre tiene “serias consecuencias para la economía”, y encontraron que su incremento “predice significativas reducciones en la producción”.

Según sus estimaciones, el aumento de la incertidumbre mostrada por el IMI puede reducir el PIB global en 0,5% a lo largo del año. Pero este efecto “puede ser más largo y más persistente aún en países con baja calidad institucional”, advierten los expertos. A su vez, Roberts agrega que la reciente caída de los precios de las acciones arrastradas por la guerra comercial entre EEUU y China “es una señal de lo que podría suceder el próximo año”.


¡Hola! En el diario El País apostamos por la innovación para darte un mejor servicio, por esto creamos nuestra Suscripción Digital con la que podrás disfrutar de acceso ilimitado y descuentos.

Podrás acceder desde cualquier dispositivo a nuestra Edición PDF y a nuestro Archivo Histórico Digital, en el que estarán disponibles nuestras ediciones desde 1991.

Cada mañana recibirás nuestro newsletter, El Despertador, con un resumen de las todas las noticias locales, nacionales e internacionales que necesitas saber para empezar el día.

También obtendrás descuentos en todos los "Lugares Favoritos" de El País, pudiendo ahorrar en diferentes servicios y productos que incrementará tu presupuesto mensual.

Todo esto por sólo Bs.1,70 al día. Haz clic aquí y suscríbete.