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Friedrich Merz: el restaurador sin carisma de la CDU ¿y de Alemania?

Internacional
  • Franco Delle Donne para El Orden Mundial
  • 20/02/2025 18:44
Friedrich Merz: el restaurador sin carisma de la CDU ¿y de Alemania?
Friedrich Merz

Los democristianos volverán al poder en Alemania después de las elecciones del 23 de febrero. Su líder, Friedrich Merz, ha retomado la vía liberal-conservadora para impulsar una economía estancada. Por el camino, el nuevo canciller enfrentará el ascenso de la ultraderecha, la relación con sus socios o sus propios problemas de comunicación.

La derrota de 2021 fue muy dura para la Unión Demócrata Cristiana (CDU). Por un lado, volvió a la oposición luego de dieciséis años; por otro, tuvo que reiniciar el proceso de sucesión de Angela Merkel. Pero sobre todo, el partido más importante de Alemania tenía que volver a definir su perfil. Luego de casi dos décadas liderado por la entonces canciller, la CDU se encontraba frente a la enorme tarea de reconstruir su identidad: ¿cuál sería su rumbo, su agenda y su estrategia electoral?

Lee aquí la nota original completa

Tras varios intentos fallidos, Friedrich Merz se hizo con el liderazgo del partido en 2022. Con ello parecían responderse los interrogantes. El hombre de Sauerland, en Renania del Norte-Westfalia, representaba el ala liberal de la formación, con foco en las variables económicas y alejado de aquellos aspectos socialdemócratas que los críticos adjudicaban a Merkel. Para estos, Merz ofrecía una alternativa al modelo de la excanciller, y con ello la CDU volvía a mostrar un perfil claro. Además, Merz era un viejo conocido: había sido eurodiputado en 1989 y entre 1994 y luego diputado federal entre 1994 y 2009. 

Su destino era suceder a Helmut Kohl. Sin embargo, tuvo que posponer ese sueño cuando Merkel lo desplazó a un lugar secundario. Tal fue el golpe en el ego que en 2009 Merz abandonó la política. Decidió que su lugar era el sector privado, iniciando un recorrido por empresas y organizaciones como eMayer Brown, una firma de abogados internacional dedicada a grandes corporaciones e instituciones financieras, y BlackRock, la mayor gestora de fondos del mundo, donde dirigió la filial alemana entre 2016 y 2020. También participó en el consejo de administración de la bolsa alemana, de la cadena de seguros Axa y hasta del Borussia Dortmund.

Fue un período en el que Merz consolidó su reputación como experto en asuntos económicos y financieros. La pregunta era ¿le servía de algo para volver a la política? O mejor aún: luego de este recorrido, ¿qué interés podría tener en regresar a ese espacio del que lo habían desplazado sin misericordia?

El restaurador

Merz tuvo que esperar a que se retirara su vieja rival, aquella que había obstaculizado su carrera política hacía tantos años, para dar un paso al frente. Luego de dos intentos fallidos en 2018 y 2021, en enero de 2022 ganó la interna del partido y puso rumbo a la Cancillería. Seguramente su orgullo sufrió, ya que nunca le pudo ganar a Merkel, sino que ella decidió que su propia influencia en la CDU había concluido.

No obstante, Merz ahora sí tenía vía libre. Como jefe de la oposición frente al Gobierno del socialdemócrata Olaf Scholz, sólo tenía que apoyarse en la experiencia acumulada durante su tiempo en el sector privado. Era su oportunidad para convertirse en un político que ofreciera una renovación real, así como de presentarse como el restaurador de un partido que necesitaba redefinir muchas posiciones. En ese aspecto, Merz interpretó que su mejor estrategia era alejar cualquier rastro del estilo, del discurso y, sobre todo, de la agenda merkeliana. Una que muchos consideraban propia de la centroizquierda.

La normalización de la ultraderecha

Desde el inicio, Merz se diferenció no sólo de Merkel sino de la agenda del Partido Socialdemócrata (SPD). En efecto, limitar las prestaciones sociales, desregular la economía o bajar los impuestos a empresas son las típicas reivindicaciones de un partido de centroderecha tradicional, que ahora Merz traía al ruedo como bases para diferenciarse de sus competidores progresistas. Pero no se detuvo allí.

Merz también apunta a recuperar el espacio a su derecha. Desde el surgimiento de Alternativa para Alemania (AfD), tanto la CDU como la Unión Social Cristiana (CSU) han perdido votantes. Según Merz y otros aliados en su partido, para recuperarlos deben neutralizar la agenda de la ultraderecha apropiándose de temas como la política migratoria o la seguridad. El problema es que esta estrategia ha fallado tanto en Alemania como en otros países: en lugar de neutralizar a la ultraderecha, su discurso se ha normalizado. Y con ello, se la ha fortalecido.

Merz ha repetido el error de cara a las elecciones de este 23 de febrero. En medio de la conmoción social generada por un ataque a una guardería en la ciudad de Aschaffenburg donde un niño y un adulto fueron asesinados, el jefe de la CDU sometió a votación en el Bundestag un papel de cinco puntos. Los tres primeros son establecer controles fronterizos permanentes, prohibir la entrada al país a personas sin documentos válidos, incluso si solicitan protección, y la detención y deportación inmediata de todas las personas obligadas a abandonar el país. Los otros dos puntos son aumentar el apoyo del Gobierno a los estados federados para las deportaciones y la creación de “centros federales de salida” para facilitar los retornos, y endurecer el derecho de residencia con posibilidad de detención indefinida hasta su deportación.

La jugada buscaba evitar que AfD se adueñase del tema en medio de la fase caliente de la campaña. Sin embargo, sucedió todo lo contrario. AfD apoyó a la CDU en la votación y consiguió formar parte de una mayoría parlamentaria por primera vez en los siete años que lleva en el Bundestag. Para los ultraderechistas fue un logro, pero para Merz ha supuesto un lastre por mucho que sus copartidarios le hayan confirmado su apoyo. No es la primera vez que la estrategia del líder de la CDU con la política migratoria le ha generado un dolor de cabeza. Pero no sólo por el contenido, que potencia a la ultraderecha y le ofrece espacio para visibilizar su discurso, sino por su falta de habilidades de comunicación.

El hombre sin carisma

Desde que regresó a la política, Merz ha tenido dificultades para transmitir algunas de sus posiciones sin generar controversia. Y la cuestión migratoria ha sido uno de esos frentes. Su posición gira en torno al concepto de “migración irregular”. En este sentido, busca profundizar el debate sobre el derecho al asilo, o al menos revisar su situación actual, y establece consecuencias negativas para la nación, como cuando menciona la existencia de “sociedades paralelas” en Alemania.

Más allá del contenido, que puede ser discutible, Merz emplea una retórica peligrosa que le ha jugado en contra. Por ejemplo, en septiembre de 2022 habló de sozialtourismus (‘turismo social’) para referirse a los refugiados ucranianos que, según él, viajaban a Alemania a aprovecharse de los recursos públicos. El hecho generó tantas críticas que el líder democristiano tuvo que disculparse. Pero Merz confía en su estrategia sobre la cuestión migratoria. Actualmente ha planteado la idea de quitarle la nacionalidad alemana a personas que posean doble ciudadanía y cometan delitos. Una propuesta criticada por su inviabilidad jurídica pero sobre todo por su tono demagógico.

La otra debilidad de Merz es que esos problemas para comunicar, y con ello caer en la trampa de alimentar la agenda ultraderechista, están relacionados con su carácter. El líder de la CDU no es una persona con carisma, no genera esa chispa que es natural en otros políticos. Tal vez esa sea la única característica que comparte con Merkel. Y aquí surge la discusión sobre la empatía que es capaz de mostrar. En noviembre de 2018, Merz se describió como parte de la “clase media alta”, a pesar de admitir ingresos anuales de alrededor de un millón de euros. Muchos percibieron esta afirmación como desconectada de la realidad de la mayoría de los ciudadanos alemanes y generó debates sobre la percepción de la riqueza y la clase social.

¿Quién podría acompañar a Merz?

Con todo, estas debilidades no le impedirán a Merz llegar al poder. Salvo que aparezca un cisne negro, está todo dado para que se convierta en el sexto canciller de la CDU en la historia de la República Federal. Las encuestas ponen a su partido en torno al 30% de los votos desde hace más de un año. La baja popularidad del Gobierno saliente indica que no hay contendiente real y que sólo resta decidir quién será su compañero de coalición: el SPD o Los Verdes. 

Ambos casos representan dolores de cabeza para Merz. Aliarse con el primero sería volver a asociarse con el competidor directo, repetir aquella fórmula merkeliana de la Gran Coalición y tener que dar explicaciones a muchos sectores luego de años criticando las decisiones de los socialdemócratas. No obstante, es posible que una derrota importante para el SPD, como la que se pronostica, repercuta en cambios en su cúpula. Una renovación que podría venderse como un rumbo más centrista y con ello un reordenamiento de los objetivos del partido, algo que le vendría bien a Merz para justificar esa decisión.

La alternativa son Los Verdes liderados por Robert Habeck. Aquí el choque ideológico a primera vista podría ser aún mayor. El propio Merz ha declarado a este partido como el “adversario principal” de los democristianos, y la misma línea siguen sus socios bávaros de la CSU. El discurso de la CDU presenta a Los Verdes como un partido que contradice sus valores más tradicionales. Sin embargo, las críticas más recientes se apoyan en sus visiones respecto de la política migratoria y las decisiones sobre temas de energía del vicecanciller Habeck, líder de la formación y ministro de Economía.

Lograr un consenso entre estos partidos puede ser muy doloroso para todas las partes, ya que las renuncias a distintas exigencias o posicionamientos no serían menores. La energía renovable o fósil, la desregulación de la economía y el rol del Estado, la reducción de los impuestos y la política de endeudamiento e inversiones… Los campos de batalla en las mesas de negociaciones son incontables. No obstante, Los Verdes podrían retomar una senda pragmática que facilite varios puntos de acuerdo, al menos en los contenidos. En otras palabras, lo que en el discurso parece imposible, en los hechos podría ser viable.

Su propia Agenda 2030

Uno de esos frentes es la economía. Entre 2003 y 2005, el canciller socialdemócrata Gerhard Schröder llevó adelante un plan que le valió los aplausos de sus competidores, pero también el desprecio de muchos camaradas del partido. Se llamaba Agenda 2010 y se basó en puntos como flexibilizar el mercado laboral y reformar el sistema de seguridad social. Fue un cambio radical para una Alemania que entonces era llamada el “enfermo de Europa”. Ahora Merz propone una solución similar para un diagnóstico parecido.

Alemania es uno de los países a los que más le está costando recuperarse de la pandemia y de la crisis energética por la invasión rusa de Ucrania. La economía lleva dos años en una recesión marcada por la crisis de la industria y en particular la del automóvil. Frente a ello, Merz ha propuesto la “Agenda 2030”. En ella se propone reducir impuestos para hogares y empresas, recortar beneficios sociales para refugiados y desempleados de larga duración, ofrecer incentivos fiscales para horas extra y jubilados, y simplificar la burocracia. También quiere revertir la prohibición de la Unión Europea sobre la venta de automóviles de gasolina y diésel a partir de 2035, así como reducir el impuesto de sociedades y los costes energéticos.

Sin embargo, existen dudas sobre la fuente de financiación que paliaría esas reducciones de impuestos, un número bastante más alto que lo que representarían los recortes. Merz ha asegurado que la vuelta al crecimiento económico generaría esos recursos, lo que despierta dudas sobre la propia viabilidad del plan.

La Alemania de Merz en el mundo

Un aspecto menos espinoso que la CDU podría negociar tanto con verdes como con socialdemócratas es la política exterior. Los tres partidos comparten posturas básicas, como su posición proeuropea. Merz aboga por reforzar la Unión y por que Alemania lidere una mayor cohesión e integración comunitaria. Su apuesta apunta a la competitividad económica de la región y a lograr mayor estabilidad financiera.

En su visión, ese refuerzo de la Unión Europea sería compatible con una mayor cercanía con la OTAN. Aquí aparece la cuestión del gasto en defensa, que Merz quiere aumentar y para lo que tanto verdes como socialdemócratas se han mostrado abiertos en esta campaña. Posiblemente este elemento le permita eludir, al menos en principio, el reclamo del presidente estadounidense, Donald Trump, hacia la supuesta falta de compromiso de Alemania con la relación transatlántica.

El interés de Merz en las relaciones con Washington no es menor. Recientemente ha anunciado la construcción de una “agenda positiva” en términos de comercio. Y es que el líder de la CDU, como el resto de Alemania, sabe que el proteccionismo de Trump es un duro golpe para el modelo exportador alemán que depende enormemente del mercado estadounidense.

Por otra parte, Merz ha sido un defensor decidido del apoyo militar a Ucrania, al igual que verdes y socialdemócratas. Incluso ha llegado a insinuar que cuando llegue al poder enviaría un ultimátum a Rusia: si no cesaba con las hostilidades en veinticuatro horas, autorizaría el envío de misiles Taurus y permitiría su uso contra territorio ruso. Luego se desdijo y acusó que fue malinterpretado. Una vez más, Merz no es un gran comunicador.

¿Volverá Alemania a recuperarse con Merz?

Friedrich Merz logrará su objetivo luego de más de dos décadas de habérselo planteado. Como canciller tendrá la oportunidad de recuperar para la CDU su característica histórica: ser el partido del poder en Alemania. Sin embargo, los desafíos nacionales e internacionales no son menores. La ultraderecha presiona y polariza la discusión social, la economía no consigue recuperarse y no queda claro cómo se adaptaría el modelo alemán. Junto con la falta de mano de obra, asoman como nuevos focos de conflicto.

Posiblemente, el líder de la CDU esté a punto de enfrentar la prueba más grande de su carrera política. La búsqueda de un equilibrio entre conservar los valores tradicionales de la centroderecha y adaptarse a las nuevas demandas sociales y económicas será clave para consolidar su posición. En el plano internacional, su enfoque proeuropeo y su compromiso con la OTAN le ofrecen una base sólida, pero también implican una estrategia compleja en un mundo cada vez más polarizado.

Mientras tanto, en el ámbito interno, la cuestión migratoria, la recuperación económica y la relación con sus posibles socios de coalición serán campos de batalla cruciales. Su éxito dependerá de si logra superar sus limitaciones comunicativas y trazar un rumbo que combine pragmatismo y audacia. La Alemania de Merz aún está por definirse, pero su impacto será decisivo tanto para su partido como para el futuro político del país y de Europa.

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