La “casta” no tuvo miedo
El concepto de casta ha perdido su significado y se ha convertido en un significante que cada cual acomoda. En cualquier caso, se votó más o menos “por lo de siempre”
Patria ganó la elección en Tarija y será la bancada mayoritaria en la Asamblea. Camino al Cambio quedó en segundo lugar y disputará la segunda vuelta. Suma además doce curules en el legislativo.
Adrián Oliva Alcázar, candidato de Patria, salió de la costilla de Camino al Cambio y de hecho fue asesor de despacho de Mario Cossío, quien pugnaba por el mismo cargo y acabó cediendo el testigo, esta vez sí, a otra profesional que también trabajó en despacho: María René Soruco Campero.
El primer asambleísta por Cercado de Patria es Fabián Ochoa Requena, el de Camino al Cambio, Mariela Baldivieso Castillo. Fabián trabajó como vocero de Paz en campaña y se adscribe al MIR; Mariela acaba de cerrar la legislatura como diputada titular por Comunidad Ciudadana, la misma alianza que reunía a Luciana Campero y también a Rodrigo Paz.
Rodrigo Paz es Paz, sobrino de Víctor Paz Estenssoro e hijo de Jaime Paz. Como poco, 90 años en política en Bolivia – aunque la estirpe venía de lejos -. En una de las muchas definiciones de “casta” de las que ahora se manejan, su foto aparece al lado.
Oliva ya había empezado a correr en solitario, pero Paz Pereira dio el sí a una alianza nacional – Patria – para tratar de consolidar poder territorial, aparentemente para “facilitar” la gestión gubernamental, aunque luego en campaña haya tenido que decir que con todos bien. El contexto le pareció bien a Oliva y dio el sí – antes del gasolinazo, del ingreso a Tariquía y del lío con el 50-50 -.
Patria también fichó a Luciana Campero para la Alcaldía. Campero tenía números y ofertas, pero también pesadillas: en las nacionales “se perdió” un papel en las catacumbas del TSE y no pudo candidatear y después se cerró el paso a su sigla propia. En ese contexto se sumó al aparato del presidente, dejando en esa decisión su principal caballo de batalla: la renovación.
En el juego, por cierto, hay tres Ávilas. Gustavo, presidente del TSE y con el que tenía pesadillas Luciana; Diego, al menos 20 años de gestión pública con Cossío, con Montes, con Rodrigo y ahora presidente del Senado con la misión encomendada de reivindicar el legado de Paz Pereira en Tarija y que avaló el “fichaje” de Luciana, y Gonzalo, que es el más joven y candidato a Vicegobernador de Camino Democrático al Cambio. En principio no son familia, al menos cercana, porque en Tarija nunca se sabe…
Para algunos, el armado de Oliva es una suerte de reconfiguración de estatus de las “élites” tarijeñas. Una suerte de reordenamiento, mientras que el de Camino al Cambio es una suerte de renovación generacional de las mismas.
En diciembre de 2010 cayó Cossío y el MAS quedó al cargo hasta 2015 (aunque Marcelo Poma, entraña del MAS, asegura que Lino Condori gobernó con los mismos de siempre). En 2015 ganó Oliva en una alianza de todos contra el MAS, pero cuando quiso poner orden se le rebelaron los socios, que lo desalojaron del poder en 2021 con una alianza similar pero encabezada por Óscar Montes, otro poder en sí mismo, escindido del MIR y que tras 15 años en la Alcaldía configuró sus propias redes, aunque al final de la partida, ahí seguían los Paz, a los que les había dejado el poder también en 2015.
En la alcaldía quedó Johnny Torres, el más pragmático de todos, con tradición emenerrista pero no elitista. Siempre estuvo ahí pero el discurso de la casta no le hizo ni cosquillas: superó su propia votación. Fue el primero en darse cuenta de que aquello de las megacoaliciones no funcionaba ni en lo nacional ni en Tarija y se deshizo de la propuesta a la primera duda, además con guasa: a su alianza le llamó Primero Tarija.
El FRI de Motete Zamora, que estuvo con Cossío, con Oliva, con Carlos Mesa y con Tuto Quiroga, ahora está con Paz. A ese frente intenta sumarse también otro ilustre, Víctor Hugo Zamora, mano derecha de Montes en La Paz, azote de Paz Pereira durante su gestión, exministro de Hidrocarburos de Áñez huido a Brasil y a cuyo retorno le quitó la sigla de UNIR a Montes para regocijo de Patria e hizo una vistosa campaña para alcalde para la que fue inhabilitado, como Cossío. Curiosa decisión.
Oliva quería revancha y Paz Pereira acudió en su auxilio. Cossío también, pero ni Montes ni Torres le han asistido. Al menos de momento.
Derrumbado el MAS en Tarija, que nunca llegó a ostentar el poder local salvo en el largo y fallido interinato de Lino Condori, pero que llegó a reunir un 40% de la votación de forma estable, se ha repartido sin demasiado criterio entre otras opciones: el PDC, que tiene un discurso medio evangélico medio liberal a la medida del poder gremial; el MTS de Centeno y Mancilla; el NGP de un Never Antelo también aferrado al discurso de cambio y el ISA de un Wilfredo Vicente cercano a Edmand Lara, han sumado un 30% de los votos, todos por encima de la reformulación del evismo que se ha quedado con 3,53% de los votos y muy lejos de su voluntad de reunificar y liderar el sector.
El pragmatismo se impuso una vez más en Tarija, dividida en sus élites ahora que la ocasión lo propicia. Lo que es seguro es que “la casta” no tuvo miedo.





