Las estrategias que si funcionaron (y las que no)
Paz, Tuto y Del Castillo son los grandes ganadores, mientras que Andrónico, Samuel y Manfred acaban estrellados en sus pretensiones
La campaña de 2025 ha sido sin duda una master class política donde algunos de los mejores estrategas del continente se han enfrentado buscando un buen resultado electoral para sus contratantes, y en algunos casos, milagros: Jaime Durán Barba con Tuto, Armando Briquet con Manfred, Ana Iparaguirre con Samuel, Antoni Gutiérrez Rubí con Andrónico… pesos pesados de la estrategia en un país que, por cierto, siempre ha sido vanguardia en sus cambios y decisiones.
Lo cierto es que la partida parecen haberla ganado los estrategas nacionales: Jaime Paz y Óscar Eid le dieron una brillante primera plaza a Rodrigo Paz Pereira y Daniel Llorenti, con una delirante campaña, ha logrado salvar la sigla del MAS con Eduardo del Castillo, sin embargo, conviene anotar los errores y aciertos para el futuro.
Tuto y la derecha
Tuto se impuso dentro del bloque opositor a su principal adversario, que era Samuel Doria Medina, con el que pactó una alianza en diciembre que rompió unos meses después para inscribirse por separado. Tuto parecía ir por debajo y las encuestas así lo fueron registrando, pero en el momento clave, saltó.
El voto de Tuto no está sobre el terreno ni acude a los mitines, el de Samuel tampoco. Por eso ambos se centraron en las redes sociales y la televisión, principalmente. Las dos últimas semanas han sido claves, y ahí ha jugado un papel clave un activista habitual de los círculos más a la derecha, Javier Negre, que llegó al país con la única intención de develar “el izquierdismo de Samuel Doria Medina”.
Aunque hace una década se consideraba esos conceptos amortizados, desde la irrupción de Javier Milei se han recuperado esos clivajes, aunque no se acomoden exactamente a la realidad boliviana. Doria Medina es efectivamente el vicepresidente de la Internacional Socialista y su programa contiene, efectivamente, un programa socialdemócrata, es decir, que promueve la participación del Estado en la economía. El feroz ataque en redes ha interpelado a muchos votantes opositores del MAS que en realidad no tenían definidos sus parámetros políticos. Cuando lo han hecho, han apostado por Tuto.
Paz Pereira y la combinación
Rodrigo Paz Pereira se lanzó a la candidatura sin partido, sin sigla y sin compañero de fórmula: unos videos en Instagram que decían “vienen tiempos mejores y un par de entrevistas donde advirtió que quería “jugar en la cancha del cambio de titular”. Fichó un vicepresidente millonario, Sebastián Careaga, que acabó “asegurando su inversión” como senador de Samuel Doria Medina. Ahí apareció el capitán Edman Lara y toda la campaña cobró sentido.
Lara era esencialmente un policía raso que salió del cuerpo tras denunciar corrupción y que sobrevivió vendiendo ropa usada como el común de los mortales. Paz Pereira se definió como el rostro nuevo pero con la suficiente experiencia para administrar exitosamente un gobierno.
La mezcla era delicada, pero funcionó. Ambos recorrieron el país e inundaron las redes. En Tarija ni siquiera hubo eventos masivos y en las capitales optó por comunidades menores. No importó. Ambos se convirtieron en el lugar seguro donde el bloque popular, que nunca votaría a la oposición tradicional por cuestiones identitarias, depositó su confianza.
El descalabro de Andrónico
Entre las campañas que acabaron en desastre está la de Andrónico Rodríguez y Mariana Prado. Nunca se supo qué querían comunicar ni cuáles eran sus fórmulas. Empezaron tarde y con demasiados remilgos para no incomodar a Evo y, si había suerte, les endosara su voto. Nunca pasó. Nunca iba a pasar.
Andrónico fue señalado como sucesor desde 2019 y aupado a la presidencia del Senado para ganar experiencia, pero nunca se soltó: nunca se salió de la comunicación institucional y nunca dio entrevistas. A la primera pinchó. También a la segunda, y a la tercera… Mantuvo el tipo en el primer debate de la OEP, pero se dio el lujo de faltar al segundo a cinco días de la votación. Es verdad que para entonces todo estaba perdido.
Rodríguez y Prado nunca llegaron a complementarse bien. De hecho, la representante de Álvaro García Linera fue siempre cuestionada. Hasta última hora.
La salvada de Del Castillo
Lograr un 3% de los votos era una misión casi imposible para quien quisiera abanderar la sigla que soportaba al gobierno con peor valoración de la historia en la región. Pero lo logró. A Eduardo del Castillo le ha ayudado el voto nulo a la hora de calcular porcentajes, pero aún así, su campaña es de locura.
De entrada se enfundó la gorra roja de Trump y le llamó a su programa “Bolivia Primero”, hizo bromas sobre ello, sobre él mismo sin parar, e inundó las redes con gatitos y otros memes trending topic. Además se defendió con nota en los debates. Quién sabe si muchos funcionarios públicos que antes o después perderán su trabajo le mandaron la foto del voto, lo que es seguro es que algunos jóvenes sin demasiada historia le acabaron dando el apoyo y que la sigla del MAS sigue viva.
Manfred y el Bukele que no fue
Manfred Reyes Villa se lanzó como candidato cuando la economía no era el problema principal, sino más bien, en su esfera, se planteaban opciones para salir de un gobierno del MAS sin que el país se derrumbara. Hacía falta “mano dura” para corregir los defectos, y ahí apareció el capitán, que además tenía algo así como una cuenta por saldar respecto a 2009.
Las encuestas lo pusieron delante cuando no había nadie más confirmado, desde entonces empezó a caer. Pidió demasiada fe y promocionó el litio como salvavidas mediante una concesión que ya tenía adjudicada y que no quiso compartir. Demasiada traca para encima después afearle a Doria Medina que pretendía entregar el litio. Con 70 años, su oportunidad ha pasado.
La caída de Samuel
Samuel Doria Medina ha sido de largo el candidato que más errores simples ha cometido, lo que le ha acabado penalizando.
Prometió sacar al país de la crisis en 100 días y nunca actualizó el eslogan, que estuvo tan presente que obligó a hacer preguntas. Las respuestas fueron vagas y basadas en los actos de fe: “nosotros sabemos hacerlo”.
El encuadre “no soy político” nunca cuajó; acusar a Tuto de vivir toda su vida del Estado le granjeó enemistades íntimas. Su candidatura sufrió numerosos pinchazos entre sus candidatos a diputados y senadores, donde se desvelaron historias muy opacas: Samuel las solventó liquidando al aspirante a parlamentario sin piedad y asegurando que “no sabía”. Negar a Áñez y su participación en aquel gobierno, aunque fuera de refilón, le acabó penalizando.
Eligió un vicepresidente que era su réplica y adoptó un tono de suficiencia que lo hizo parecer "sobrado". En redes siguió haciendo “bromas” para engatusar jóvenes mientras Negre y compañía disparaban con bala. Samuel nunca supo explicar qué era la socialdemocracia, porque obligaba a reconocer que apostaba por la participación del Estado en la economía, lo que para Milei y sus discípulos formados en TikTok suponía una confesión de zurderío intolerable. La incoherencia se paga. Y se pagó.
Esa cosa rara que es Johnny
Johnny Fernández es millonario de cuna y bastante caprichoso, pero jugarse la herencia de papá de esas maneras parece de suicidas. Nadie había invitado al alcalde de Santa Cruz a esta fiesta, no lo necesitaba, su sigla estaba a salvo y era evidente que en solitario no iba a ganar, pero en algún momento soñó que el masismo sociológico lo aceptaría como líder si Andrónico, Evo o alguno se montaba en su sigla.
Esperó al evismo hasta el final de los tiempos, pero el evismo se decantó en serio por el voto nulo. Y así se estrelló “la dupla ganadora”.
Pavel es ingeniero
Y por último Pavel Aracena. ADN era la muleta de alguien, el plan B que al final no hubo que utilizar. Se supone. Intentó salvar la sigla con una performance bien conservadora y apelando a un intangible: “soy ingeniero”, que en clave interna implica reconocerse capaz de cualquier cosa, pero ni los ingenieros le respondieron. ADN volverá al ostracismo.
La radiografía
Hace tiempo que las encuestas no son “la radiografía del momento” sino más bien, un elemento sobre el que construir las narrativas de campaña y que se deben ponderar en un “continuo”- En esas, el resultado final viene ser una suerte radiografía del momento de la estrategia de campaña. La que fracasó estrepitosamente podría ser exitosa en el futuro y viceversa, porque nadie vota para siempre, ni nadie es propiedad de nadie.





