Luciana oficialista
Campero tiene una historia de combate legislativo y fiscalizador contra el MAS – que ya no existe -, y una narrativa de juventud y renovación, que no siempre ayuda
Uno de los misterios a resolver el pasado viernes 26 de diciembre era precisamente la decisión de Luciana Campero, diputada estrella de la pasada legislatura y “raleada” a la mala en la inscripción de candidaturas para las nacionales de este año, donde se quedó sin la primera senaduría que obtuvo Libre por un “error” en el registro aun no aclarado.
Campero destacó por su vehemencia desde el primer minuto de la legislatura pasada. Llegó al parlamento como suplente de Edwin Rosas – la ficha de Rodrigo Paz en la coalición de Comunidad Ciudadana de Carlos Mesa – pero celular en mano denunció cada una de las irregularidades que se sucedían en la cámara.
Ya empoderara en el rol de azote mediático, empezó a recibir filtraciones y documentos que señalaban grandes negociados que otros no se atrevían a denunciar: fue la primera en hablar de BoTrading, pero hubo muchos más.
Totalmente comprometida con la causa “antimasista”, tomó la iniciativa para tratar de que las elecciones judiciales tuvieran algún tipo de utilidad y conformó sus “listas azules” entre candidatos de todos los departamentos. El éxito de la iniciativa es evidente, aún así no contó con el respaldo de su partido al que ella fue leal hasta el final.
Entrando en la treintena, Luciana ha conocido ya los rigores de la política y su colección de chicanas. No fue “librepensante”, pero sí un espíritu libre y combativo que incomodó a muchos compañeros de bancada que solo querían pasar el rato. Eso le granjeó enemigos sibilinos.
Campero no quiere hablar demasiado de lo que sucedió en las nacionales. Teniendo asiento seguro en Unidad, dio portazo por principios y se quedó fuera por alguna mano negra que no quiere acabar de identificar – mano “amiga” para unos, hilos del TSE para otros… -. El viernes cuando la Policía le impidió el ingreso al TED para registrar su propia candidatura se removieron los fantasmas.
Campero tiene una historia de combate legislativo y fiscalizador contra el MAS – que ya no existe -, y una narrativa de juventud y renovación, que no siempre ayuda. Su peor enemigo parecía estar en el Tribunal Electoral, que de nuevo impidió la participación con su sigla, por lo que acercarse a Patria, el partido oficialista de Rodrigo Paz, parece ser una buena estrategia para evitar sorpresas, y aunque le reste parte de su propia narrativa, también le sirve para contrarrestar los efectos de la juventud que suele “asustar” al votante promedio conservador tarijeño.
Como sea, Luciana ha dado un giro de 180 grados en su desempeño político y toca ver cómo lo defiende.





