Lula y la democracia
La reelección de Lula frena el avance de la ultraderecha en Brasil. La celebración no exige adhesión a su proyecto, sino reconocer que la democracia, la paz y la equidad siguen siendo esenciales para convivir en sociedades divididas
Brasil ha elegido. Luiz Inácio Lula da Silva venció a Flávio Bolsonaro con el 51,79% de los votos válidos, frente al 48,21% de su rival. Es una victoria ajustada que devuelve a Lula a la Presidencia por un cuarto mandato y detiene el avance de la ultraderecha en la mayor democracia de América Latina.
El resultado tuvo parte de sorpresa y algo de esperanza, por la deriva ultraderechista que estaba tomando el continente. No se trata de apoyar sin reservas las fórmulas, formas ni el proyecto político de Lula, pero consideramos una buena noticia que la democracia haya contenido una opción que representa riesgos para la convivencia plural. No hace falta idealizar al vencedor ni convertirlo en referente para reconocer el valor de una derrota electoral de la ultraderecha. La política no debería obligarnos a elegir entre adhesiones incondicionales y silencios cómplices.
La victoria tampoco es un cheque en blanco. Casi la mitad de los brasileños votó por Flávio Bolsonaro, y esa realidad no desaparecerá con el resultado. Brasil sigue profundamente dividido, con tensiones sociales, preocupaciones por la seguridad, el costo de vida y la corrupción, y un Congreso que impondrá límites y negociaciones al nuevo mandato. Lula tendrá que gobernar para todos, escuchar a quienes no lo eligieron y responder a problemas concretos sin profundizar la polarización.
La democracia no consiste únicamente en contar votos. También exige aceptar los 0resultados, respetar las instituciones, proteger las libertades y reconocer que los adversarios políticos no son enemigos a los que haya que aplastar. La paz social se construye cuando las diferencias se tramitan mediante reglas compartidas y no con amenazas, deshumanización o desprecio por quienes piensan distinto.
En los últimos años, gran parte de la ultraderecha regional ha avanzado alimentando la idea de que los controles democráticos son obstáculos, que la prensa crítica es enemiga, que los derechos de las minorías pueden sacrificarse y que la fuerza es una respuesta legítima a la discrepancia. Sus propuestas no deben evaluarse solo por sus promesas de orden o eficiencia, sino también por el respeto que muestran a los límites del poder y a la dignidad de todas las personas.
Frenar ese avance no significa que la izquierda tenga siempre razón ni que sus gobiernos estén libres de corrupción, errores o abusos. La equidad no se consigue con consignas: requiere instituciones que funcionen, oportunidades, servicios públicos de calidad y políticas que reduzcan desigualdades sin destruir la iniciativa ni las libertades. Tampoco la paz se impone desde el poder; se sostiene con justicia, diálogo y respeto a la ley. Lula tendrá que demostrar con hechos que está a la altura de esos principios.
La lección trasciende a Brasil. En una región tentada por los extremos, la democracia necesita ciudadanos capaces de defenderla incluso cuando el resultado no favorece a su candidato. También necesita dirigentes que comprendan que ganar no autoriza a apropiarse del Estado, y que perder no justifica desconocer la voluntad popular. Las urnas ofrecen una salida pacífica a la disputa por el poder; las instituciones deben garantizar que esa salida siga siendo posible.
La satisfacción de hoy no es una celebración personalista ni una adhesión automática a Lula. Es el alivio de comprobar que, por decisión de los brasileños, la opción ultraderechista no consiguió imponerse. Es una defensa de la convivencia, de la equidad como horizonte y de los valores democráticos frente a quienes los consideran negociables. El nuevo presidente tendrá que ganarse la confianza de todo Brasil. La democracia, en cambio, debe ser defendida siempre, gobierne quien gobierne.
Destacado._ Es una defensa de la convivencia, de la equidad como horizonte y de los valores democráticos frente a quienes los consideran negociables





