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Mediterráneo: Tiempos de Donroe
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Estimados y estimadas
La doctrina Monroe sigue estos días ocupando miles de artículos, podcast, análisis. Donald Trump sigue siendo el epicentro de la política internacional y envalentonado tras la “exitosa” “extracción” de Nicolás Maduro de Venezuela – que visto lo visto bien podía haberse entregado y ya – las casas de apuestas corren posiciones sobre la intervención en Irán – quizá esta misma noche -, sobre una probable operación en Cuba o, la más arriesgada, los siguientes pasos que dará Trump sobre Groenlandia, que día sí y día también señala como imprescindible en sus planes geopolíticos de dominación hemisférica.
Quién más quién menos hemos leído estos días sobre la famosa doctrina que lleva 200 años rigiendo la política exterior de Estados Unidos y hay enfoques divergentes, pero al final coincidentes: lo importante no es tanto la doctrina en sí, que de hecho fue formulada más como una política interna defensiva frente al probable interés de las potencias europeas en reconquistar “sus” territorios independizados aprovechando el impacto de las guerras napoleónicas, sino más concretamente, el “corolario”, es decir, el enfoque que cada presidente de los Estados Unidos le da en función de sus intereses, y que suele quedar plasmado en sus documentos estratégicos de la Defensa.
Si tienes tiempo te dejo el podcast del Orden Mundial sobre el tema que es espectacular.
La cuestión es que en origen, la doctrina Monroe podía ser perfectamente compartida por Simón Bolívar y el resto de los héroes de la liberación, pues propiciaba una visión panamericanista frente a las potencias europeas, que en 1823, cuando se formuló, seguían siendo superiores económica, militar y tecnológicamente.
Después llegaron enfoques que justificaron el expansionismo de los Estados Unidos en el resto del continente, pero también del mundo. Una suerte de “protectorados” que facilitaban la dominación económica y que al final, desembocaron en la rotunda diferencia entre los subcontinentes.
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Hay estudios que profundizan sobre las diferentes historias de colonización del norte y del sur, cada cual con su genocidio, uno mucho más profundo que el otro, como origen; otros señalan la diferencia espiritual central: católicos versus protestantes; y otros señalan concretamente a las élites de uno y otro bloque como responsables: mientras unos asumieron su “destino manifiesto” cortando lazos con Europa, otros quedaron atrapados en la melancolía.
La historia de los últimos 200 años en este lado del mundo, pero también en el mundo entero, se lee con facilidad desde esa óptica. El hecho de que las organizaciones institucional sudamericanas nunca hayan llegado a consolidarse tienen que ver con estas ópticas del siglo XX, y hasta hoy.
El corolario Trump a la doctrina Monroe sigue examinado por los grandes exponentes y analistas de las Relaciones Internacionales. El documento estratégico publicado a finales del año pasado fue una patada en la puerta, pero para otros la confirmación de un viraje que se fue dando a lo largo de 2025 con todo el lenguaje hostil y agresivo que acompaña siempre las iniciativas de Donald Trump, y que algunos leen como una capitulación.
Su segundo mandato inició sacudiendo fuerte a la OTAN e imponiendo unilateralmente aranceles mientras se salía tangencialmente de los conflictos en Ucrania y Taiwán y tomaba posiciones en Medio Oriente con el mismo propósito, colocarse de árbitro, afuera, aunque al principio parecía al revés.
El documento consagra a la vez la voluntad de Trump de hacer lo que quiera en su “hemisferio americano”, pero también se entiende como la renuncia a participar de los conflictos en el resto del mundo. En otras palabras, deja a Rusia y China que hagan lo que quieran y a Europa, que se las arregle.
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La voluntad de Trump de imponer su voluntad en toda América ya venía anunciada, pues viene recomendando por quién votar en cada elección y condicionando recursos a las victorias de unos o de otros. Mientras, el vecindario parece propicio a la genuflexión ante Trump y muchos gobernantes o aspirantes han protagonizado momentos humillantes, aparentemente, para congraciarse con el matón del barrio.
El último episodio en Venezuela, con la captura de Maduro, la unción de Delcy Rodríguez y el raleo a María Corina Machado, que fue a Washington a entregarle la medalla del Nobel de la Paz y ni siquiera compartió conferencia de prensa es doctrina Monroe a fondo.
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El gobierno de Rodrigo Paz Pereira ha apostado por la alineación total y lo deja ver cada vez que hay ocasión: saludando los saludos, reabriendo embajadas, votando a favor de Israel en la ONU, Starlink, DEA, todo.
Después de muchos abrazos, saludos y motosierras, a Javier Milei le prometieron un swap de 20.000 millones cuando tambaleaba el dólar y le costó la apertura de mercados hasta agropecuarios en la Argentina. Pronto veremos qué sigue en Bolivia y en el resto del continente. Se vienen tres elecciones clave justamente este año, con muchos intereses en juego
Mercosur: El acuerdo de nunca acabar
¿Qué pasó?
Si nada lo evita (por enésima vez), este sábado se firma el acuerdo Unión Europea – Mercosur, negociado durante un cuarto de siglo y dado por cerrado en varias ocasiones en los últimos cinco, pero que aún sigue teniendo flecos.
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¿Y ahora qué?
Se supone que este sábado Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea – que viene a ser algo así como el gobierno tecnocrático de la UE pero que no sustituye a los presidentes de cada país – firmará el acuerdo comercial, mientras que los puntos que hacen más a la geopolítica, deberán pasar por los 27 parlamentos nacionales… y puede naufragar, obviamente.
Del acuerdo se dice que constituirá una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo con 700 millones de consumidores afectados y que liberará aproximadamente el 91% de los aranceles, la Unión Europea espera aumentar 50% su volumen de negocio, hoy estimado en unos 100.000 millones de euros, y el Mercosur tener un mercado alternativo a China e incrementar las inversiones. Un poco lo de siempre pero quizá con un poco más de justicia: hace 25 años la UE quería vender electrodomésticos y comprar trigo a precio de gallina muerta y hoy quiere vender autos eléctricos y comprar tierras raras, porque nadie cree que los franceses vayan acabar cediendo, sino que redoblarán el boicot a todo lo agroindustrial.
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La parte política ilusiona especialmente a Europa, al menos a sus socios más europeístas. Aislada y acongojada por la ofensiva de Donald Trump, lo de establecer relaciones por su cuenta le da una suerte de plus a un conglomerado de países que sigue teniendo el nivel de vida y protección social más alto del mundo, pero que ha perdido influencia global a medida que sus ejércitos se han ido “moderando”.
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¿Qué hay de lo nuestro?
Bolivia todavía no acaba el tortuoso proceso de ingreso formal al Mercosur, pero se supone que acabará pronto cuando se adecúen algunas normas internas. En ese contexto y siendo una de las economías más débiles del bloque, se presupone que tendríamos más que ganar. Bolivia no es un mercado que interese especialmente ni a los vehículos alemanes ni a los vinos franceses, pero desde luego, a Europa sí le interesa el potencial inexplotado del país.
Para el oriente, encontrar un mercado alternativo a China, con un poder adquisitivo más alto, aunque también mucho más exigente en la calidad, sin duda le permitirá elevar precios, lo que unido a la libre exportación proyectada para el país por el nuevo gobierno, tendrá de alguna forma impacto en el mercado interno.
Para Tarija, el mercado del vino europeo está en crecimiento y es capaz de absorber cualquier producción exótica. La etiqueta “Vinos de Altura” por sí mismo ya tiene mercado, unido a la calidad del producto, es una apuesta de largo aliento.
En cualquier caso, lo más relevante para Europa es el potencial minero, particularmente del litio y las tierras raras, aun no explotadas y ahora mismo sin plan para hacerlo. Al país le puede venir bien un poco de competencia luego de que el Gobierno se haya mostrado tan proclive a contentar a Donald Trump, aunque obviamente, esto también habrá que leerlo en clave de la doctrina Monroe con corolario Trump.
El turno de Irán
¿Qué pasó?
Una nueva oleada de protestas contra el régimen de los ayatolás en irán viene teniendo lugar desde diciembre. La represión del régimen ha dejado ya 2.000 muertos – al menos – y se estiman unos 18.000 detenidos, lo que le ha llevado de nuevo a las principales portadas del mundo. El propio Donald Trump, aun cuando el país está fuera de “su hemisferio”, se ha mostrado proclive a la intervención.
¿Y ahora qué?
El régimen iraní instaurado con la Revolución Islámica de 1979 es esencialmente un régimen teocrático y democracia simulada de partido único donde el poder total está en manos del líder religioso, sin embargo, su marcado “antiimperialismo” le generó simpatías durante décadas entre los partidos de izquierda y los regímenes sudamericanos. Bolivia ha sido uno de los ejemplos contradictorios, aunque ciertamente el MAS compartía muchos valores reaccionarios.
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Irán: Gas, petróleo, tierras raras, opio y estrecho de Ormuz
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No es la primera vez que la población iraní se levanta pidiendo apertura del régimen, o directamente otro régimen. Si es la vez que la encuentra más débil y aislada. Irán ha sido la gran derrotada de la larga operación de Israel contra Gaza, que no se ha limitado a sus aliados de Hamás, sino que también ha golpeado fuerte a Hezbolá, a los hutíes, y junto a la otra potencia regional, Turquía, ha derrocado a Al Asad de Siria. En un momento dado, las instalaciones de desarrollo nuclear iraní fueron atacadas y aunque el régimen intentó devolver el golpe, quedó claro en la interna que habían perdido.
Al igual que en Venezuela, la cohesión de las fuerzas militares y policiales, con el poderoso Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica al frente, hace inexpugnable el poder por la vía del golpe de Estado, aunque ha habido cambios en el Consejo que alimenta conspiraciones.
A diferencia de Venezuela, Irán si tiene un poderoso ejército y defensas suficientes para que una operación aérea no sea tan exitosa, pero cada vez es más difícil afirmar que la resistencia a una invasión extranjera contaría con el apoyo de la población local.
¿Qué hay de lo nuestro?
Irán está lejos de Bolivia y aunque durante años se mantuvo una relación cordial, esto nunca se materializó en proyectos concretos o intercambios comerciales notables, por lo que el cambio de rumbo tampoco ha supuesto alguna crisis relevante, ni siquiera la inmediata alineación del gobierno de Rodrigo Paz con Israel, el enemigo principal de Irán en la región.
Las crisis en Oriente Medio ya no se traducen inmediatamente en la elevación de los precios del petróleo, por lo que tampoco hay alertas en ese sentido.
Para seguir: El narco omnipresente
Vuelvo una semana más con el mismo tema, pero es que no es un tema aislado ni una hipótesis alarmista. Las democracias en medio mundo, pero especialmente en América Latina, están crujiendo por sus costuras. El populismo, las nuevas formas de hacer política, la deshumanización de las redes, etc., son tan causas como consecuencias de una deriva donde la solidaridad ya no es un valor a tomar en cuenta, y más bien, mostrar debilidad acaba penalizando.
2026 tiene tres elecciones clave por el medio en países donde la democracia pende de un hilo desde hace muchos años. Primero concurre Perú, un país que ha normalizado la corrupción de sus parlamentarios y que sabe a quien vota cada cinco años, pero que al final acaba gobernando quien sea. Perú es un país clave en la minería mundial y también en el tráfico de cocaína. Su puerto de Chancay controlado por China disgusta y mucho a Estados Unidos, que con seguridad volverá a meter cuchara. Por supuesto, la inseguridad ciudadana está desbordada.
Después es el turno para Colombia, que culmina el primer mandato de izquierda en su historia. El asedio de los poderes fácticos sobre Petro es total y las amenazas de Trump son nítidas. Petro, siempre excesivo y megalómano, ha impulsado reformas clave que han cambiado la vida de los colombianos más pobres, pero es improbable que sea suficiente para que su delfín – aun por elegir – gane, porque el asedio es total.
En el segundo semestre será el momento de Brasil, un Lula de nuevo envalentonado enfrentará a alguno de los Bolsonaros en una nueva versión del pulso derecha – izquierda cada vez más extrema y que ya ha tenido dos pulsos previos repletos de guerra sucia.
En Bolivia el pulso entre el nuevo poder y los grandes carteles instalados recién se está librando, aunque todos lo nieguen. De la configuración definitiva dependerá en buena medida la estabilidad del país.
LAS RECOMENDADAS
Algunas recomendaciones para este fin de semana que parece será lluvioso (otra vez)…
- Esto de Diálogo Político: La política en la era de gustar y emocionar
- Esto de Nueva Sociedad: El México de Morena: ¿una inspiración para la izquierda?
- Esto de Anfibia sobre el nuevo Papa: El equilibrista de Roma
- Esto de Ojo Público: Crecen los millonarios en el mundo mientras la emergencia climática golpea América Latina
- Y esto de El Faro: Luciérnagas en El Mozote: la película apoyada por el Gobierno que obstaculizó esclarecer la masacre
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