Los tiempos de Mario
La carrera electoral empieza, pero CDC depende más de los tiempos del Gobierno que de los propios
La política en Bolivia es muy difícil de abandonar. Mario Cossío ha pasado casi una década en el exilio en Paraguay y cinco años más de ostracismo. En 2020 no calculó bien los tiempos y quedó fuera del Senado – con el mismo argumento de residencia interrumpida que se usó para inhabilitar a Evo Morales, que de nuevo se cruzó en su camino –. Después tampoco le alcanzó para colocarse en la plancha departamental en 2021 porque Johnny Torres y Óscar Montes ya habían copado para sí los puestos principales.
Lo del trabajo hormiga o de segunda línea nunca fue con él, así que mientras los dos referentes de Camino al Cambio - María Lourdes Vaca y Mauricio Lea Plaza – volvían a quedarse al frente haciendo gestión y trabajo político dentro de la coalición con Montes, (siempre con reservas), Cossío se mantuvo a caballo entre Bolivia y Paraguay, donde básicamente ha completado su carrera profesional.
El objetivo siempre fue volver a la Gobernación y no hace falta ser un gato andino para entender que la de marzo 2026 podía ser la última oportunidad de una generación que es responsable por igual de los éxitos y fracasos de la política departamental de lo que va de siglo.
El derrumbe del Movimiento Al Socialismo (MAS) - al que recurrentemente se le atribuyen todos los males del departamento - por su incapacidad para transformarse en algún proyecto viable; pero también la esperpéntica performance de Edman Lara y escasa capacidad para aglutinar sectores populares, ha reducido prácticamente la batalla por la Gobernación a una sola parte del tablero. Hay nueve fórmulas, aunque solo cuatro candidatos habilitados. Todos, en cualquier caso, necesitarán acercarse a las bases populares de lo que fue el entramado del MAS y que en Tarija llegaron a sumar algo más del 40% en más de una ocasión.
Cossío es casi un desconocido para una buena parte de la población votante, los que se iniciaron después de 2010, o los que llegaron al calor de los buenos tiempos gasíferos, lo conocen por referencias o recuerdos lejanos, eso sí, todos ellos cargados con juicios de valor. Su retorno a finales de 2019, luego de la caída de Evo Morales y su régimen, no fue lo apoteósico que hubiera deseado, y desde entonces tampoco se ha esforzado en reconstruir su aura. Su intermitencia y su recurrente interés en mostrarse por encima de las batallas ordinarias lo han dejado en el armario demasiado tiempo.
El plan
Mario y su equipo confían en las posibilidades de que su figura vuelva a ser factor de unidad y alternativa, aunque no quieren hablar en pasado, sino en futuro.
La narrativa se basa en tres pilares: es un referente antimasista sin sombra de sospecha; tiene experiencia de gobierno – aunque esto a veces pesa como una roca – y tercero, no es “oficialista”, entendiendo que no será un “prefecto” (porque se supone que los tarijeños no quieren un prefecto) aunque sus tesis sean prácticamente coincidentes con el Gobierno de Paz Pereira.
Mario aún no se ha subido al ring. Sigue paseando por calles y redes en formatos prediseñados que quedan bien por su carisma natural, y esperando a que el tiempo pase, porque puede ser su gran aliado.
El tiempo corre para Patria, la alianza del presidente Paz Pereira que quiso pero no pudo ganar en Tarija y que se viene metiendo en charcos complicando a sus candidatos, sobre todo Lu Campero y Adrián Oliva, que tenían experiencia y narrativa suficiente para ir en solitario y que tienen que lidiar ahora con lodazales que no comparten.
Cossío quiere correr por el centro, sumar sectores tradicionales, populares y campesinos, pero sin nada por la izquierda y sin nadie con quien polarizar respecto al pasado, la estrategia de diferenciación con el resto de candidatos seguramente se centre en los contrastes personales,
Las carreras electorales son cortas, pero el éxito depende en buena medida del acervo construido por años, a lo que se suma ahora además los impactos sustantivos en redes. Mario es candidato oficial, pero no maneja sus tiempos, pues dependen en buena medida de lo que el Gobierno y sus opositores acaben definiendo. Puede ser un problema. Puede ser una oportunidad. Su última oportunidad.





