El huerto como terapia, los beneficios para la salud

“Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol”, decía Martin Luther King. Para él la jardinería significaba esperanza. Hoy a varias personas les gusta tener muchas plantas en sus casas e incluso coleccionan diferentes especies. Tal es el caso de Ana María Suárez, quien vive en el barrio Senac. En su jardín tiene begonias, helechos, rosas de todos los colores, hojas ornamentales como las de Eva y también orquídeas. Sumado a esto posee árboles frutales de durazno, ciruelo, naranja y mandarina.

Ella asegura que desde la muerte de su esposo su mejor terapia ha sido la de dedicarse a su huerta. Cuenta que muy temprano por las mañanas les canta a sus flores, les saca las hojas malogradas y un poco más tarde las riega.

“Mi esposo ha muerto de un momento a otro, de la manera más inesperada. Siempre y como somos mayores (bordeando los 70 años) salíamos al jardín, yo ponía una mesita y nos tomábamos un té. Él me dejó allá por el año 2014. Para ese entonces ya nuestros hijos se habían ido, tuvimos tres. Se casaron y dos se fueron a Santa Cruz y uno a La Paz.

Entonces quedamos los dos viejos”, cuenta queriendo ser fuerte pero una lágrima la traiciona. Ya con la voz entrecortada dice que un día había hecho 30 grados de calor, su esposo recibió una llamada telefónica en la que le comunicaron que un lote que habían comprado fue invadido por terceras personas.

“Colgó el teléfono temblando, se sentó en el jardín junto a mí y me dijo que se daría una ducha, tras que salió me volvió a decir: `Ven Ana, no me siento muy bien, quiero echarme en la cama, échate a mi lado y chárlame´. De tanto hablar nos quedamos dormidos, tras una hora desperté y lo vi tieso, ahí a mi lado con el rostro desfigurado. Le había dado un ataque de embolia, llamé a emergencias vino la ambulancia pero llegó muerto. Ese fue el día en el que me quedé sola, un maldito 6 de junio de 2014. Ahí fue cuando me dije me quedan mis plantas y cuando es fin de año mis hijos y nietos (sonríe entre lágrimas)”.

Todo se pone silencio, Ana se da su espacio para llorar, le da mucha pena que la veamos así. Entonces se apoya en un árbol de mandarina y tras que respira profundo dice, “Volvamos a las plantas, el caso es que hoy estoy mejor y es gracias a ellas”. Agrega que todo esto le funciona como terapia. Asegura que le hace olvidar las penas, preocupaciones y en general le mejora el estado de ánimo.

Para Claudia Solano, joven de 33 años, el tener un huerto en casa le ha servido como terapia para sus problemas nerviosos pero también le ha resuelto sus problemas de salud alimenticia. “Yo tengo gastritis nerviosa, con esto me relajo en mi tiempo libre pero a la vez el trabajo de cultivar mi huerto me hace valorar lo que produzco por lo que mi alimentación ahora es más sana”, explica y aconseja a los jóvenes tarijeños tener un huerto en casa y cultivar su propio alimento.

Para el médico Marcelo Ruiz la jardinería se ha convertido en una base para terapias, sobre todo en personas con trastornos físicos o psíquicos, a raíz de un fuerte trauma. También es muy buena opción para personas nerviosas. Entre otras cosas ayuda a mejorar la motricidad fina, explica el experto.

Estudios sobre los beneficios
Un creciente número de estudios coinciden en señalar que cultivar un jardín implica beneficios sustanciales a nuestra salud física y mental. Un artículo publicado por Javier Barroso Villar (Al cultivar un jardín estás cultivando tu existencia) expone los últimos estudios internacionales que demostraron el beneficio de un huerto o jardín.

Investigadores de la Universidad de Texas entrevistaron a 298 personas mayores, solicitándoles que determinaran sus niveles de gozo y optimismo. Al analizar la data en busca de patrones o indicadores constantes, notaron que aquellas personas que practicaban recurrentemente las “artes del jardín” manifestaban significativamente una mayor satisfacción con sus vidas.

Un estudio realizado en el 2011 en Holanda, citado en un artículo de CNN Health, determinó que con sólo 1/2 hora dedicada a cultivar un jardín puedes reducir significativamente tus niveles de cortisol (la hormona que produce el estrés). Por otro lado, se ha asociado esta práctica con un modelo de meditación activa (lo cual nos remite a la exquisitez de los jardineros zen).

En el mismo artículo se cita otra investigación en la que, continuando con esta línea, un grupo de investigadores noruegos creó un grupo piloto con individuos a quienes se había diagnosticado depresión, problemas constantes en su estado de ánimo o desorden bipolar. Los pacientes participaron durante 3 meses en un taller de jardinería, que incluía 6 horas semanales de esta práctica. Al terminar el taller, la mitad de los participantes reportó importantes mejorías, tendencia que continuó durante los siguientes 3 meses.

Los efectos positivos de la jardinería para nuestra mente y nuestro cuerpo –aparentemente, 45 minutos de trabajar el jardín te permiten quemar las mismas calorías que en 30 minutos de ejercicio aeróbico– han motivado la creación de “terapias horticulturales”, corriente que desde hace al menos 4 décadas ha venido perfeccionándose, y hoy arroja loables resultados para sus practicantes.

Beneficios de
tener un huerto

Más frutas y verduras
Los niños que cultivan sus propios vegetales suelen estar más dispuestos a probar éstos y otros alimentos procedentes de la naturaleza. Normalmente son más propensos y se acostumbran más a comer frutas y verduras.

Reduce el estrés
En el huerto se viven momentos tranquilos ya que no es una actividad en la que sea necesario seguir un ritmo veloz, sino un orden sencillo y rutinario que va cambiando según la temporada. En los huertos se viven momentos tranquilos y silenciosos y, de hecho, se usa como terapia para personas mayores.

Responsabilidad
Para mantener un huerto es necesario establecer las diferentes tareas que hay que realizar y asignarla a los distintos miembros de la familia. Es importante ser constantes y que cada uno se encargue de sus tareas ya que, en otro caso, no se obtendrán los resultados esperados y no habrá nada que cosechar.