Análisis: Un Quintana sin Gobierno
No por esperada ha dejado de sorprender. Esta vez sí. El superministro Juan Ramón Quintana deja el ministerio de la Presidencia y la boca abierta tanto a fieles seguidores del presidente Evo Morales como a sus acérrimos críticos.
Como cada año, Quintana estaba en las apuestas para abandonar el Gobierno. Y como cada año, nadie las creía. Ni lo de que sus colaboradores se habían quedado sin contrato, ni las filtraciones de sus cercanos que aseguraban que no iba más, ni las fotos de la cena despedida del jueves en Palacio… No se podía creer.
Juan Ramón Quintana, el hombre que ha gobernado desde La Paz los últimos cinco años mientras Presidente y Vicepresidente recorrían el país y el mundo; el fontanero real, el amo y señor de la Inteligencia del Estado, el ideólogo de la estrategia del aplastamiento…
El Ministro de la Presidencia ha pasado su última etapa en el Gobierno desde que volvió de su exilio táctico en Ademaf, acumulando poder. Colocando personajes claves en los viceministerios y en toda rendija por la que supuraba el poder real… para acabar con una renuncia voluntaria.
Juan Ramón Quintana se va porque quiere, aunque de alguna forma, a partir de hoy será presentado como el perdedor. El culpable de la estrategia fallida del enfrentamiento que ha llevado al Gobierno a sus peores índices de popularidad; y sobre todo, a perder un referéndum que el mismo impulsó.
El Vicepresidente Álvaro García Linera, el gran hacedor del nuevo Gobierno pensando ya, probablemente, en los seis meses que abrazará y exprimirá la presidencia cuando Morales renuncié para volver a postularse, sacrifica a su mejor gregario, a su primera espada. Quintana, ex Mayor de Ejército, lo acepta con la disciplina pública del soldado. Veremos si también con la diligencia conspiradora tan habitual en las Fuerzas Armadas.


