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Mediterráneo: El otro bloque
Este texto pertenece a la newsletter internacional que escribe el director Jesús Cantín poniendo en contexto nacional los hechos relevantes de la agenda internacional y que se distribuye los viernes; si quieres recibirla directamente en tu correo, suscríbete
Estimados y estimadas
La secuencia es más o menos así: Lula da Silva fue el anfitrión de la reciente cumbre de los BRICS en Río, el gran bloque económico que amenaza la hegemonía del dólar (así por no dar muchos rodeos) en el comercio mundial, y en el cierre denominó al presidente de Estados Unidos como “emperador”. Al día siguiente Trump anunció aranceles para Brasil del 50% (para el conjunto de la región el primer anuncio fue del 10%), pero además hubo más, pues lo justificó no desde lo comercial, como acostumbraba, porque no cuadra, y ni siquiera desde lo político, sino desde la supuesta persecución judicial que estaría sufriendo su amigo Jair Bolsonaro.
El asunto es tragicómico si no amenazara con un sismo en el continente y no dejara tan por los suelos el mínimo decoro democrático y diplomático. El presidente de un país en nombre de sus ciudadanos sin consultar con nadie más que sus amigos castiga a otro país, porque la Justicia, teóricamente independiente (aunque todos sabemos cómo se las gastan por este lugar del mundo, y por casi todos), está procesando a uno de sus amigos, el expresidente Jair Bolsonaro.
El asunto de los aranceles, que ya ha espantado al ala libertaria que representaba Elon Musk de su gobierno, es un asunto central en su plan de Gobierno porque es jaleado por sus votantes que confían ciegamente en esa fórmula para reactivar “la grandeza” del país. En general Trump confía en que cargando de impuestos las importaciones se repatriarán las industrias hacia suelo estadounidense y eso fortalecerá a la clase trabajadora. Casi ningún analista comparte esta visión, porque el arancel sigue siendo un componente aislado y menor si se compara, por ejemplo, con los costes laborales o legislación normativa de determinadas industrias más contaminantes. Además, EEUU es un país de casi pleno empleo, por lo que aumentar las oportunidades solo bajaría los salarios, algo que podría ser bien considerado por los industriales, pero no haría mucha gracia a los trabajadores.
Lo que casi todos estiman que pase a nivel global es que sea la población estadounidense la que acabe asumiendo ese costo al comprar artículos con más impuestos, generando inflación, y que lo que ya no tenga mercado, se quede en el país o en los mercados más cercanos generando el efecto inverso pero posiblemente, destruyendo empleo.
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Brasil es el gigante del continente, principal socio comercial de todos los países del subcontinente junto con China pero…curiosamente… ¡la balanza comercial es favorable a Estados Unidos!
El mensaje va por otro lado, y eso que Lula personalmente ha hecho muchos equilibrios para posponer la amenaza sin perder su posición diplomática y de influencia en el mundo. Lula es el más conciliador de los presidentes BRICS y el que menos cree en el enfrentamiento directo con Estados Unidos; es el menos entusiasta con las propuestas de alternativa al dólar y el que ha jugado roles amargos, por ejemplo, en el conflicto con Venezuela, pero quizá sea esa debilidad evidente, que Trump detesta, la que le ha convertido en el objetivo de su ataque.
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Lula, como analizábamos la semana pasada, atraviesa su peor momento a la interna como resultado de una coalición de gobierno demasiado conservadora que construyó en modo frentista para enfrentar a la ultra derecha. Sin embargo, el bolsonarismo sigue creciendo y es verdad que el proceso judicial instalado contra el expresidente se ve mayoritariamente entre la opinión pública como una venganza. El golpe de Trump puede acabar por hundirlo, por muy surrealista sea que un país tome represalias contra otro por un asunto así.
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Lula fue anfitrión del G20, de los BRICS, y será a final de año de la COP 30. Demasiados eventos que no le gustan a Trump. Su aspiración no ocultada es conseguir para Brasil un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, un objetivo que sin duda queda tocado tras este enfrentamiento, pero que también le da la oportunidad de liderar una reacción desde el continente que haga seguir avanzando ese mundo multipolar del que mucho se habla, pero poco se materializa.
Los excesos de Donald Trump ilustran el enésimo ejemplo dela deriva mundial hacia los totalitarismos, algo que los BRICS también han normalizado con Putin, Xi Jinping y Narendra Modi entre otros. Son tiempos hostiles en los que tampoco se trata de elegir bando, sino de saber construir alianzas duraderas y beneficiosas para todos sin olvidar que la democracia es el menos peor de los sistemas que hasta el momento se han puesto en marcha para garantizar la convivencia entre seres sociales.
En este número hablaremos también de la agonía en Gaza, de los últimos vaivenes de Milei y de la raíz xenófoba de la nueva política
El poder total de Milei
¿Qué pasó?
Esta semana Milei sufrió un duro varapalo en el Senado, donde los parlamentarios tumbaron seis proyectos de Ley que básicamente restauran algunas cuestiones de justicia social, como el valor de las jubilaciones, etc. Milei ya ha dicho que intentará vetarlas, que en cualquier caso no las aplicará, y además ha dicho que eso le refuerza de cara a las elecciones de octubre donde su proyecto sigue siendo el de la disciplina fiscal.
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¿Ahora qué?
La hermana República Argentina es un país altamente politizado, más que el nuestro, pero es que además su calendario electoral no ayuda teniendo en cuenta que las legislaturas son solo de cuatro años. En octubre serán las legislativas, donde se renovará buena parte de los escaños, y mientras tanto hay numerosas elecciones municipales y por provincias, además de primarias y otras consultas, todo un desconcierto que suma aún más al caos generalizado.
Como sea, todos tienen la cabeza puesta en el cuarto domingo de octubre donde se llevarán a cabo las legislativas, y a las que todos los frentes llegan con sus propias contradicciones y objetivos.
Milei busca el poder total, unas legislativas que le garanticen el control de las cámaras allanarían la aplicación de su modelo, que aún en las circunstancias actuales que le obligan a negociar y abusar de los mecanismos de emergencia, está logrando imponer. Milei ha cumplido con las principales premisas de su proyecto: frenar la inflación y levantar el cepo al dólar, aunque solo sea para personas y en condiciones aún limitadas y sostenidas por endeudamientos con el FMI o “blanqueos” fiscales a la medida de los grandes capitales fugados.
Las críticas al modelo no faltan y la “motosierra” empieza asentirse en las familias más humildes: los precios siguen siendo excepcionalmente caros y los servicios se empiezan a llevar cada vez más parte del salario, aún así, el relato parece tenerlo ganado, sobre todo en redes sociales, donde el caos en el peronismo e incluso en el macrismo, le favorece aún más.
Por cierto que fue llamativo de la sesión el cruce entre la vicepresidenta Victoria Villarroel, hace mucho apartada del círculo cercano de Javier Milei, y Patricia Bullrich, excandidata de Macri pero que se sumó con mucho entusiasmo al proyecto de Milei como ministra de Gobierno.
Algunos de los más críticos, como el periodista Víctor Hugo Morales, sigue elevando la voz: "Militan la miserabilidad del sistema"
En medio de la hegemonía discursiva que ejerce Milei, el peronismo ha firmado una tregua para no llegar tan magullado a esas elecciones legislativas. El emblemático 9 de julio en Tucumán Sergio Massa, Máximo Kirchner y Axel Kicillof presentaban “Fuerza Patria”, el enésimo volteo a los conceptos peronistas para englobar a todas sus corrientes sin resolver el fondo de la cuestión, que básicamente es saber por dónde se debe reestructurar esa opción ahora que Cristina Fernández de Kirchner ha dejado de ser el comodín que exhibir en cada oportunidad.
Mientras, el PRO de Mauricia Macri va asumiendo su destino final: ser deglutido por el libertarismo de Milei, al menos en lo que respecta a la provincia de Buenos Aires. Quizá solo sea un movimiento táctico, pero ciertamente, no lo parece.
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¿Qué hay de lo nuestro?
La influencia del discurso de Javier Milei se está notando en la presente campaña electoral en Bolivia, aunque los Estados y sus prestaciones disten un mundo entre ambas regiones. En parte también porque el gobierno ha eludido entrar al choque en algunas cuestiones más elementales, como la protección a los migrantes, o haber intentado algún convenio de mayor calado en asuntos de salud, pues simplemente nada de lo que Bolivia pueda ofrecer se acerca a los mínimos aceptables al otro lado en esa materia.
En la práctica, sobre todo en esta frontera, los manejos económicos afectan severamente a los precios y al flujo comercial.
La agonía de Gaza
¿Qué pasó?
La relatora especial de la Organización de Naciones Unidas(ONU) para los Territorios Palestinos Ocupados, Francesca Albanese, acusó a más de 60 empresas de lucrar y beneficiarse de la economía del genocidio, impulsada por Israel con su guerra en Gaza y el avance de las colonias en Cisjordania reocupada.
Inmediatamente después, Estados Unidos le cargó sanciones.
Todo esto pasaba mientras Benjamin Netanyahu, de visita en Washington, proponía ni más ni menos que a Donald Trump como Nobel de la paz. No es solo ironía, sino una verdadera estrategia despiadada: a esa hora intentaba convencer a Trump de que lo apoyara aún con más vehemencia en su nuevo plan de paz y en la negociación de una tregua de 60 días que se trabaja con Hamás aún en forma indirecta.
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¿Y ahora qué?
Pues esta es la gran pregunta, porque la represalia a los ataques del 7 de octubre de 2023 se preparó en una semana, pero desde entonces no han parado los bombardeos y las operaciones terrestres que ya han dejado más de 45.000 muertos. Aunque hay discrepancias.
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La operación de represalia contra toda una población por los ataques de Hamás va contra los elementales derechos humanos, pero hace tiempo que esto ha dejado de ser tema de discusión en Naciones Unidas, en la UE y en cualquier otro foro. Ya no quedan adjetivos, mientras tanto Israel le ha dado vuelta completa al mapa del poder en Oriente Medio, golpeando el Líbano, Yemen y también Irán.
El plan de los partidos ultras que respaldan a Netanyahu implica la desaparición de la Franja con el éxodo de los 2,3 millones de palestinos que viven en el campo de concentración más grande del mundo. El propio Trump ha “bromeado” sobre la oportunidad de construir un Resort turístico en la zona y el asunto sigue apareciendo en el “pliego petitorio”… y si no se materializa es porque los países de la región, socios de EEUU –Arabia, Jordania, Egipto – no lo aceptan.
La desaparición de la región a la vista de todo el mundo es posible, pero no pasa nada.
¿Y qué hay de lo nuestro?
Nada. Silencio absoluto.
Para seguir: La xenofobia en política
En los 90 la migración se desató como consecuencia de la hegemonía política de un relato económico que no redistribuía riqueza. Los países atrasados normalmente expoliados se empezaron a vaciar como consecuencia lógica de la situación: no había nada que hacer.
África, Centroamérica, zonas complejas de Asia… la migración era el resultado de un sistema y aunque inicialmente tuvo algunos reparos en el campo político, poco a poco el propio fenómeno se fue “normalizando”: los migrantes siguen ocupando los peores trabajos en el mundo desarrollado, los peor pagados y los de más alto riesgo con una consecuencia añadida: dejan a los países menos desarrollados sin fuerza laboral e intelectual para desarrollarse.
El fenómeno es viejo y todos los países han desarrollado mecanismos de integración con mejor o peor éxito, pero desde hace una década aproximadamente ha servido para inflamar ánimos políticos. “Expulsar extranjeros” se ha convertido en un lema fácil que circula muy bien en las redes: un colectivo al que cargarle todas las responsabilidades de fracasos y frustraciones tanto colectivos como individuales, y esa composición sirve como mecha para prender un polvorín. Trump lo utiliza en Estados Unidos, pero también Milei en Argentina y sobre todo, los partidos de la ultra derecha, en auge en Europa. Algunos tienen el cuidado de hablar de inmigrantes “ilegales” o “irregulares”, aunque todos somos conscientes que a la hora de discriminar no se pide el certificado de nacimiento.
La mejor receta contra estas políticas son los datos. En relación a lo que sucede en España, por ejemplo, este hilo de X de Kiko Llaneras, el “datólogo” de El País, pone bastantes cosas en su sitio
El asunto es delicado en estos tiempos de polarización y mensajes simples, pero hay una verdad que va más allá de las redes sociales: la migración solo la regulará el mercado, y mientras las diferencias sigan siendo tan abismales, ni el muro más alto podrá detenerla.
LAS RECOMENDADAS
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