Mediterráneo: La izquierda, el sur y las lecciones
Este texto forma parte de la newsletter de análisis internacional en relación a Bolivia que cada viernes distribuye el director Jesús Cantín, si quiere recibirlo directamente en su correo, suscríbete
Estimados y estimadas
Me encontré el pasado fin de semana con dos hilos narrativos, más que noticias, al respecto de la evolución de las izquierdas en este lado del mundo, y lo cierto es que ambas tenían cierto tufo colonial aunque con diversos motivos.
Uno pivotaba sobre el reportaje de Connectas, una de esas ONG que apoya la innovación y el periodismo independiente, aunque casi siempre patea al mismo lado, y que sin rodeos titulaba en su newsletter: “El fracaso dela izquierda latinoamericana para mostrar un futuro”, aunque en interiores seiba a un moderado: Izquierda latinoamericana: ¿la utopía perdida?.
El reportaje, flojito en datos, gira sobre Bolivia, Chile, Colombia y Brasil – los cuatro países que tendrán elecciones en los próximos 12 meses y que conforman el bloque junto a Uruguay yal que ya no se adscribe Venezuela - asegura que no ha habido transformación económica, que se ha perdido la popularidad y que han incurrido “incluso” en casos de corrupción, como si fuera más intolerable en ese caso.
El otro emanaba desde la cocina misma de La Base, el programa de Pablo Iglesias en Canal Red, que junto a Diario Red – del que suelo recomendar algunas lecturas por sus enfoques divergentes – nacieron como medio alternativo de comunicación para contrarrestar a la “derecha mediática” y poco a poco se han querido convertir en algo así como el guardián de las esencias del “progresismo”, eso sí, “progresismo a la europea”, lo que al parecer le da derecho a dar lecciones y reprender a quien les parezca.
El universo Red está emparentado con el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag) que “ejerce” de tutor y mentor de las izquierdas en Sudamérica y que reúne a personalidades como Atilio Borón, Álvaro García Linera, Rafael Correa y muchos de sus colaboradores destacados. De Bolivia, por ejemplo, Gabriela Montaño y Adriana Salvatierra.
El último experimento de la Celag ha sido precisamente Andrónico Rodríguez, con quien se han volcado desde el año pasado para darle roce internacional y enriquecer su discurso “de izquierda”, pues aunque alguna vez han hecho autocrítica y han reconocido que los planteamientos progresistas de Podemos o la socialdemocracia europea entroncan muy poquito con los de gente como Evo Morales, Petro o el propio Correa – ni qué decir con Venezuela -, se les hace imposible entender (porque posiblemente lo es) que el MAS sea uno de los suyos.
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El asunto ha sacado roncha en la interna, pues la estrategia delineada pasaba por volcarse con Andrónico, pero quizá los malos resultados de las primeras encuestas o la incapacidad de Morales de apartarse, han hecho dar un paso atrás y que la entente progresista reponga como gran exclusiva el “lawfare” – esa palabrita – que se ha aplicado a Morales en este proceso electoral, como si fuera una novedad o si hubiera sido desvelado por un audio filtrado (desde el ministerio de Gobierno de su archienemigo Eduardo del Castillo).
El estilo Red, que obviamente no hace periodismo sino activismo, incluye la santificación de Morales, el olvido total de su historia y la reprimenda a los medios bolivianos que hemos convivido con el MAS y sus formas 20 años por no llenar las portadas con su tema, con las que nos han caído por hacer leer el artículo 168 de la CPE en estos dos años.
La simplificación de modelos para que encajen donde sea y la importación de consignas nos van a acabar por convertir en monstruitos irreconocibles como país y como ciudadanos, solidarios con seres semi pensantes de alguna isla remota, pero impasibles con la vecina de la otra cuadra que ya no le alcanza para comer porque perdió un pie al caer por la escalera.
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América Latina sigue siendo uno de los continentes más desiguales del mundo, donde las grandes empresas y las grandes fortunas se consolidan sin apenas obligaciones fiscales y la gente aprende a luchar por su supervivencia sin esperar nada de nadie desde la tierna infancia. Un territorio plagado de Estados a medio construir apenas capaces de sobrevivir a sí mismos.
Sin embargo, teniendo suficientes problemas internos y una incapacidad crónica para cooperar entre naciones, seguimos empeñados en importar los problemas de otros. América Latina necesita profundizar en sus modelos, encontrar sus soluciones y, seguramente, no dejarse llevar por los planteamientos ajenos que no se acomodan a las necesidades reales de cada uno de los países y acaban desnaturalizando los procesos con consignas raras.
La edición de hoy me pilla viajando así que no he podido leer demasiado; aun así hablaremos mucho de Trump por el tema arancelario y su giro sobre América Latina, y del tufo xenófobo populista que empieza a desprender la política internacional.
Trump, el hombre tarifa
La semana pasada hablamos específicamente de Brasil, pero lo cierto es que “el hombre tarifa” – como lo llaman los amigos de Cenital en su newsletter Mundo Propio y que vale la pena leer – ha vuelto. Después de dos meses de silencio, han vuelto las amenazas sobre los países soberanos para negociar sus aranceles, una maniobra déspota y con resabios del pasado que, además, no parece estar dándole resultados.
Entre la prensa más crítica de Estados Unidos se ha popularizado el acrónimo “TACO” (Trump Always Chickens Out es decir, Trump siempre se acobarda) para referirse a su forma de negociar: lanza una amenaza seria y tarde o temprano vuelve para atrás. Lo hizo durante su primer mandato y lo está haciendo ahora: el nuevo plazo para todos los países es el 1 de agosto mientras sigue mandando cartitas para exigir negociaciones.
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El fiasco puede ser descomunal si finalmente nadie se aviene a negociar, pues como todos los analistas recuerdan, quienes acabarán pagando el precio de los aranceles serán los ciudadanos estadounidenses, pues de ningún modo el sector productivo estadounidense puede adaptarse en tiempos tan cortos a un cambio de paradigma – hablemos de seguridad jurídica – ni empezar a producir lo que no llegue de China, Vietnam o Brasil en condiciones competitivas.
El problema real, además, dicen los que saben, es que la Reserva Federal de Estados Unidos, la FED, lo que sería el Banco Central de cualquier otro país del mundo, se ha declarado en rebeldía y no quiere bajarlos tipos de interés como Trump quiere, que le ha proferido todo tipo de insultos a su presidente y prepara ya un reemplazo.
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Sería una suerte de primer golpe maestro, al menos para aquellos que creen en la democracia liberal, en la independencia de poderes y todo lo demás. Y ojo porque el patrón Trump se está rompiendo por la parte “MAGA” y por su propia salud.
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De momento el patrón se repite: ultimátum, prórroga, olvido. Puede que todo sea un juego, puede que alguien haya sido demasiado optimista con los cálculos, económicos y políticos. China no se arrugó. Brasil no se arrugó. La UE, que en el tema OTAN y su 5% temblaron de cuerpo entero y aceptó, no arrugó en el asunto comercial. Ni siquiera Canadá, ni México. Apenas Panamá y otras excolonias menores o Vietnam, que cree que aún puede exprimir más a sus trabajadores para seguir ganando cuota de mercado frente a China.
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Por cierto, China ha crecido un 5,2% en este segundo trimestre del año mientras Trump declaraba su guerra comercial justamente para afectar a China, así que algo no va bien en los cálculos de la Casa Blanca. Es verdad que China sigue arrastrando sus fantasmas: la débil demanda interna, el retroceso demográfico, la crisis del sector inmobiliario y la deuda de las administraciones locales, pero sigue creciendo.
De momento todo parece una película de gánsteres de serie B, pero lo cierto es que todo puede acabar en un despropósito para los grandes, que seguramente acabarán pagando los pequeños.
Xenofobia institucional
Esto dice la IA: el racismo se basa en la raza o etnia, mientras que la xenofobia se centra en el rechazo a personas extranjeras o de diferentes culturas. Aunque ambos implican prejuicios y discriminación, el racismo se vincula a una supuesta superioridad biológica o cultural de un grupo sobre otro, mientras que la xenofobia se relaciona con el miedo o rechazo a lo diferente, lo extranjero. Yo creo que lo que está pasando en el mundo es lo segundo, y que lleva tiempo alimentándose.
Dinamarca ha establecido el control de la inmigración como prioridad de la Unión Europea. Lo hizo tras asumir este mes la presidencia rotatoria del Consejo de la UE. Dinamarca, un gobierno socialdemócrata.
Polonia ha restablecido los controles fronterizos en el espacio Schengen con Alemania y Lituania. La medida se produce después de que el Gobierno alemán los reintrodujera en septiembre para impedir el paso de inmigrantes y solicitantes de asilo.
El Reino Unido y Francia firmaron un acuerdo el pasado jueves para frenar la inmigración ilegal. El pacto pretende combatir las travesías de pateras por el canal de la Mancha. Londres podría devolver hasta cincuenta inmigrantes en situación irregular cada semana. A cambio, París podrá enviar alas personas que tengan algún vínculo con el Reino Unido, siempre que no entraran ilegalmente.
Un grupo de personas quemó en una hoguera un bote configuras de migrantes en Irlanda del Norte. El acto se produjo hace unos días durante las celebraciones de julio de la comunidad protestante, que conmemoran la victoria de Guillermo de Orange contra el católico Jaime II en 1690.
Y en Estados Unidos, los agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) han intensificado sus redadas.
El problema es cuando esto se extiende a este lado del mundo y los gobiernos nacionales se aferran a esas nociones para generar votos:
Milei aprobó una Ley para expulsar a delincuentes de otros países, aunque se hayan hecho a la delincuencia en la Argentina tras fracasaren su sueño migrante.
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Chile y Bolivia (sí, nosotros, el mismísimo Eduardo del Castillo) firman memorándum para expulsar migrantes y levantar alambradas.
El Salvador brinda cárceles de alta seguridad para retener migrantes expulsados de EEUU sin que esté claro el origen de su expulsión.
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Brasil, Ecuador, y hasta Colombia y Venezuela tienden a culpar al extranjero de los problemas…
No es una broma, al menos en “occidente” – a veces somos, a veces no - , el discurso contra la inmigración es cada vez más extremo y popular. Ideas de la ultraderecha, como la teoría del gran reemplazo o la remigración, se han asentado en el debate migratorio. Esta última, que defiende el retorno forzoso de inmigrantes no europeos a sus países, ha pasado de ser una consigna minoritaria de Alternativa para Alemania (AfD) a ser asumida por otros partidos como Vox.
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La narrativa anti inmigratoria en Occidente – prima hermana de la anti delincuencia en otros lugares - muestra el creciente desprecio por el derecho internacional. La UE ha endurecido sus posiciones migratorias hasta avalar los campos de migrantes y las deportaciones masivas a terceros países, a pesar de que la Convención Europea de Derechos Humanos prohíbe las expulsiones colectivas de extranjeros. Estados Unidos ni se plantea respetar algo de esto y tampoco los líderes de este lado que han tenido resultados.
Lo inentendible es que la aplicación tendría resultados desastrosos para Europa y Estados Unidos, que dependen en buena medida de la inmigración – regular e irregular – para cubrir servicios y empleos peor remunerados, pero igual…
Esto sin embargo da igual: los beneficios políticos de posicionarse contra la inmigración para todas las fuerzas políticas de occidente son inmensamente mayores, porque los votantes han comprado el relato de que su falta de progresión social y económica se debe a la competencia delos migrados de terceros países, cuando en todo caso, no sería un problema del migrante, sino del contratante.
Las izquierdas, por cierto, han perdido la posición al vincular la migración al asunto más economicista y no al de los derechos humanos. Justificar la migración porque salva a “los blancos”, sus pensiones y demás le ha hecho perder coherencia.
Ahora, los gobiernos del sur tampoco tienen clara suposición: migrar es un derecho, pero parafraseando, “no solo de remesas vive el hombre” y la migración está vaciando de la fuerza de trabajo y de sus mejores intelectuales – nunca migran los pobres pobres pobres – a los países en desarrollo, que bien los necesitarían. Llevar en este caso el debate hacia asuntos economicistas podría ser un acierto, pero igual no puedes prohibir a nadie que se vaya.
Para seguir: Y ahora América Latina
Varios medios han empezado a coincidir en que la política exterior de Estados Unidos va a empezar a girar rápidamente hacia América Latina. A Donald Trump no le está yendo bien ni en Oriente Medio ni en Rusia a pesar de haber sometido a la OTAN a su voluntad, pero esto no lo maneja el secretario de Estado Marco Rubio, sino otros halcones. Tampoco le está yendo bien en la guerra comercial con China ni con la mayoría de países como comentábamos antes, pero eso tampoco depende de Rubio.
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Lo que sí depende de Rubio, y por eso llegó hasta ahí, es precisamente la relación con América Latina. Y aunque inicialmente pareció quedar en pausa, ha empezado a girar rápidamente luego de la cumbre de los BRICS, el impase con Lula y los asuntos migratorios. Sin duda, un asunto para seguir.
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