Elecciones en el país vecino
Lula endurece el tono en un Brasil más polarizado
El presidente busca un cuarto mandato frente a Flavio Bolsonaro, respaldado de nuevo por Donald Trump
"Se acabó el Lula paz y amor, ahora viene el Lula bravo". Con esa frase, Luiz Inácio Lula da Silva cerró el acto en el que el Partido de los Trabajadores (PT) lo proclamó candidato a la reelección para las presidenciales del 4 de octubre. A sus 80 años, el mandatario busca un cuarto mandato con un discurso mucho más combativo que el que lo devolvió al poder en 2022.
Aunque mantiene la estrategia de una amplia coalición —con Geraldo Alckmin como vicepresidente y el respaldo de una docena de partidos, además de antiguos adversarios como Soraya Thronicke—, Lula ha endurecido su retórica en un escenario de creciente polarización.
La campaña está marcada por la influencia de Estados Unidos. En 2025, Eduardo Bolsonaro promovió desde Washington sanciones contra magistrados brasileños y medidas comerciales que derivaron en aranceles estadounidenses. Jair Bolsonaro fue posteriormente condenado a 27 años de prisión por el intento de golpe de Estado de 2022, mientras que su hijo Eduardo también fue condenado por coaccionar a la justicia y permanece en EE.UU.
En julio, Washington volvió a imponer un arancel del 25% a la mayoría de las importaciones brasileñas. La medida terminó perjudicando la estrategia de Flávio Bolsonaro, candidato de la ultraderecha, que había intentado convencer a la Casa Blanca de aplazar o evitar las sanciones por su impacto electoral. Lula ha aprovechado la situación para presentar a su rival como un político subordinado a intereses extranjeros y reivindicarse como defensor de la soberanía nacional.
Ese discurso parece encontrar respaldo. Una encuesta de AtlasIntel para Bloomberg indica que el 43,3% de los brasileños considera que los aranceles buscaban influir en las elecciones, mientras que la mayoría de los sondeos sitúa a Lula por encima del 40% de intención de voto y con unos seis puntos de ventaja sobre Flávio Bolsonaro.
Pese al tono de campaña, el Gobierno ha respondido con prudencia. Alckmin descartó represalias comerciales, apostó por mantener las negociaciones con Washington y anunció un paquete de 18.500 millones de reales para apoyar a las empresas afectadas, además de impulsar la diversificación de mercados.
En política exterior, Brasil también ha mantenido un perfil bajo ante el endurecimiento del bloqueo a Cuba y la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses. Sin embargo, Lula ha convertido el intervencionismo de Washington en un argumento electoral y ha prometido reforzar la industria de defensa para garantizar la soberanía del país.
Del otro lado, Flávio Bolsonaro reivindica abiertamente el legado de su padre y ha construido una candidatura respaldada por la red internacional del bolsonarismo. Su proclamación contó con mensajes de Benjamin Netanyahu, Eduardo Bolsonaro desde Estados Unidos y la presencia del presidente argentino Javier Milei, cuyas duras descalificaciones contra Lula desencadenaron una crisis diplomática entre Brasil y Argentina.
La elección brasileña también tendrá impacto regional. Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, la derecha ha ganado las siete últimas elecciones presidenciales celebradas en América Latina. Brasil aparece ahora como la principal oportunidad para romper esa tendencia.
La justicia también seguirá ocupando un lugar central en la campaña. Además de la condena contra Jair Bolsonaro, el Supremo autorizó recientemente investigar a Fábio Luís Lula da Silva, hijo del presidente, por presunto tráfico de influencias y corrupción.
Lula, sin embargo, pidió a su militancia no confiarse por las encuestas. Recordó que la campaña oficial comienza el 16 de agosto y aseguró que "el campeonato empieza ahora", cuando iniciará su recorrido electoral en São Bernardo do Campo, cuna de su liderazgo sindical.








