Mediterráneo: Un mapa para Paz
Este texto forma parte de la newsletter Mediterráneo que cada viernes distribuye el director Jesús Cantín con el análisis de la coyuntura internacional y sus repercusiones o conexiones con Bolivia. Si quieres recibirlo directamente en tu correo: suscríbete
Estimados y estimadas
Rodrigo Paz necesitaba dar señales claras de distancias con el MAS y su legado tanto a la interna como a la externa, y nada mejor que una buena pelea con Nicolás Maduro luego de la expulsión de Bolivia de la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA) como para no dejar dudas. La foto con Marco Rubio es un añadido.
Lo había anunciado en campaña, sus prioridades eran Estados Unidos y Brasil. Trump y Lula, dos polos más o menos opuestos en un continente que ya no se define tanto con las ideologías importadas de Europa, sino desde las ambiciones y complejos nacionales.
Hoy por hoy Venezuela no representa ya ninguna posición en la izquierda democrática, que se ha desmarcado de la mano de Lula, Boric y el propio Petro, por mucho que haya sido el único en elevar el tono ante los abusos de la nueva administración de Donald Trump. Quizá sea Sheinbaum su principal e inesperado respaldo con la política de no injerencia.
Paz debe sin embargo bucear en estos espacios hasta encontrar su lugar seguro. Estados Unidos, a tenor de sus accionar de los últimos meses, no lo es. O no lo es tanto. Trump ha resucitado la doctrina Monroe (si es que alguna vez se dejó de aplicar), pero fusionando además el enfoque del XIX - cuando el América para los americanos era una consigna antieuropea y defensiva – con las del XX - cuando se aplicó lo de “la mejor defensa es un buen ataque” y el expansionismo e intervencionismo por cualquier vía se convirtió en prioridad.
Para Alba Leiva del Orden Mundial Trump está volviendo al imperialismo clásico del siglo XIX de una forma muy elemental. A las amenazas a Panamá, Canadá y Groenlandia al principio de su gestión – cuyos objetivos han quedado difusos – le siguió el “Día de la Liberación” en el que empezó a calcular aranceles para todo el mundo con un criterio de reciprocidad muy cuestionado y un objetivo que quedó rápidamente al descubierto: renegociar y usarlo como arma de control. Se perdió un tiempo entre Gaza e Israel y Rusia y Ucrania sin demasiado éxito en lo que tiene que ver con la paz, pero grandioso en lo que tiene que ver con humillar a la Unión Europea y a la OTAN, y retornó al foco en Sudamérica, desplegando fuerzas sin precedentes en el mar Caribe – el portaviones más grande de sus marines – para atacar barcazas muy probablemente con droga y ejecutar extrajudicialmente a sus pilotos – van 67 – que poco tienen que ver con los grandes narcotraficantes.
La amenaza no es la única estrategia utilizada por Trump en este reverdecer de la doctrina Monroe; también la de la dependencia económica como ha quedado patente en las elecciones argentinas. Donald Trump y Javier Milei, más allá del “odio a los zurdos”, no tienen absolutamente nada que ver en sus planteamientos ideológicos, principalmente económicos: uno apuesta por el proteccionismo extremo y el intervencionismo gubernamental para fortalecer la empresa nacional, el otro en la desregulación absoluta y en que cada cual se saque sus castañas del fuego. Unos dicen que Trump conoce el mundo real y que Milei vive en un sueño teórico. Como sea, lo cierto es que el segundo le ha ido a pedir ayuda al primero para que su proyecto liberal libertario no se caiga y le ha ofrecido 40.000 millones de dólares en dos swaps – para que calmen a los mercados y no suene a deuda, pues es Trump el que la asume -.
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Milei ha ganado las elecciones legislativas, con lo que la inversión de Estados Unidos (Estado) decidida por un Donald Trump que de negocios sabe, ha sido exitosa y probablemente rentable. Lo que seguramente no ha sido es gratis para los argentinos ni los estadounidenses, pero eso no importa tanto cuando es la geopolítica la que está sobre la mesa.
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Rodrigo Paz, en la línea de Milei, ha mostrado hasta ahora una fe inquebrantable en el poder de Estados Unidos para coadyuvar en resolver la crisis en Bolivia – El FMI, el Banco Mundial, etc., no dejan de ser organismos financieros multilaterales sometidos a los intereses de la Casa Blanca – y no tiene intención de generar ninguna incomodidad.
En el giro acelerado, China ha parado la oreja. Paz Pereira ha dejado algunas perlas en sus intervenciones que seguramente ha anotado el embajador de la otra gran potencia mundial y que claramente es el objetivo final de todos los movimientos de Trump. El presidente electo empezó hablando de democracia como principio rector; luego borró de su cuenta oficial un comunicado en el que daba cuenta de la visita del embajador chino y en una entrevista el titulador entendió que “el yuan no sirve para nada”, que aunque no sea textual, si se desprende del argumento utilizado en el que reconoce la hegemonía del dólar en el comercio mundial, justo uno de los puntos que China y los BRICS quieren modificar.
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Por el momento apenas ha saludado y recordado que la doctrina “una sola China” – que implica no reconocer ni establecer relaciones con Taiwán – es la piedra fundamental sobre la que construir las relaciones.
Tampoco es que China tenga demasiado que ofrecer o reivindicar en sus largos años de relación con un Gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS), punta de lanza contra “el imperialismo yankee” en la región que simplemente ha dejado caer. Álvaro García Linera anunció un swap con China en 2015 del que poco o nada se supo, pues se vinculó siempre a obras ejecutadas por empresas del gigante asiático y esa ha sido la política recurrente: de la exploración del subsuelo, al litio, a las carreteras, al Hub de Viru Viru y todo aquello que manejaba CAMC y otras tantas fue siempre pagado con dinero boliviano mientras que en otros países se construían generosas infraestructuras como el puerto de Chancay en Perú. En esto sí fuimos pioneros.
Es casi inexplicable cómo las potencias que geopolíticamente pugnan con Estados Unidos no hayan apoyado al régimen del MAS, pero los hechos así se han dado. Rodrigo Paz debe definir la nueva estrategia de política internacional, que necesariamente va más allá de las urgencias económicas, por lo que le conviene no ponerse la soga al cuello con ellas. El mundo está en movimiento y ultra conectado y todo, todo, tiene consecuencias.
En esta edición de Mediterráneo hablamos también de temas que nos afectarán pronto: la violencia narco en el continente; de las elecciones chilenas y de cómo Noboa ha logrado arrancar el subsidio del diésel. Además, del enésimo expolio en África, esta vez en Sudán.
La violencia del Narco
¿Qué pasó?
Un megaoperativo de la Policía Federal Brasilera en Río de Janeiro en dos favelas enormes controladas por el Comando Vermelho, el segundo grupo narco más poderoso de Brasil y probablemente del continente, dejó más de 120 muertos e imágenes espeluznantes
¿Y ahora qué?
Los periodistas que siguen estos temas vienen señalando que el operativo era una necesidad para acotar el poder del Comando Vermelho en Río en particular, pero también la necesidad de mostrar músculo ante la expansión descontrolada de estas organizaciones que crecieron en las cárceles y que a través de un sistema de “franquicias” y aprovechando las rutas hacia Europa han acumulado un poder exuberante.
Entre los muertos y los 80 detenidos – se buscaba a 100 -, se prevé que el CV vuelva a un periodo de reestructuración que de un margen de tiempo de paz. Otros sin embargo creen que habrá venganza pronta u otros grupos, como el Primer Comando de la Capital (PCC) intentará ocupar espacios.
Eventos clave como la próxima COP 30 a celebrarse en Belem del 10 al 21 de noviembre ha elevado el nivel de amenaza.
La cuestión es que el poder del narcotráfico no ha dejado de crecer y desde el fin de la pandemia (2022), la mayoría de los países vienen sufriendo violencias y reacomodos.
El propio presidente colombiano Gustavo Petro advirtió que los cambios en los patrones de consumo en Estados Unidos, donde el fentanilo había ganado grandes cuotas de mercado, iba a provocar estos sucesos. Y los sigue provocando.
El enfoque militar en la guerra al narcotráfico rara vez ha dado resultado. Ni en México, ni en Colombia. El debate sobre la seguridad sigue abierto.
¿Y qué hay de lo nuestro?
El fin de las FARC en Colombia no resolvió nada. Al contrario, Ecuador fue contagiado pronto por la violencia narco y también Perú. El problema no es solo la violencia entre cárteles o los ajustes de cuentas, sino cómo la criminalidad anexa – extorsiones, secuestros, robos, etc., - se va extendiendo por los países ante la escasa reacción de las autoridades y la impunidad generalizada.
Bolivia está exactamente en ese punto: los jefes narco se amenazan en público y cabecillas de todos los bandos caen mientras la Policía no se esfuerza en hacer demasiados organigramas, y más bien niega la existencia de cárteles.
En Ecuador y Perú (y también Argentina) hay también una realidad social creciente: la desigualdad y la falta de oportunidades empuja a la criminalidad. En Bolivia la crisis económica ya está haciendo mella, la gestión del nuevo gobierno marcará la tendencia tanto en las cuestiones de seguridad como en las de oportunidades laborales para los jóvenes.
Hay otro punto esencial: El GAFI. Bolivia es país apetecible para las mafias internacionales por su falta de regulación contra el blanqueo. El rechazo reciente de las oposiciones (tanto del evismo como de la derecha) a las normas planteadas por el Gobierno de Luis Arce dejó al país en la lista gris, y apenas nada se podrá tocar si no se aprueban. Ahuyentar a la delincuencia mayor y menor pasa también por ahí.
Chile mete la directa
¿Qué pasó?
El 16 de noviembre Chile concurrirá a las ánforas para elegir nuevo presidente. Hay ocho candidaturas en liza y si no se consigue el 50%+1 de los votos, se irá a una segunda vuelta el 14 de diciembre.
¿Y ahora qué?
Después de las elecciones en Bolivia nadie se atrevería a dar por muerto a nadie a estas alturas de la campaña, pero lo cierto es que a dos semanas, las cosas empiezan a ponerse serias.
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Las encuestas las encabeza Jeanette Jara que es básicamente la heredera del Gobierno de Gabriel Boric – aunque no fuera su favorita -. El promedio de las encuestas le da entre el 27 y el 29% de apoyo que es un poco más de lo que recibió Boric en la primera vuelta, pero en una situación mucho más complicada, pues apenas han quedado socios progresistas fuera del pacto.
Jara pertenece al Partido Comunista, pero como ha estado tres años en el Ministerio de Trabajo se han agotado los “escándalos” por ese lado. En general el gobierno de Boric, que empezó con una propuesta de máximos para reformar la Constitución y perdió estrepitosamente, se ha ido moderando y ya no “asusta” a los conservadores, sin embargo se ha comido el espacio de la Concertación sin muchos relevos. De los ocho candidatos apenas podría sumar algo de apoyo de Harold Mayne – Michells, abiertamente progresista y de Eduardo Artés, nacionalista antiliberal, sin embargo entre ambos apenas suman un 5%.
Jara ha empezado a tambalearse en las encuestas, que aunque le siguen dando en cabeza, cae continuamente desde junio cuando sumaba un 32%. Claro que esto, para los analistas que consideran que las encuestas configuran escenarios y no los anticipan, como se supone que debían hacer, es una estrategia de desgaste que desanima a sus votantes. En el Pacto Unidad por Chile confían en que el pequeño detalle incorporado: el voto obligatorio, le sume los votos que las encuestas no detectan “simplemente porque no van a los barrios pobres a preguntar”.
La tríada que personifica las corrientes de la derecha de hoy en día la conforman José Antonio Kast, Evelyn Matthei y Johannes Kaiser, con un Franco Parisi (populista antiestablismenth tercero en 2020 que se ha ido desinflando).
Kast perdió en 2020 el mano a mano con Boric y también perdió su propuesta constitucional durante la gestión, - empatando con el bloque progresista – pero sigue encabezando las encuestas con un discurso conservador similar al de Jair Bolsonaro y Donald Trump y que le encanta a los hijos de la dictadura de Pinochet, aunque ha dejado de citarlo porque le costó la elección pasada. Kast subió hasta el 28% en agosto, pero desde entonces, al igual que Jara, viene cayendo: el último promedio lo coloca en 24,3% de apoyo.
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Mattei hereda la derecha liberal clásica de Sebastián Piñera. Propugna orden económico y seguridad y promete “mano dura”, que se ha convertido en el tema estrella de la campaña aunque no sirva para diferenciarse de Kast y Kaiser. Mattei es la más estable con un 15% de apoyo casi invariable.
Kaiser es el hombre a seguir. Miembro de buena familia llegada de Alemania hace décadas y sin completar estudios superiores, se convirtió en YouTuber con un programa – El Nacional Libertario – en el que fue moldeando sus ideas políticas desde 2015. En 2021 fue elegido diputado por el frente de Kast, pero duró poco en la disciplina del partido. Esencialmente es la versión chilena de Javier Milei aunque sin su contundencia en el campo económico. Excéntrico, radical, ultraconservador... Para algunos es el prospecto electoral de su hermano Axel, también YouTuber y él sí, mucho más sólido en los planteamientos, pero sin el carisma necesario para la primera línea. Como todos los saben, pues todo está bien.
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Kaiser partió del 6,6% y ya superó el 10% y sigue creciendo. Decir que los grandes poderes económicos de Chile lo ven con desconfianza es una obviedad, pero ya todos sabemos que eso sirve para estimar a la baja en las encuestas y convencer a los indecisos…
¿Qué hay de lo nuestro?
Prácticamente llegamos sincronizados al cambio de gobierno, y el fin de la era del MAS le va a permitir a Rodrigo Paz, gane quien gane, explorar vías en todos los países del continente y más allá. Obviamente no será igual que gane Jara a que gane Kaiser – que ya ha hablado de cerrar la frontera y acabar con el “chistecito” en referencia al asunto de los autos chutos -.
En general, el tema de la migración es uno de los temas bandera de esta campaña en Chile y no solo por hacer eco a los hits de Estados Unidos – que se lleva mucho en el país vecino – sino también porque el Gobierno de Boric ha incorporado algunos de estos prejuicios en sus propuestas de reformas – laboral, pensional, salud, etc., -, que lejos de despejar el camino, lo hace más fuerte.
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En 2023 se estimaba que cerca de dos millones de extranjeros vivían en el país, es decir casi un 10%. Se estima que unos 80.000 ingresan cada año. Se estima hay unos 200.000 bolivianos. Fue el presidente Piñera el que invitó a los venezolanos a acudir a Chile – se duplicaron llegando a 700.000 de 2018 a 2023. Ahora, de los dos millones apenas 330.000 sin irregulares.
Desde 2023 se ha cortado el acceso de venezolanos e incluso el gobierno de Bolivia y de Chile acordaron la construcción de una valla para evitar el ingreso irregular. Probablemente el tema está sobrerrepresentado en la campaña… pero siempre es más fácil buscar a alguien a quién culpar.
La estrategia de Noboa
¿Qué pasó?
Después de un mes de movilizaciones, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) declaró el cambio de estrategia contra la eliminación del subsidio al diésel decretado por Daniel Noboa en septiembre, lo que se objetivamente parece una victoria contundente.
¿Y ahora qué?
El galón de diésel (3,78 litros) pasó de 1,80 dólares a 2,80 dólares, lo que en moneda boliviana serían Bs 5,15 por litro. Aunque la medida venía anunciada de tiempo atrás y se hizo campaña con ella, la reacción fue inmediata, sobre todo en las zonas rurales.
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Noboa optó por la resistencia y la mano dura – parte de su marca – y dictó estado de excepción en 10 provincias para enfrentar directamente a los manifestantes. Se movilizó el ejército, murieron tres personas y quedaron cientos de heridos, pero Noboa no cedió y las protestas se fueron diluyendo.
El mismo día que el Conaie comunicó su estrategia Noboa fijó una bajada del precio para diciembre y enero de acuerdo al mecanismo implementado en el decreto – a 2,78 y 2,70, lo que en sí parece una burla -.
Noboa se ha acostumbrado a vivir en la inestabilidad y al parecer, los resultados le avalan. Ganó la elección para completar el mandato del renunciado (antes que apresado) Guillermo Lasso y convirtió esos 20 meses en una campaña permanente con la seguridad y lucha contra el crimen como bandera. En abril de este año volvió a ganar en segunda vuelta de una forma más o menos holgada y con mayoría en la Asamblea… pero nunca parece ser suficiente.
Noboa ganó las elecciones prometiendo que consultaría algunos asuntos que implicaban reformas en la Constitución, como lo de abrir bases extranjeras o eliminar recursos a partidos políticos que no requerían referéndum como tal, pero con el inicio de las protestas por el diésel se jugó el órdago: Asamblea Constituyente.
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Noboa quiere acabar con la Constitución de Rafael Correa e implantar un nuevo modelo de Estado acorde a sus planteamientos esencialmente neoliberales, pero también poco garantistas. Noboa tiene como modelo a Bukele y cree que es posible rebajar mucho la retórica de derechos – incluidos los de la Madre Tierra – y “adecuar” los asuntos de la separación de poderes a la realidad actual. Sus asesores creen que el momento, claro, es ahora.
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El Conaie ha prometido resistencia y amplia campaña por el NO, pero hace tiempo que sale perdiendo. La Constituyente implica elección de asambleístas, discusiones largas y autónomas y referéndum al final. Todo esto con TikTok mediante.
¿Qué hay de lo nuestro?
Desde luego, el asunto de la subvención al combustible es una de las medidas a adoptar. Aunque Rodrigo Paz haya bicicleteado con soltura las preguntas directas durante toda la campaña para acabar con una suerte de “subvención para quien la necesita”, sus asesores han sido más directos.
En algún momento deberá enfrentarla, también por cuestiones externas: si busca financiamiento en organismos internacionales va a ser una de las primeras medidas que le exijan, junto al paquete de leyes y decretos que exige el Grupo de Acción Financiero Internacional (GAFI) para la lucha contra el blanqueo.
Paz tampoco se ha referido a una reforma constitucional a fondo, pero algunos de sus socios sí. Una Asamblea Constituyente en tiempos de crisis no parece ser la mejor de las coyunturas, pero últimamente el que no arriesga, no gana.
Para seguir: El enésimo saqueo en África
Estos días se vienen publicando largos análisis sobre la situación en Sudán, envuelta en una cruenta guerra civil que parece estar derivando en un genocidio en El Fasher, en el extremo oeste del enorme país africano – a la cola de todos los ránkings sociales y económicos, salvo, claro, los de recursos naturales.
El grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) lleva 18 meses sitiando la ciudad dejando a un cuarto de millón de personas en un grave riesgo de hambruna. La Universidad de Yale habló esta semana de “cadáveres apilados” y la sombra del genocidio planea, aunque muchos oportunistas hayan utilizado esta matanza (supuestamente de árabes contra cristianos y paganos) para relativizar los hechos y reacciones sobre Palestina.
En general el asunto no se enmarca dentro de un conflicto religioso sino puramente económico y geoestratégico. Con la caída de El Fasher, se prevé que las FAR declaren la independencia de Darfur.
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"Hay petróleo, uranio y agua subterránea, pero el verdadero motor de este conflicto es el oro" afirma el periodista de la BBC Mohanad Hashim.
Con el precio del oro en crecimiento exponencial desde 2023 superando los 4.000 dólares por onza este octubre, su record histórico, el asunto se hace pesado. En marzo, el ejército de Sudán llevó a los Emiratos Árabes Unidos (EAU) – uno de los conglomerados más ricos y opulentos del mundo - ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), argumentando que son "cómplices del genocidio" en Darfur Occidental, a través de su apoyo militar, financiero y político a las FAR – con cobertura religiosa más -. EUA lo negó enfáticamente, pero la ONU ya ha recabado indicios… y sí, con toda probabilidad estamos ante el enésimo saqueo de África, aunque los actores hayan cambiado.
LAS RECOMENDADAS
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